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NEGOCIACIÓN: Blas Lara
En nuestras interacciones diarias con los demás, las emociones, los propios intereses y el egoísmo nos impiden ver claro y poder decir con objetividad «Lo que me pasa es esto» o «Esta persona con quien trato es así». La incapacidad para ver claro es una de las razones por las que reaccionamos inadecuadamente y a veces injustamente.

Existen además otras razones que explican por qué distorsionamos las imágenes o simplemente no vemos la realidad. Sobre esas razones vamos a reflexionar.

No nos apercibimos de realidades esenciales del mundo que nos rodea por falta de palabras, porque no disponemos de las categorías o conceptos apropiados para designar esas realidades. Tan absurdamente como una vaca que, pastando en la pradera, ve pasar el tren cargado de hombres y pasiones humanas, vemos pasar ante nosotros sucesos, situaciones, procesos complejos. No reaccionamos, porque nos “faltan las palabras para pensar”. Porque la palabra no es sólo vehículo para exteriorizar lo pensado, sino que, además y ante todo, es instrumento para fabricar el pensamiento. Para “etiquetar”. De ahí el título de este artículo.

Releyendo las digresiones de Iván Karamazof en Los hermanos Karamazof de Dostoievski, pensaba yo en qué pocos de entre nuestros bisabuelos del XIX supieron leer, a través de las ideas y acontecimientos de la época, el profundo espíritu del tiempo y adivinar las grandes catástrofes que se avecinaban en el XX. Y, sin embargo, las semillas estaban ahí; las estaban sembrando aquellas explosivas ideologías del XIX. Hubo revoluciones en el XIX, y no sólo en las ideas. También en el arte. También en la ciencia, en las tecnologías y en las radicales transformaciones sociales que las siguieron o acompañaron.

La gran mayoría de la gente de hoy vive sin apercibirse de las grandes transformaciones que se están operando actualmente, en la sociedad de la que forman parte. ¿Qué cambios radicales se están fraguando ahora, en estos primeros decenios del XIX? Es dado a muy pocos saber leer “los signos de los tiempos”. Sólo a costa de mucho esfuerzo se llega a la inteligencia y desciframiento de hechos y situaciones.

Etiquetar o poner nombre a situaciones complejas

En el cada día, vivimos situaciones e interacciones con los demás, sin descifrar correctamente lo que sucede en su entorno. Sin embargo, inteligencia es eso: “leer dentro”. “Calar” a fondo las personas y las situaciones de interacción para no cometer serios errores. Así nos manejamos mejor. Muchos educadores estarán de acuerdo conmigo en aquello de que «Educar es enseñar a ver». Y amueblar la mente con los conceptos útiles para vivir.

Un ejemplo significativo: ingresar en un hospital, o acompañar a alguien que ingresa con una dolencia importante. Se siente uno tan perdido en un gran complejo hospitalario como si fuera a Letonia por vez primera, sin conocer a las personas, ni las costumbres, ni el funcionamiento de las instituciones, y sin conocer su extraña lengua.

La falta de representaciones adecuadas de las realidades en un hospital puede, en ocasiones, ser muy peligrosa para el que ingresa. El enfermo o su acompañante tienen que saber juzgar, apreciar, valorar el personal, sus funciones, comprender lo esencial del dédalo administrativo del sistema hospitalario.

La dificultad de poner etiquetas a las situaciones y a las personas

Como en el hospital, en la vida corriente nos suceden cosas parecidas ante la administración pública, ante un vendedor, ante un abogado, y hasta ante un gendarme. Nos podemos encontrar indefensos, faltos de saber y de poder etiquetar las situaciones y los hombres. Faltos de poder decir «Pues esto es esto, aquí hay abuso de poder», etc., etc.

No es cosa fácil construir la propia e independiente interpretación de las situaciones y los hechos. Es importante ser conscientes de que nuestra mente identifica y categoriza mediante el reconocimiento de categorías preexistentes, es decir, en virtud de lo ya visto en experiencias anteriores. Somos como un aborigen que no hubiera visto en su vida un aparato fotográfico. Le es muy difícil, o mejor dicho, imposible reconocer el objeto y adjudicarle una etiqueta, un nombre. (“Nombrar” es una palabra clave. Es asignarle una serie de atributos, predicados, funcionalidades). Por el contrario, al occidental que tiene registrada en su cerebro la categoría “aparato fotográfico” le será fácil adjudicar ese nombre a ese artefacto, independientemente de los colores, volúmenes y formas concretas con que se presente.

