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PANORAMA MUNDIAL. José Abu-Tarbush







Blog de Tendencias21 sobre los problemas del mundo actual a través de los libros

La palabra H. Peripecias de la Hegemonía.
Perry Anderson: La palabra H. Peripecias de la Hegemonía. Madrid: Akal, 2018, (224 páginas). Traducción de Juanmari Madariaga.
 
El concepto de hegemonía tiene un larga historia. Sus orígenes se remontan a las ciudades-Estado griegas. Desde entonces, recuerda Perry Anderson, poseía dos acepciones: una, de “guiar o “dirigir”, y otra, de “predominio” o “mando”, que equivalían al ejercicio del liderazgo tanto mediante el consentimiento como de la coerción.
 
En ese primer momento apareció asociado al ámbito de las unidades u organizaciones políticas de base territorial de la época, las mencionadas ciudades-Estado griegas (como proto-historia de la futura sociedad internacional de Estados). De hecho, la reemergencia del término político de hegemonía durante el siglo XIX se debió al liderazgo de Prusia en la unificación de los Estados alemanes.

Pero la idea de hegemonía también encontró un importante acomodo en el ámbito interno de los Estados, esto es,  en las relaciones políticas intraestatales e incluso, de manera más concreta, en las relaciones entre las clases sociales.
 
Si hay un autor en la historia del pensamiento político con el que se asocia el desarrollo de la idea de hegemonía es Antonio Gramsci (1891-1937). En su texto Cuadernos de la cárcel, la hegemonía combina “fuerza y consenso” que, en palabras de Anderson, “incluía tanto la obtención por los gobernantes del consentimiento de los gobernados como la aplicación de la coerción necesaria para hacer cumplir su órdenes”.  
 
Semejante dominio ideológico, prosigue Anderson en su interpretación de la obra de Gramsci (más ampliada en su texto Las antinomias de Antonio Gramsci), se debía a las “descripciones” y “valores” que rigen el mundo y son, en buena medida, interiorizados “por los que quedan bajo su influencia”. En esta empresa de difusión e interiorización de los valores ideológicos predominantes era decisivo el rol que jugaban diferentes actores: intelectuales, medios de comunicación, asociaciones civiles e instituciones educativas y religiosas.
 
A partir de aquí, Perry Anderson, con su habitual erudición, prosigue escrutando  las obras de todo un elenco de autores que han abordado, desde diferentes ángulos, y con distinto alcance,  el concepto de hegemonía, ya sea de manera parcial o central, o bien aplicada al ámbito intraestatal, interestatal o transnacional.  En este sentido destaca la obra de Heinrich Triepel, Luwig Dehio, Rudolf Stadelmann, Hans Morgenthau, Raymond Aron, Charles Doran, Charles Kindleberger, Stanley Hoffmann, Robert Keohane, Joseph Nye, Robert Gilpin y Susan Strange, entre otros.
 
Por lo general, la mayoría de los autores refieren el término de hegemonía al ámbito de las relaciones internacionales sin que necesariamente todos las reduzcan  al espacio interestatal, ni tampoco a su mera acepción política o militar. Por el contrario, con la propia evolución de las relaciones internacionales y, por extensión, de la disciplina que las estudia, se asume también la dimensión económica y transnacional de dichas relaciones. Sin olvidar la vertiente intrasocietaria o intraestatal que se desarrolla, en particular, a raíz de la difusión mundial y legado de la obra de Gramsci, con su desigual recepción en diferentes países.
 
En opinión de Anderson, es en la obra de Giovanni Arrighi (El largo siglo XX) en la que confluyen “por primera vez” las “dos corrientes de pensamiento sobre la hegemonía”, disociadas hasta entonces, “como relación de poder entre las clases y entre Estados”. En esta misma línea de investigación, resalta la obra de Robert Cox (Production, Power and World Order) que define la “hegemonía global como la expansión hacia el exterior de la hegemonía interna de una clase social dominante, que liberaba las energías de su ascenso al poder más allá de las fronteras estatales para crear un sistema internacional capaz de ganarse la aquiescencia de los Estados y clases más débiles, alegando representar intereses universales”.
 
