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PANORAMA MUNDIAL. José Abu-Tarbush







Blog de Tendencias21 sobre los problemas del mundo actual a través de los libros

Jerusalén, la ciudad imposible. Claves para comprender la ocupación israelí.
Meir Margalit: Jerusalén, la ciudad imposible. Claves para comprender la ocupación israelí.  Madrid: Los Libros de La Catarata, 2018 (160 páginas). IV Premio Catarata de Ensayo.
 
Con un importante bagaje de varias décadas en la política municipal jerosolimitana, funcionario público y activista pacifista, Meir Margalit desentraña en este texto, merecedor del IV Premio Catarata de Ensayo, los entresijos de la ocupación israelí.
 
Lejos de una lectura maniquea, Margalit aborda la complejidad de la ocupación, con las diferentes aristas que envuelven tanto a la población ocupada como a la de la potencia ocupante, advirtiendo al mismo tiempo que sus reflexiones rebasan los terrenos comunes (o políticamente correctos) y, en consecuencia, pueden incomodar algunas sensibilidades, incluidas las palestinas.
 
Si bien el texto está centrado en Jerusalén, el autor toma el conjunto de la ocupación como referencia ineludible, que lo determina prácticamente todo, sin hacer por ello ninguna concesión a un análisis determinista. Por el contrario, se adentra en toda la complejidad que reviste la política de ocupación de Jerusalén Este, sin desvincularla de la de Cisjordania y la Franja de Gaza, pero haciéndose eco igualmente de su peculiar singularidad en ese contexto.
 
Sobre esta perspectiva conviene recordar el modelo de análisis de doble nivel introducido por el sociólogo estadounidense Robert Putnam, que pone de manifiesto la influencia mutua ejercida por la esfera política nacional e internacional; y de donde se deriva que en el caso excepcional de una ocupación militar prevalece el medio internacional sobre el nacional. 
 
Meir Margalit define a Jerusalén como la no-ciudad, empleando argumentos contundentes por cuanto carece de coherencia, cohesión, vínculos sociales y denominador común. De hecho, sus diferentes comunidades y subculturas (que el autor divide en judía-laica, judía-religiosa y árabe-palestina) no comparten pasado ni futuro común, tampoco el espacio urbano, pues, como señala el autor, “murallas invisibles e insondables dividen la ciudad en barrios israelíes y árabes que se evitan mutuamente”. 
 
Inherente a las más de cinco décadas de ocupación es la denominada política del palo (disuasión) y la zanahoria (cooptación), que han empleado los sucesivos gobiernos israelíes desde 1967.  Si el amplio abanico de medidas represivas ha pretendido silenciar o al menos contener las reivindicaciones políticas palestinas, las de cooptación sociales y económicas han buscado la acomodación y colaboración de algunos sectores de la población ocupada.
 
Esta política es ilustrada por Margalit con la trayectoria del alcalde jerosolimitano Nir Barkat que, a su vez, divide en dos fases: la primera, que denomina como “mercantilista  (2008-2013); y la segunda, calificada como “securocrática” o “policicrática” (2014). No es la primera vez que la ocupación israelí de los territorios palestinos busca proyectar una imagen liberal, para enmascarar y  normalizar la ocupación, que antes o después termina desvelando su cara oculta y más brutal. En suma, conciliar ocupación militar extranjera con un sistema liberal parece una contradicción en sus propios términos, del mismo modo que se repelen un proyecto colonial y otro de emancipación nacional. 
 
Esta situación kafkiana se asienta en un sofisticado aparato de control y represión sobre la población ocupada, vertebrado en el ámbito administrativo, judicial y policial en el que incluso el propio Kafka se hubiera perdido. Su resultado no es otro que la dominación y segregación, reflejadas en el sistema de transporte público, educativo, económico, cultural y municipal más propio del apartheid.
 
Margalit recuerda que mientras la población israelí en Jerusalén posee los derechos de ciudadanía, la palestina es considerada meramente como residente. Esta última, pese a que ronda en torno al 40 por cierto de sus habitantes, sólo percibe el 11 por ciento del presupuesto municipal; y, es más, carece de representación en el Consejo Municipal, donde sus 31 miembros son todos judíos.
 