Una forma de educación para la vida

Si etiquetamos “reconociendo”, es decir, asociando formas previamente existentes en nuestro cerebro, tenemos necesariamente que haber aprendido antes unos patrones. Eso significa que tenemos que haber sido enseñados por otros: padres, formadores, etc. O por la vida, por la calle, su gran maestra. Y es que educar y educarse es tener la oportunidad de almacenar categorías mentales. (Se dice que la cultura de un chino es proporcional al número de ideogramas que posee. Y lo explican por esa particularidad de la lengua china, que asigna un ideograma específico a cada concepto particular o universal y que al no ser representado fonéticamente, ha de ser aprendido individualmente).

Evidentemente, no se puede disponer de patrones o etiquetas para todas las instancias y casos que se nos pueden presentar. Es imposible saber de todo para juzgar cada situación en los diferentes dominios. Por eso es necesario aprender a aprender. Y querer estar siempre aprendiendo, sin cerrar las ventanas por aburrimiento o por pereza. Aprender a observar y a resolver problemas. Una fantástica tarea pedagógica para padres y formadores. Ampliar cuanto se pueda las categorías mentales de los alumnos. Empezando por ampliar las propias.

Etiquetas servidas en bandeja

Fabricarse las propias interpretaciones de las situaciones es laborioso. Que eso es cosa de pocos, lo saben muy bien algunos formadores de opinión. Tan débil es el espíritu humano y tan maleable, que nos preguntamos cómo han podido vivir millones de personas durante períodos negros de la Historia, sin darse cuenta de que estaban sometidos, y aparentemente contentos y sin rebelarse. Pero así ha sido. El lector encontrará fácilmente ejemplos. Y, además, ejemplos a su gusto y según sus proclividades. (¡Qué cosa, el espíritu humano!).

Los medios de difusión y los aparatos propagandísticos hacen eso: fabricar esquemas interpretativos, que son como etiquetas preparadas para el empleo, prêt-à-porter para el consumidor de las masas que necesita etiquetas simplificadas para “nombrar” acontecimientos políticos, sociales y económicos; para saber lo que es bueno y lo que es malo, lo que es chic y lo trasnochado, lo que es bello y lo que es feo. La gente necesita que le digan quiénes son los personajes admirables, y hasta cómo hay que hacer para pasarlo bien.

Pero en el hospital y en la vida ordinaria, si no etiquetamos correctamente, por carencias o por disfunciones emocionales, mal vamos. Corremos el riesgo de decidir mal o de dejar en manos de otros el conducir nuestras ideas y nuestra acción. Las etiquetas son indispensables para la acción. Eso es pura neurociencia.

El peso de los atavismos

Señalo también el enorme peso de los atavismos culturales y religiosos que aprisionan nuestra capacidad de enjuiciar correctamente y que condicionan nuestra manera de ver cosas y personas.

Hay una regla de oro que se enuncia así:
«El peso de los prejuicios
más
la independencia de juicio
es igual a
un valor constante»

Es decir, que a más peso de atavismos y prejuicios, menos independencia de criterio en nuestra mente. Y viceversa: las personas dotadas de un verdadero espíritu crítico son capaces de superar los obstáculos que alzan ante él las creencias atávicas.

Por eso, salir del marco geográfico y cultural en que nacimos y sumergirnos en una pluralidad de ambientes, en los de otros países y otras mentalidades, es de primera importancia para todos. Y, por supuesto, mucho más para los jóvenes. En ese sentido, programas educacionales europeos como Erasmus son muy beneficiosos.