En la recta final de su texto, además de  aludir al ascenso de China y al trabajo Chistoph Schönberger sobre la potencial hegemonía de Alemania en el seno de la Unión Europea, Anderson se adentra en el periodo posterior al fin de la Guerra Fría y la controversia sobre la perduración o decadencia de la hegemonía estadounidense. En este apartado, se hace eco de las aportaciones de autores tan relevantes en este campo como John Ikenberry, Niall Ferguson, Paul Schroeder, Ian Clark y John Mearsheimer.
 
En conclusión del autor, la “persistencia” del concepto y práctica de la hegemonía durante “más de dos milenios” se debe “a su combinación y la gama de posibles formas en que puede presentarse”. Si sólo fuera “autoridad cultural o poder coercitivo, el concepto sería superfluo”. En suma, entiende que la hegemonía es “polivalente”: “impensable sin consentimiento, impracticable sin la fuerza” o, igualmente, “la coerción”.
 
 
 

Tags : Hegemonía Poder
José Abu-Tarbush | Comentarios


Entender la Rusia de Putin. De la humillación al restablecimiento.
Rafael Poch-de-Feliu: Entender la Rusia de Putin. De la humillación al restablecimiento. Madrid: Akal, 2018 (160 páginas).
 
La política exterior de Rusia viene siendo objeto de un creciente seguimiento desde hace algo más de una década, aproximadamente, en sintonía con su renovada presencia e influencia en la escena mundial.
 
Semejante visibilidad contrasta con el repliegue que experimentó la Unión Soviética de Gorbachov de la arena internacional durante su última etapa, debido a los acuciantes problemas internos  y, no menos, como resultado de la nueva concepción de las relaciones internacionales que sostenía el mandatario soviético.
 
Como es conocido, en medio de este clima de distensión que concluyó con el fin de la Guerra Fría se produjo también la implosión soviética. Aunque la nueva Federación Rusa tomó el relevo de la desaparecida superpotencia, era evidente la merma significativa de su territorio, población, economía y, en suma, poder e influencia regional e internacional.
 
De todos estos aspectos, el más destacado entonces fue el de su caótica situación socioeconómica, con un deterioro grave e impactante de las condiciones materiales de vida de la población (la “esperanza media de vida cayó diez años”); y la subordinación de la economía rusa a los dictados de las instituciones económicas internacionales y, en concreto, del denominado Consenso de Washington, que abogaba por la tríada neoliberal de la desregulación, liberalización y privatización.
 
En esta deriva se produjo un incremento desorbitado de la desigualdad, expresada en la apropiación de los principales recursos naturales y energéticos del país, así como de algunas empresas y servicios nacionales, por parte de una emergente casta de magnates rusos que floreció particularmente, y no por casualidad, durante el periodo del presidente Boris Yeltsin (1991-1999).
 
Pese a la adopción de la ortodoxa política económica neoliberal, Moscú no recibió en contrapartida las prometidas ayudas financieras e inversiones para sanear y reflotar su economía. Por el contrario, como recoge Rafael Poch-de-Feliu de fuentes de primera mano, la “negligencia” fue deliberadamente aplicada, a diferencia de lo sucedido con otros países de Europa central y oriental como Polonia.
 
Una de las claves -en este caso geopolítica- que explicaría ese diferente trato es que Rusia era percibida con una evidente capacidad de vertebrarse nuevamente como una potencia regional e incluso mundial y, por tanto, era considerada como una potencial amenaza, mientras que muchos de los países que integraban anteriormente el Pacto de Varsovia eran percibidos como una oportunidad o ganancia para la expansión del mercado y, también, de las fronteras de la OTAN.
 