Además de esta exclusión de los círculos de poder y toma de decisiones municipales, la población palestina también es objeto de una sujeción demográfica, que busca fomentar una mayoría de población judía (en torno al 70 por ciento) y contener a la palestina (en no más del 30 por ciento restante). Sin olvidar, en consecuencia, las políticas que alientan y fuerzan el abandono de la residencia en Jerusalén Este, en sintonía con los repetidos intentos de borrar toda huella palestina (que el autor ilustra con una interesante reflexión sobre las señalizaciones urbanas).
 
Acompañado de importantes referencias teóricas en el campo de las ciencias sociales (estudios subalternos, urbanos y postcoloniales, entre otros) y, no menos importante, de una activa experiencia y conocimiento de primera mano sobre el terreno,  el trabajo de Meir Margalit sobre Jerusalén presenta un análisis muy esclarecedor en un momento crucial, después del reconocimiento por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de dicha ciudad como la capital de Israel, que niega, así, esa misma condición a un Estado palestino.
 
Sobre este particular el autor se pronuncia haciendo un guiño a la opción de un Estado binacional, al sostener que Jerusalén debería ser una capital compartida entre el Estado israelí (Jerusalén Oeste) y un futuro Estado palestino (Jerusalén Este); y, en particular, al reconocer la necesidad de una separación (fin de la ocupación) para que en el futuro se pueda producir una reconciliación en esos mismos términos.  
 
En palabras de Meir Margalit:  “Este modelo novedoso y creativo convertiría a Jerusalén en una ciudad binacional, unida, abierta y capital de dos naciones, tal vez un modelo de lo que debería ser la futura solución del conflicto palestino-israelí́”.
 
 
 
 
 

José Abu-Tarbush | Comentarios


La cárcel más grande de la tierra. Una historia de los territorios ocupados.
Ilan Papé: La cárcel más grande de la tierra. Una historia de los territorios ocupados. Madrid: Capitán Swing, 2018 (336 páginas). Traducción de Ricardo García Pérez.
 
A lo largo de más de cincuenta años Israel nunca ha advertido ninguna oportunidad para poner fin a la ocupación militar de los territorios palestinos de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, que conquistó durante la guerra de 1967. Cabe igualmente afirmar, sin riesgo a equivocarse, que en los próximos años tampoco advertirá ninguna oportunidad para cesar en su condición de potencia militar ocupante. Por el contrario, será más acertado observar la tendencia inversa, esto es, que seguirá manteniendo y profundizando su ocupación.
 
Lejos de cualquier especulación, cabe llegar a esta conclusión tanto por las declaraciones de los máximos responsables políticos israelíes como por las acciones que implementan en los territorios ocupados. Sin ir más lejos, el propio primer ministro Benjamin Netanyahu ha manifestado en repetidas ocasiones su oposición a la creación de un Estado palestino, independiente y con soberanía plena. Otros miembros de su gabinete son aún más contundentes en el rechazo a semejante opción y, en su lugar, abogan por anexionarse los territorios palestinos de iure (Bennett), pues de facto ya lo están; e incluso exponen abiertamente la idea de transferir (léase expulsar) a la población palestina con ciudadanía israelí o palestinos del 48 (Lieberman).
 
No menos importantes son los hechos y acontecimientos protagonizados por la política de ocupación durante más de cinco décadas; y que señalan, de manera inequívoca, la voluntad israelí de preservar los territorios adquiridos por la fuerza en 1967. Así se manifiesta en sus pautas de comportamiento que, de forma sistemática, se centran en la expropiación de grandes extensiones del territorio palestino; el establecimiento de nuevas colonias con el correspondiente asentamiento de un creciente número de colonos (próximos a alcanzar la cifra de un millón entre los establecidos en Cisjordania y Jerusalén Este); la creación de una importante red de carreteras de circunvalación, que conectan estos bloques de colonias entre sí y con la red de carreteras israelíes, bordeando las ciudades y aldeas palestinas como cuñas de fragmentación que las separan y aíslan unas de otras; además de la construcción de un muro de separación (o, más propiamente dicho, de apartheid) que recluye a la población palestina en guetos, restringiendo  sus movimientos y humillándola mediante un sin fin de puestos de control o checkpoints. Sin olvidar los castigos colectivos, como el continuado bloqueo de la Franja de Gaza desde hace más de una década, y la usurpación de recursos naturales palestinos tan básicos (y apreciados en la región) como los hídricos.
 