Etiquetar correctamente durante la negociación

Volviendo a la negociación. Negociar es un problema, o un juego, entre yo mismo (A) y la otra parte (B), en un contexto o situación dadas (S). Hay que enterarse bien de qué es lo que traemos entre manos y con quién estamos tratando realmente.
La imagen que tengo del Otro pudiera ser falsa, y falsa también la imagen de la situación. Si así fuera, al negociar o al interaccionar con el Otro, estaré “jugando a un juego que no es”. Y eso es contraproducente. Si se juega a rugby, no se puede uno comportar como jugando al fútbol.
Si A –por ejemplo yo mismo empieza por no ver claro B ni S, mal parado va. Si A no juega contra el personaje real, sino contra un imaginario, y si juega en un campo de interacción que no corresponde a la realidad, mal le (me) saldrán las cosas.


Blas Lara Domingo, 7 de Febrero 2010 - 13:33

Artículos

Unas reflexiones sobre nuestro posicionamiento ante el dolor ajeno


Las escenas que nos llegan estos días de Haití nos parten el corazón. En la televisión asistimos al horror de las muertes de tantas víctimas inocentes. Tanto dolor y tanto sufrimiento entre los supervivientes.

Cierto es que la pantalla determina una distancia aséptica entre esas espantosas realidades y
el espectador, que no las llega a interiorizar como cuando se siente el sufrimiento de cerca, en un contacto inmediato, carnal con la situación. Además nos defendemos por instinto, nos salen callos en la sensibilidad, porque hay que preservarse del dolor ajeno, como lo hacen médicos y enfermeras en el hospital.
Seguramente,nada tienen en común los hombres de nuestra refinada época con el populacho que abarrotaba los circos romanos para asistir a espectáculos horrendos hasta cien veces en un año (en tiempos de Tito). Ni tenemos nada en común con nuestros no tan lejanos antepasados que asistían en las plazas públicas a las torturas y ejecuciones de criminales, herejes y brujas.
Vigilemos de cerca la naturaleza humana.
¿No hay también una oscura y malsana complacencia en ver sobre pantalla el sufrimiento ajeno, como se ve el temporal de nieve, bien calentito a través de las ventanas? (¡Gracias a Dios, no soy yo el que padece!).

Quizás sea aún más ignominioso el poner en escena el dolor ajeno, el utilizarlo para ganar dinero.

Hay quien se sirve del dolor y el sufrimiento humano como artificio televisivo, literario o cinematográfico para impactar al lector o espectador. Hay algo intrínsecamente malvado, y ética y estéticamente repugnante en la exhibición de la sangre y la tortura, como sucede, por dar un ejemplo, en la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Y por supuesto en tantas series de televisión, que hacen estragos más profundos en los jóvenes que los pudiera hacer el cine erótico. Finalmente la pornografía no muestra sino una animalidad de los humanos, comparable a la de los perros que ya ven los niños en las calles del pueblo o en el campo.

Pocas cosas hay tan insoportables como asistir impotente al dolor crónico intenso de una persona muy querida. Hay momentos en los que enfrentarse al dolor, está muy lejos de ser una cuestión meramente filosófica. Si hasta hoy el problema no nos ha tocado de cerca directa o indirectamente, es muy probable que un día nos llegue.

Rebeldes ante el dolor, ¿hay alguna respuesta que nos alivie el alma?

Yo he visto morir ante mis ojos la persona más inocente y más limpia que he jamás conocido. Una persona totalmente ajena de egoísmo, siempre consagrada al servicio de los demás. Murió como muere un cordero, como si se le fuera degollando lentamente y con refinamiento, para sacarle y recoger poco a poco su sangre. ¡Qué obscenidad tan inútil! ¿Dónde está, dónde puede estar el sentido?

La reflexión central es ésta: Yo hubiera diseñado para los seres que quiero un mundo sin dolor. Para empezar, sin el dolor innecesario en el parto al llegar a este mundo. Y aún más absurdo es el dolor al dejarlo con la muerte.

¿Por qué razón? No me basta ni mucho menos con la explicación, aunque sea verdadera, de que el dolor es un mecanismo de defensa y preservación de la vida. Pero ¿y cuando se acerca la muerte? El dolor es un sinsentido total, física y metafísicamente escandaloso.