En esta expansión de la Alianza Atlántica advierte el autor un destacado punto de inflexión en las relaciones con Moscú, por cuanto contradecía el acuerdo conocido como “La Carta de París para la Nueva Europa”, sellado por los jefes de Estados europeos, Canadá, Estados Unidos y la URSS en noviembre de 1990, que concluía con la división de Europa, constataba el fin de la Guerra Fría y, también, la concepción de seguridad asociada a esa división bipolar del mundo.
 
Sin embargo, la realidad que se impuso a partir de entonces fue una paulatina ampliación y expansión de la OTAN hacia el Este que, a su vez, era percibida por Moscú como un creciente cerco, debido a que se ensanchaba a lo largo del espacio postsoviético y se acercaba sospechosamente a sus fronteras.
 
Ninguna política exterior puede ser enteramente analizada de espaldas a la interior. Así lo entiende Rafael Poch-de-Feliu que se adentra en las raíces de la autocracia rusa en el primer apartado del texto, destacando tres aspectos históricos que considera fundamentales (el tipo de cristianismo, el estatismo exacerbado y el mundo agrario ruso) en la configuración de la tradición y la cultura política rusa.
 
En un segundo y breve apartado repasa sucintamente las causas que llevaron a la disolución de la URSS, acentuando tres aspectos internos: el técnico-instrumental, centrado en la rivalidad en la elite de poder; el degenerativo, que responsabiliza a la casta emergente de priorizar sus intereses particulares por encima de los generales; y, finalmente, el espiritual, que expresa el agotamiento del repertorio político e ideológico del “llamado comunismo soviético”. 
 
Por último, en la tercera parte del libro aborda el comentado ámbito exterior sin desvincularlo del todo del interior.  Convendría subrayar que de la lectura que se desprende del texto, la política exterior rusa podría ser calificada más como reactiva y defensiva que como proactiva u ofensiva. Empeñada, como la de otras grandes potencias, en la configuración de una estructura de poder multipolar en el sistema internacional frente a ciertas ambiciones hegemónicas.
 
A contracorriente de la imagen predominante en los medios y think tank, el trabajo de Rafael Poch-de-Feliu, asentado en una larga experiencia y conocimiento de primera mano como corresponsal de prensa durante dos décadas en Moscú y Pekín (véase del mismo autor, La gran transición. Rusia, 1985-2002. Barcelona: Crítica, 2003), introduce un análisis más heterodoxo y complejo que la habitual visión maniquea sobre la Rusia de Putin.
 
Semejante visión no deja de ser al mismo tiempo crítica con sus formas de gobierno, advirtiendo el talón de Aquiles en la debilidad de una economía rentista, sin acometer reformas estructurales y en infraestructuras; además de una base de legitimidad popular susceptible de volatilizarse ante cualquier revés militar en el exterior, sin olvidar un potencial “cisma de su elite oligárquica”, más interesada en “la integración con Occidente y no en la confrontación”.
 

José Abu-Tarbush | Comentarios


Nakba. 48 relatos de vida y resistencia en Palestina.
Salah Jamal: Nakba. 48 relatos de vida y resistencia en Palestina. Barcelona: Icaria, 2018 (264 páginas), con ilustraciones de Miquel Ferreres.
 
Ningún otro acontecimiento en la historia contemporánea ha marcado tanto el destino de los hombres y mujeres de Palestina como la Nakba (catástrofe), término que hace referencia a la transformación geopolítica y demográfica de Palestina a partir de 1948, cuando se implantó y expandió el Estado de Israel a más de tres cuartas partes del territorio palestino, hasta entonces bajo dominación colonial del Mandato británico.
 
A diferencia de otros países de la región árabe y, en concreto, de Oriente Próximo,  la colonización en Palestina no fue dejada atrás como sucedió en Líbano, Siria, Irak o Jordania, con la emergencia de nuevos Estados independientes, pese a las deficiencias que se puedan advertir en este proceso.
 