En su estudio de la historia de la ocupación israelí, Ilan Pappé muestra que la misma fue diseñada cuatro años antes (en 1963) de que se produjera la guerra de 1967, cuestionando por tanto el carácter supuestamente defensivo de dicha guerra, como sostiene la historiografía oficial israelí, por cuanto “las élites políticas y militares de Israel” estaban propiciando y esperando una oportunidad histórica para su expansión territorial y completar, así, la ocupación de toda Palestina.
 
Del mismo modo, utilizando fuentes documentales israelíes (las actas de las deliberaciones del gobierno durante los casi tres primeros meses después de concluida la guerra e iniciada la ocupación),  Pappé muestra que la retención de los territorios palestinos, lejos de responder a su potencial utilización como una carta en futuras negociaciones, estaba dictada por una evidente apuesta de permanencia y apropiación, suscrita por todas las corrientes políticas e ideológicas integrantes en el decimotercer gobierno israelí que, a su vez, mostró el más amplio “consenso sionista” mantenido hasta hoy. De hecho, como señala el autor, “Casi la mitad de los propios ministros asistentes a las reuniones de 1967 eran veteranos de la limpieza étnica de Palestina en 1948”.
 
Más allá de algunos comentarios deliberados de cara a la diplomacia internacional, con objeto de aligerar la posible presión sobre Israel para que devolviera los territorios que había ocupado, el verdadero propósito estaba inscrito en el proyecto colonial sionista en Palestina. En consecuencia, se emprendió una anexión de facto de los territorios, pero no de iure para guardar las formas. De aquí que el autor cuestione el propio término de “ocupación” porque resulta engañoso en la medida en que una “ocupación militar” implica cierta provisionalidad o temporalidad,  mientras que la ocupación israelí tiene una clara voluntad de permanencia, de perpetuarse en el tiempo; además de crear “una falsa impresión de separación entre Israel y las zonas ocupadas”, transmitiendo “la inaceptable dicotomía entre un Israel <<democrático>>  y unos territorios ocupados <<no democráticos>>”. En su lugar, Pappé considera más pertinente la expresión de “colonialismo de asentamiento” para describir esa realidad, ensayada previamente en los territorios de 1948; y sobre la que el autor ha escrito una obra anterior: Los palestinos olvidados. Historia de los palestinos de Israel (Madrid: Akal, 2017).
 
Un dilema constante del movimiento sionista primero y del Estado israelí después ha sido la relación con el territorio palestino y su población autóctona. Sus ansias por controlar la mayor extensión de la Palestina histórica con el menor número de población palestina que vivía en ella se sorteó en 1948 mediante la limpieza étnica. Pero en 1967 la situación había cambiado sustancialmente para reproducir una experiencia de semejante dimensión, pese a que también se condujo al exilio a unos 300.000 refugiados; y se ha mantenido desde entonces una limpieza étnica más sutil, mediante la asfixia política, económica y social para incentivar la salida por goteo de la población nativa.  
 
De manera que el modelo adoptado por Israel en los territorios palestinos ha sido el del apartheid, caracterizado en el caso israelí por conservar los territorios, no expulsar masivamente a su población como en el pasado, pero tampoco concederle derechos de ciudadanía. El intento por aunar estos tres objetivos configuró “una realidad inhumana y despiadada”.  De hecho, en opinión del autor, dio lugar a una megaprisión “a cielo abierto”, la más grande conocida en la época moderna, con dos versiones: una posee ciertas dosis de “vida autónoma”, bajo el estricto “control israelí”, “directo e indirecto”; y otra carece de autonomía y está  “sometida a una severa política de castigos, restricciones y, en el peor escenario posible, ejecuciones”. De manera que si no cooperaban ni “aceptaban la primera” (Cisjordania), “tendrían la segunda” (la Franja de Gaza).
 