La Iglesia se ha opuesto desde hace siglos a la supresión del dolor. Hasta lo ha sacralizado.
Recuerdo haber leído que el descubridor de la morfina, Friedrich Sertürner, a principios del XIX, fue expulsado del cuerpo médico en Westfalia por haber empleado este derivado del opio para aliviar a sus pacientes. Otro ejemplo célebre en la historia de la Medicina: los clérigos calvinistas escoceses condenaron a Simpson, a mediados del XIX, por utilizar el cloroformo para ayudar al parto. Porque Dios dice en la Biblia a la mujer:"Parirás con dolor".

Nosotros mismos hemos oído en las prédicas espirituales hablar del valor redentor del sufrimiento, y de las prácticas ascéticas de cilicios y de disciplinas. ¡Cuántas absurdas tonterías, se han atribuido a la voluntad divina cuando quizás sean reminiscencias de mitos sacrificiales antiguos! ¿Cómo se imagina esta gente a Dios? ¿Qué placer puede encontrar Dios en que los hombres sufran?

Hoy es teóricamente posible la erradicación del dolor físico. Ya sabemos lo que es el dolor. Conocemos con bastante profundidad la compleja bioquímica y fisiología de transmisión de señales asociadas al dolor. Desde las estimulaciones nociceptivas, origen del dolor, hasta la estación final neocortical y, entre ambas, la totalidad del trayecto. Y lo que es verdaderamente importante, conocemos una larga serie de analgésicos potentes y muy eficaces.

Reclamo prioridad absoluta en los hospitales al tratamiento del dolor y en especial a los inadmisibles dolores terminales que preceden la muerte.

¿En nombre de qué pretendida voluntad divina hay aún quien está en contra de suprimir el dolor aunque con ello se acorte la vida? Revisemos la solidez de los argumentos de los que están en contra de la muerte voluntaria, en cualquier circunstancia, siempre, incondicionalmente. Es una cuestión que se ha de examinar sin prejuicios y con mucha honradez intelectual.

Los que tienen prejuicios morales, lean las Cartas a Lucilio de Séneca, el "Seneca saepe noster", que decían Tertuliano y tan alabado fue por los cristianos del siglo II.

Buscaré para otra vez la cita precisa de Séneca, porque vale la pena leer la carta. Y continuaré escribiendo sobre el sufrimiento psicológico, prolongando la reflexión sobre el sentido y el sinsentido de esta otra forma de dolor.

Blas Lara Jueves, 14 de Enero 2010 - 19:20


Muchas veces no sabemos qué estrategia adoptar ante personas y situaciones difíciles. Si no disponemos de capacidades naturales de respuesta, la teoría y las técnicas, nos son de poca ayuda. Y es que el saber sobre estrategias de comportamiento está muy poco estructurado a pesar de los miles de libros de tipo bestseller que podemos encontrar en cualquiera de las grandes lenguas.

Una útil manera de estructurar un discurso sobre estrategias es ir a las fuentes. Buscar en las raíces animales los orígenes de nuestras estrategias. Es una idea fecunda la de explorar las líneas de despliegue de las estrategias conductuales de los animales y regresar al comportamiento humano para poner un poco de orden en lo que parece ser una densa selva de posibles variantes estratégicas. Creo que la idea vale la pena.

Para llevar a cabo esta exploración empezaremos por estudiar las estrategias animales de manera somera. Pidiendo disculpas por los considerables atajos a los que nos obligan las limitaciones de espacio.

LAS LINEAS DE DESPLIEGUE DE LAS ESTRATEGIAS ANIMALES

Se habla de las estrategias animales fight or flight. De competición y cooperación. Pero no son esquemas suficientes.

Falta notoriamente invocar la dimensión de inteligencia que explica muchas de las estrategias más interesantes en el mundo animal.

Organizaré el tema en torno a unas preguntas:¿Cómo aparecen las estrategias a lo largo de la evolución? ¿Según que líneas se desarrollan y despliegan las capacidades estratégicas? ¿Cómo se justifica su extensión al hombre?

Mencionaré solamente en los anexos algunas cuestiones filosóficas implícitas que pudieran inquietar a algún lector de estas líneas. No porque sean preguntas sin interés, sino porque no encuadran con el propósito de este artículo. ¿Los animales son realmente inteligentes en sentido propio o figurado? ¿Es el hombre un animal más? ¿Qué es el alma humana?