Por el contrario, en el caso palestino los planes coloniales se extendieron mucho más allá del periodo de entreguerras, de dominio colonial europeo (británico y francés, principalmente); y se estableció una colonia de asentamiento en Palestina en términos similares a la Sudáfrica del apartheid, pese a las obvias diferencias o peculiaridades de cada situación.
 
En contraste con una colonia de factoría, establecida con el propósito de explotar las riquezas del país y la mano de obra indígena, la de asentamiento se caracteriza no tanto por la explotación como por la apropiación de todo el país y, en particular, por reemplazar a su población nativa por otra foránea. 
 
De manera que el proyecto colonial sionista de finales del siglo XIX se transformó en una realidad a mitad del XX en Palestina y, a su vez, Palestina dejó de ser una realidad a partir de entonces y se vio transformada en una tragedia, que se prolonga hasta hoy día, sin visos de resolución.  Del mismo modo, la población autóctona de Palestina fue objeto de una limpieza étnica que se prolonga hasta la actualidad de una manera más sutil y a cuenta gotas, pero cobrándose las mismas consecuencias de dispersión y exilio.
 
El autor ilustra la paradoja de esta situación cuando regresa de visita a su tierra natal, y se ve sometido a un interrogatorio por un soldado israelí que, en perfecto español, le pregunta por su lugar de nacimiento y el de sus ancestros, la respuesta de Salah Jamal es siempre la misma: Nablus (Palestina); y así podría remontarse hasta perderse en la memoria de los tiempos. Pero cuando el autor pregunta al joven  soldado  israelí cómo habla tan bien español, éste responde que ha nacido en Argentina, también sus padres, aunque sus abuelos habían llegado a Buenos Aires desde Ucrania y, seguidamente, corta la conversación cuando es preguntado por sus tatarabuelos. 
 
Rememorando 1948, Salah Jamal narra en 48 relatos, en clave individual (personal y familiar), pero también colectiva (pública y política), el impacto de la Nakba en el conjunto de la sociedad palestina. Si bien buena parte de estos relatos están centrados en la ciudad de Nablus, de la que es originario, situada en Cisjordania y ocupada posteriormente en 1967, no es menos cierto que las consecuencias de la Nakba se vieron reflejadas en el conjunto del territorio palestino e incluso en los países limítrofes con la llegada masiva de las personas forzadas al desplazamiento y refugiadas.
 
Entre el amplio abanico de temas que aborda el autor, además de la referida limpieza étnica, el terror psicológico que la propició y el desplazamiento forzado que provocó, cabe reseñar las estrategias familiares y colectivas de supervivencia adoptadas a partir de entonces, con cierto apoyo internacional mediante la creación de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) en 1949.
 
No menos importante fue la administración de los territorios y población palestina, que todavía no se encontraban bajo la ocupación israelí, como Cisjordania y Jerusalén Este, anexionados por Transjordania en 1950 (a partir de entonces pasó a denominarse Reino Hachemita de Jordania); y la Franja de Gaza administrada por Egipto. Así mismo, recoge el autor las expectativas que suscitó el liderazgo de Naser tras la toma del poder en 1952, otorgándole una dignidad y esperanza a los pueblos árabes de las que carecían hasta entonces, gobernados por regímenes neocoloniales.
 
Entonces el medio de comunicación por excelencia era la radio, toda una generación  fue políticamente socializada por este medio, que reunía en torno al mismo a diferentes personas del entorno familiar, vecinal, social o laboral para escuchar las noticias y los discursos de sus líderes políticos. Naser era entonces la estrella más brillante, acompañada en el espacio artístico de otra estrella similar en la voz de la cantante, también egipcia, Um Kalzum.
 