Este modelo de megaprisión para explicar la vida en los territorios ocupados lo toma Pappé del “panóptico” concebido por Jeremy Bentham, en el que los guardianes pueden ver en todo momento a los prisioneros, sin ser vistos por éstos; y también de las aportaciones de Michel Foucault, que consideraba que semejante “sistema de control no tenía necesidad de imponer barreras físicas, ni de que no se  vieran a los guardianes”.
 
En su recorrido por más de medio siglo de ocupación, Ilan Pappé recoge el diseño estratégico elaborado por las élites políticas y militares israelíes, su política del “palo” (castigos individuales y colectivos) y la “zanahoria” (recompensas económicas), el legado de los sucesivos gobiernos israelíes: laboristas, Likud y diferentes coaliciones; además de la respuesta de la población ocupada, con sus ciclos de movilizaciones y protestas que, a su vez, desembocaron en la primera y segunda Intifada. Sin olvidar la “farsa de Oslo” o del ficticio proceso de paz, que Israel ha utilizado como cortina de humo para seguir profundizando en la ocupación y, en suma, en la colonización de asentamiento.
 
Como otros trabajos del autor, caracterizados por el rigor, fundamentación, documentación y claridad expositiva, en el de La cárcel más grande de la tierra Pappé asume también el compromiso en la denuncia de la injusticia. No pasa por la historia, esta historia de los territorios ocupados, mirando para otro lado. En suma, no es indiferente a la opresión y sufrimiento humano, ni deja indiferente a sus lectores. Por el contrario, su obra llama repetidamente la atención sobre la connivencia e indiferencia internacional ante los atropellos sistemáticos de los más básicos derechos humanos que viene cometiendo Israel desde su emergencia a mediados del siglo XX.  Es más, su inmunidad e impunidad no es precisamente ajena a esa connivencia e indiferencia internacional.

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Dáesh. El porvenir de la amenaza yihadista
Jesús A. Núñez Villaverde: Dáesh. El porvenir de la amenaza yihadista. Madrid: Los Libros de La Catarata, 2018 (128 páginas).
 
En su aproximación al fenómeno de la violencia yihadista, Jesús A. Núñez Villaverde parte de una perspectiva crítica sobre el diagnóstico de este tipo de terrorismo y, por extensión, muy en particular, de las políticas antiterroristas aplicadas hasta ahora respecto a organizaciones como Al Qaeda o Dáesh.
 
Considera especialmente relevante enmarcar la violencia terrorista en su justo contexto, ya sea la practicada por estos movimientos yihadistas u otros, con objeto de realizar un diagnóstico lo más ajustado a la realidad social, política y económica en la que emergen y se nutren dichos grupos para combatirlos de la manera más eficiente y tratar de erradicarlos.
 
De aquí que, lejos de una visión reduccionista, ya sea de signo culturalista o esencialista (que sitúa el núcleo del problema en la cultura y religión islámica) o bien militarista (que advierte la solución sólo o exclusivamente en la intervención militar), el autor abogue por una perspectiva más global y multidimensional,  que tome en consideración las diferentes causas y factores que propician el caldo de cultivo del terrorismo yihadista.
 
Semejante perspectiva no ignora la instrumentalización que realizan de la religión islámica ciertos regímenes de la región y, también, algunos movimientos extremadamente radicalizados. Pero de aquí no cabe inferir que el problema sea de orden cultural o religioso, por cuanto unos y otros usan las creencias religiosas con propósitos políticos para obtener una legitimidad de la que carecen, ya sea para mantenerse en el poder o bien para hacerse con el poder.
 
En esta misma línea, tampoco menosprecia el autor la importancia de combatir el terrorismo mediante la acción militar y policial.  Considera que es una herramienta necesaria, pero insuficiente si no se amplía su combate a la esfera política, económica y social (e incluso educativa). Por el contrario, como muestra tozudamente la experiencia, sólo se estaría atacando los síntomas de esta amenaza, pero no así sus causas. Por tanto, en ese caso, sería sólo cuestión de tiempo que el terrorismo yihadista reapareciera.
 