¿Cómo surgen las estrategias a lo largo de la evolución?

“Las estrategias de los animales se desarrollan como respuestas adaptativas a diferentes nichos ecológicos”. (PROPOSICION PRIMERA)

La variedad de nichos ecológicos (medio acuático, tierra, aire, temperatura, disponibilidad de alimentos, etc.) plantea problemas a los organismos han de resolver para sobrevivir, alimentarse y reproducirse con éxito. La solución de esos problemas interviene de manera escalonada sobre larguísimos períodos de tiempo de adaptación [1].

Si un organismo posee una particularidad que le confiere una ventaja selectiva en el entorno, entonces la selección natural lo va a favorecer. Esa particularidad adquiere una significación adaptativa en cuanto que de ella deriva un aumento de la tasa de supervivencia y del de reproducción.

La especiación significa a lo largo del tiempo variaciones morfológicas. Pero también la aparición de nuevas estrategias adaptativas para capturar una presa, para escapar a un depredador, para reproducirse.

En particular, la vida social es en sí una efectiva y compleja estrategia de supervivencia. Por sociedad entiendo una especie de simbiosis entre individuos de la misma especie que viven bajo un orden implícito de funcionamiento grupal. Las soluciones de problemas planteados por el entorno biosocial requieren unas previas representaciones cognitivas del entorno, que son ya formas de inteligencia animal.

La psicología comparativa actual nos muestra cómo la adaptación a los diferentes nichos ecológicos ha ocasionado el despliegue de las diferentes habilidades cognitivas y refinamientos estratégicos, como la huida, la ficción, el cálculo, etc. que van más allá del simple esquema behaviorista estímulo /respuesta. Y que suponen adaptaciones a lo largo del tiempo del sistema de control del organismo vivo. Me refiero especialmente al cerebro. Durante la evolución la fisiología animal va adquiriendo funciones nuevas al mismo tiempo que nuevas estructuras cerebrales se constituyen. Funciones y cerebro interactúan en bucle.

¿Según que líneas se desarrollan y despliegan las capacidades estratégicas?

“La adaptación de los animales a variadísimos ambientes dio lugar a una multitud de estrategias que se desplegaron según tres ejes de referencia”. (PROPOSICION SEGUNDA)

Las líneas de despliegue de las estrategias animales a través del tiempo se orientan para mayor eficacia y mejor fitness siguiendo tres ejes de desarrollo:

1. De la pasividad a la energía. El uso de la fuerza frente al competidor para sobrevivir, para nutrirse o para la reproducción.
2. Del egoísmo al altruismo. Las estrategias altruistas se desarrollan para la persistencia de grupos con la finalidad de salvaguardar y proteger el capital genético de descendientes o aparentados (kin selection).
3. De menor a mayor grado de inteligencia. Las estrategias exhiben (a) una creciente capacidad de representación cognitiva del entorno biosocial, (b) una creciente capacidad de solución de problemas de interacción.

¿Cómo se justifica su extensión al hombre?

“El hombre arranca probablemente de un ancestro común con el chimpancé”.(PROPOSICION TERCERA)

La especie humana presenta similitudes genéticas con chimpancés y gorilas, lo que sugiere la existencia de ancestros comunes. El análisis de las variaciones genéticas y sus recombinaciones mediante un modelo markoviano (matrices de transición entre estados) sugiere la especiación del hombre hace 4,1 millones de años separándose de un ancestro común con los chimpancés. Ancestro que a su vez procede de otro que agrupaba también a los gorilas. (Ver Asger Hobolth et al.)

El objetivo de la psicología evolucionista es explicar los mecanismos del pensamiento humano a partir de la teoría de la evolución biológica. El cerebro es un producto de la evolución y constituye por consiguiente una adaptación a las presiones de un entorno concreto con el que se han tenido que confrontar los antepasados de los hominídeos.