Como muchas otras familias palestinas, la de Salah Jamal nunca más volvió a  reunirse, la tragedia de la persistente Nakba jamás permitió que las personas que la integraban se volvieran a agrupar bajo el mismo techo y calor familiar. Los hermanos y las hermanas mayores apenas llegaron a conocer y, menos aún, tratar a los menores; y viceversa. Se habían impuesto las mencionadas estrategias familiares de supervivencia.
 
Por lo general, los miembros mayores salían fuera de su entorno en busca de trabajo. Los ricos países del Golfo acogieron buena parte de esa amplia mano de obra, que incluía la cualificada por cuanto requerían también de profesionales liberales para acompañar su rápido crecimiento económico a raíz del boom del petróleo. A su vez, las remesas que remitían estos trabajadores permitían el sustento familiar e incluso, en no pocos casos, costeaban los estudios universitarios a los hermanos  menores en otros países de la región árabe o bien más lejos, en Europa o América del norte.
 
En este mismo orden, narra la ocupación de 1967, el nuevo trauma que causó; así como su impacto político, social y económico en lo que a partir de esa fecha se conocerían como los territorios ocupados. La nueva limpieza étnica, realizada de manera más sigilosa, pero no menos contundente al revocar la residencia a todas aquellas personas que, siendo originarias de Palestina, se encontraban fuera de su tierra natal por las más variopintas razones: laborales, económicas, educativas, sociales o familiares.
 
En este mismo contexto, recoge las primeras manifestaciones contrarias a la ocupación israelí; además de la reemergencia del movimiento de resistencia palestino, después de que hubiera sido decapitado por el Imperio británico tras la rebelión anticolonial palestina de 1936 a 1939, mucho antes incluso que la producida años después en India. El nuevo movimiento reflejaba las principales tendencias políticas e ideológicas predominantes en el mundo árabe de la época, de carácter secular, nacionalista y progresista.
 
El género también ocupa un espacio importante en esta rememoración de Salah Jamal: en el espacio privado sus hermanas desempeñan un importante rol en las primeras etapas de su vida (infancia y adolescencia), incluso en su inicial formación política y contestación al peso de la tradición (recogida en las protestas de la hermana mayor); y en el ámbito público registra los cambios experimentados en su  entorno social, donde se produce una mayor relajación y liberalización en las costumbres sociales (el hijab cae en desuso entre las más jóvenes), con mujeres activistas y con una creciente presencia en dicho espacio, público y colectivo. 
 
Pese a la tragedia que narra en este texto entrañable, Salah Jamal no hace ninguna concesión al victimismo ni a ningún tipo de narcisismo o idealismo nacionalista. Por el contrario, su tono es sosegado y ameno, no falto de humor y de las ironías de la historia y de la vida misma. Su voz es simultáneamente individual y colectiva; además de crítica. Instalado en Barcelona desde hace cerca de cinco décadas, el autor participa de una mirada diaspórica: “No conocemos ni sentimos la patria hasta que la abandonamos o nos obligan a hacerlo”;  y, al mismo tiempo, cosmopolita:
 
“Después de 48 años de vivir alejado de Nablus y de Palestina, jamás, ni un solo día han dejado de vivir en mí. Me pregunto el porqué, a pesar de mi desdoblamiento en otras identidades y de mi poco apego a las tradiciones, religión, terruño o cualquier otro sentimiento que podría condicionarme. Solo encuentro un irrefutable motivo: la injusticia que se cometió y se sigue cometiendo con el pueblo palestino”.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

José Abu-Tarbush | Comentarios


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Editado por
José Abu-Tarbush
Eduardo Martínez de la Fe
José Abu-Tarbush es profesor titular de Sociología en la Universidad de La Laguna, donde imparte la asignatura de Sociología de las relaciones internacionales. Desde el campo de las relaciones internacionales y la sociología política, su área de interés se ha centrado en el mundo árabe con especial seguimiento del conflicto israelí-palestino.

Los comentarios bibliográficos son fruto de la colaboración semanal en el programa radiofónico El análisis internacional, que dirige Javier Granados en la Radio Televisión Canaria





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