El ejemplo de Dáesh es bastante elocuente, por cuanto, como se explica a lo largo del texto, no sólo es un subproducto de Al Qaeda, sino también, y no precisamente menos, de la política antiterrorista o, igualmente, de la mal llamada “guerra contra el terrorismo” implementada a partir del 11-S. Algunas han sido tan contraproducentes que, como la intervención de Estados Unidos en Irak en 2003, en realidad no guardaban ninguna relación con la lucha contra el terrorismo; y, paradójicamente, en lugar de reducir la amenaza de su vertiente yihadista, sólo contribuyeron a incrementarla.
 
De ser cierta y eficaz la lógica militarista empleada en el combate del terrorismo, Oriente Medio sería una de las regiones más pacíficas y estables del mundo por el número y la intensidad de las intervenciones militares registradas bajo la controvertida denominación de “guerra contra el terrorismo”. Sin embargo, sucede justo todo lo contrario, nuevas intervenciones han incrementado de manera exponencial la violencia terrorista. Si bien a corto plazo parece que el fuego se ha sofocado, a medio y largo plazo ha vuelto a prender, incluso en ocasiones con mayor virulencia.
 
En este sentido, el texto de Núñez Villaverde no es un recuento más de los orígenes, evolución y naturaleza de Dáesh, sino una reflexión sobre cómo ha tomado cuerpo su emergencia en medio de políticas exteriores erróneas y reiteradas en el tiempo. Es como si no se hubiera extraído o, mejor, dicho de otro modo, no se quisiera extraer ninguna lección del pasado y de las alianzas contraproducentes que, antes o después, se cobran dividendos negativos.
 
No puede aducirse que toda manifestación del terrorismo yihadista sea una consecuencia imprevista de la acción, como se argumentó en el pasado respecto a la emergencia de Al Qaeda, cuando el objetivo prioritario era el imperio soviético y, en consecuencia, todas las fuerzas sumaban para otorgarle “su propio Vietnam en Afganistán” (Brzezinski dixit). Por la experiencia acumulada a lo largo del tiempo se sabe, al menos, lo que no hay que hacer y con qué alianzas no contar.
 
Pese a ello, recuerda el autor cómo durante la inacabada guerra en Siria se han establecido alianzas muy coyunturales e indirectas con grupos de obediencia yihadista, al menos en un primer momento, y tanto por parte de algunas potencias regionales como internacionales. De hecho, combatir a las fuerzas yihadistas no siempre ha sido una prioridad. Para unos porque su presencia contribuía a desgastar a las fuerzas gubernamentales o rivales, y para otros porque les permitía presentarse como “un mal menor” frente a otro mayor.
 
En conclusión del autor, “Dáesh ha sido más juguete de otros que dueño de su propia historia. En muchas ocasiones se ha magnificado su importancia para justificar errores propios (…) y para conseguir un apoyo externo a gobiernos locales escasamente recomendables”. Sin una revisión y modificación profunda de estas políticas, con una aproximación “multilateral y multidimensional” de la amenaza terrorista, difícilmente se pueda ir más allá del alcance de un cortafuego.
 
Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), Jesús A. Núñez Villaverde ha venido desarrollando esta perspectiva crítica sobre el terrorismo yihadista y las políticas antiterroristas en obras anteriores como Terrorismo internacional en África. La construcción de una amenaza en el Sahel (2009), de la que es coautor con Balder Hageraats y Malgorzata Kotomska; y Boko Haram (2015), ambas publicadas por Los Libros de La Catarata.
 
 
 
 
 

José Abu-Tarbush | Comentarios


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Editado por
José Abu-Tarbush
Eduardo Martínez de la Fe
José Abu-Tarbush es profesor titular de Sociología en la Universidad de La Laguna, donde imparte la asignatura de Sociología de las relaciones internacionales. Desde el campo de las relaciones internacionales y la sociología política, su área de interés se ha centrado en el mundo árabe con especial seguimiento del conflicto israelí-palestino.

Los comentarios bibliográficos son fruto de la colaboración semanal en el programa radiofónico El análisis internacional, que dirige Javier Granados en la Radio Televisión Canaria





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