La inteligencia del hombre es una especialización que resulta de (1) representaciones cognitivas extraordinariamente ricas y complejas del entorno, (2) una capacidad acrecentada de solución de problemas. ( Alain Berthoz. La simplixité, Odile Jacob, 2009).

No hay ruptura de continuidad entre animales y hombres. No pienso que hay inconveniente de ningún orden para aceptar la hipótesis que nuestras estrategias conductuales tienen un origen animal tal como nos lo explica la psicología evolutiva.

Las tres actitudes o estilos estratégicos fundamentales en el Hombre

Las actitudes estratégicas humanas son prolongación de la de los animales. Se trata de una especialización de la “ola gigante” de la vida en la evolución. (El élan vital de Bergson).
Todas nuestras estrategias puntuales parecen en torno a los mismos tres ejes identificados en las estrategias animales. Postulo que cada estrategia concreta se situa con respecto a estos tres ejes:

I. El empleo de la fuerza y la energía frente a la pasividad, al retraimiento. En un semieje positivo se hallan la fuerza de vivir, la competición, la energía. En el otro la pereza, la cobardía, la flojera.
II. El segundo eje es el de la sensibilidad hacia el Otro, la empatía, la ética, frente al egoísmo, el ignorar al Otro. En un extremo se hallan el egoísmo, el mirar solo por sí mismo. En el otro extremo, el altruismo biológico, la cooperación, la empatía y las variadas formas del amor.
III. El tercer eje es el de la inteligencia. Es intus legere, insight, es decir, capacidad de interpretar el entorno y adecuar el comportamiento en consecuencia. Este eje va desde el sinsentido, el comportamiento condicionado, y no intencionalizado, hasta el uso del análisis racional de las situaciones. En un extremo se halla la ausencia de inteligencia, la banalidad, la ligereza, la improvisación. En el otro se hallan tanto las varias formas de racionalización como la ficción, la tergiversación y el disimulo. (Lo que supone que este eje se define haciendo abstracción de toda calificación moral).

Nota. Ampliaremos la discusión en un próximo artículo.



Blas Lara Martes, 8 de Diciembre 2009 - 18:00

Es una ley general inscrita en el fenómeno de la vida y en la evolución, la de la supervivencia de los fuertes - los más adaptados- a expensas del débil. Pero por otro lado, la sociedad humana no es sostenible sin alguna forma de solidaridad entre individuos.
Al negociar en la familia, en la profesión o en la calle, ¿existen ocasiones en que es legítimo y ético “ir sólo a lo suyo”, o hay que ponerse siempre en la piel del Otro?



En nuestra cultura de profundas raíces católicas, por más que no seamos practicantes ni siquiera creyentes, no podemos negar que había quedado un cierto pudor o reticencia a parecer demasiado egoísta al imponer públicamente y sin ningún miramiento los intereses propios por encima de los de otro. Reminiscencias sin duda de tradicionales valores cristianos: “amarás al prójimo como a ti mismo”, etc. Poco a poco está desapareciendo hasta el “usted primero” ante una puerta, y otras formas de cortesía que muestran deferencia y atención al Otro. Cada uno va a lo suyo. Siguen unas reflexiones sobre el egoísmo.

El depredador humano
En el diseño mismo de la vida, tal como parece haber sido concebido por la Naturaleza (o por el Creador), podemos constatar que sólo las plantas son capaces de captar la energía solar para constituir su propia materia orgánica a partir del suelo. Los organismos animales tienen que descomponer las construcciones orgánicas de otros vivientes, es decir, destruir vegetales y matar animales, para liberar energía y metabolizar después sus componentes. La vida de los animales, su supervivencia misma, está basada en la muerte y la destrucción de otros organismos. Por consiguiente se puede afirmar que la competición y la depredación son regla mayor de sobrevivencia sin mirar a la vida que se destruye.
¿Y por qué razón nos vamos a tener que interesar por el Otro? Preguntémonos abiertamente cómo y por qué razón se puede llegar a pensar que esta regla o metaestrategia de la competición pudiera ser moralmente reprobable, éticamente egoísta o estéticamente repugnante. Sería contradecir el principio último de vida.
Excluir la competición equivaldría a negar la ley fundamental de la vida. Sería soñar con mundos irreales, imposibles. La noción misma de explotación- en la crítica marxista- solamente tiene sentido cuando se considera al mundo de las realidades sociales como una deformación de un mundo ideal dotado de leyes justas de propiedad y de autoridad. Pero la verdad es que esas leyes justas, ese mundo ideal, no existe, ni ha existido, ni existirá jamás. Por eso, aceptar como hipótesis de trabajo la imperfección (intrínseca) del mundo no tiene nada de un compromiso cobarde con la realidad, sino que es puro realismo. Nada es más intelectualmente honrado que partir de una conciencia clara de la auténtica realidad del hombre y de la sociedad e intentar mejorarla constantemente, sin soñar en utopías imposibles, engañosas si no hipócritas, que ignoran la verdad, por así decir, casi ontológica del hombre.

Darwin, el capitalismo y el liberalismo
¿Es aceptable al menos en parte esta manera de razonar?
Darwin influenció al liberalismo británico en el XIX, Bagehot, Herbert Spencer y John Stuart Mill. Fue Spencer, y no Darwin, quien acuñó el concepto de “survival of the fittest”, supervivencia de los más adaptados (al entorno). Darwin hablaba de selección natural. En todo caso fue Spencer quien escribió:“ El Estado no debe intervenir para aliviar la situación de las clases más pobres, porque con ello estaría impidiendo la lucha por la existencia –poniendo obstáculos a los más dotados – que es el motor del progreso…Los hombres racionales se abstienen de interferir con las inexorables leyes de la evolución ”. ( 1)
Para Oswald Spengler, Spencer es la expresión perfecta de la filosofía rapaz de la época victoriana, del capitalismo ético y del liberalismo radical de la escuela de Manchester.
La fe en el darwinismo ayudó sin duda al capitalismo ético y a la escuela de Manchester a justificarse moralmente. La rudeza de ciertas prácticas inmisericordes de las empresas encontró apoyo en la ciencia biológica. Los conceptos darwinianos eran según ellos una parte inevitable del desarrollo histórico y por consiguiente su puesta en aplicación no era inmoral sino justa y acorde con las leyes de la naturaleza.

La competición en Economía
Efectivamente, la Teoría de la competición económica se desarrolla en un espacio cultural impregnado de darwinismo social. Está orientada hacia la búsqueda de soluciones inteligentes que maximizan la ventaja personal sin tener en cuenta los intereses de otros agentes. Es una copia en lo socioeconómico del gran diseño de la vida. En la práctica comercial, mucha gente aborda hoy la negociación con la única idea de maximizar la esperanza matemática de la ganancia. Esa actitud es totalmente egoísta, solipsista.
Más aún, la teoría nos dice que los agentes económicos racionales se mueven no por instintos ni sentimientos sino por la "eficiencia" (En el sentido de Pareto (2)). En su libro de 1959, The Theory of Value, Debreu introdujo una teoría del equilibrio general, utilizando la matemática bourbakista, para probar que los comportamientos egoístas de optimización por parte de todos los agentes económicos, dan lugar a una distribución Pareto-óptima del trabajo y de la producción de bienes y de servicios. Las decisiones de optimización de los agentes, tanto productores como consumidores, que consideran sólo el beneficio propio, son mutuamente compatibles, con tal de que prevalezca un sistema de precios conveniente, llamado de equilibrio de Walras.
En suma, la eficiencia en una colectividad puede ser lograda como resultado de comportamientos egoístas de los miembros. (Sin necesitar la intervención de una autoridad central).

Sin embargo …
La negociación no es una simple decisión como otra cualquiera. Al negociar con otro no podemos fingir que estamos luchando contra el azar, como cuando se toman decisiones. Estamos luchando contra otros seres humanos, que debieran ser algo más que cosas o eventos del azar. En la negociación podemos infligir a otro ser humano sufrimientos que pudieran ser incalculables.
Julien Huxley, reconocido biólogo y filósofo, hermano del escritor Aldous Huxley, escribe que entre los muchos males que engendró el darwinismo social hay que citar la glorificación de la libertad de emprender, la economía del laissez faire, el eugenismo, el racismo y en cierta medida la ideología nazi.
En particular, Spencer es fulminado por algunos escritores de hoy. Se le ataca porque ha ofrecido un soporte racional a la ética del capitalismo industrial y del laissez faire. (3)
En este momento estamos viviendo una violentísima crisis mundial como resultado de un liberalismo sin frenos éticos. Una sociedad de egoístas se convierte rápidamente en insufrible.
La racionalidad colectiva opone frontalmente el bien de la comunidad a los intereses del individuo puramente competitivo.

Una elegante excusa: el espíritu deportivo de la competición empresarial
Algunos teóricos, en busca de una difícil legitimación ética de las estrategias agresivas de los dirigentes de empresas, han recurrido precisamente a esta metamorfosis deportiva de la competición empresarial.
Su razonamiento es el siguiente. Nadie reprochará a un jugador la utilización de una martingala para ganar dinero, aunque sea en detrimento de otros. ¿En nombre de qué moral estúpida se podría reprochar a un entrenador de fútbol el diseñar una estrategia competitiva para hacer que gane su club aunque pierdan los otros? El empresario es un entrenador.
Late un trasfondo casi metafísico en el espíritu del deporte. El deporte, como filosofía total de vida, relega al olvido voluntario las preocupaciones más serias de la existencia humana. Subtiende una visión del carácter efímero de los valores de las cosas e implica una actitud escéptica y hasta cínica de esas cuestiones. Las cuestiones graves de nuestra existencia no tienen solución, por consiguiente y paradójicamente, es absurdo ocuparse de ellas. Lo más que cabe en el espíritu deportivo es un elegante fair play –la deportividad- más como estética que como moral de comportamiento.
No se puede reducir el juego de la competición empresarial a mero deporte. En el área económica, el juego entre contendientes no es siempre equilibrado sino asimétrico, es decir desigual, unfair. Además, los enjuegos que están sobre el tapete no son siempre cosas de valor efímero para alguna de las partes. No se trata de una victoria en el marcador, sino que se juega con el futuro de seres humanos. Por eso es absolutamente vergonzosa la justificación del espíritu deportivo en los managers. Lo que para ellos puede ser un juego banal, es un juego esencial para las indefensas víctimas de sus juegos. (Deslocalizaciones, cierres de fábricas, compras de empresas, tráfico internacional de de materias primas, movimientos internacionales de capital, por dar algunos ejemplos, son jugadas empresarialmente brillantes que tienen los efectos devastadores que se saben).

Una de cal y otra de arena
Todo eso es verdad, y sin embargo la competición es en muchas ocasiones legítima y necesaria.
a. Lo es cuando el otro ataca y no admite cooperación; cuando viene con malas intenciones. ¿Qué imperativos éticos pueden entonces forzarnos a la pasividad sumisa y resignada?
b. El altruismo puede igualmente degenerar en pasividad o en pura estupidez, porque las fronteras entre la bondad y la tontería (o la cobardía), son a veces apenas distinguibles. En todo caso, no hay que camuflar bajo pretextos morales la cobardía o la pereza.
c. Una reflexión. Está muy bien la bondad con los demás, pero ¿por qué nos hemos de dejar ganar por el Otro en el terreno de la inteligencia?

La ética tiene sus límites y la inteligencia impone los suyos; y ambas juntas justifican en ocasiones la viabilidad del juego competitivo. En la actividad económica cotidiana y concreta, la racionalidad misma aconseja también optar por una estrategia competitiva en una variedad de situaciones. Por ejemplo:
• Cuando el "objeto" de la controversia es único, indivisible e indispensable, y será para uno con exclusión del otro.
• Cuando está aceptado de antemano el golpe del adversario porque entra en las reglas del juego declaradas y consentidas libremente, como en el boxeo.

Cuestión abierta
“Ir sólo a lo suyo o ponerse en la piel del Otro” decíamos al principio. Una aporía surge:. Es difícil entender por qué algunos seres humanos pueden ser tan crueles y egoístas. También lo es entender cómo otros pueden llegar a ser tan heroicamente desinteresados en todas circunstancias aún sin referirse a valores religiosas o a futuras recompensas.

NOTAS
( 1) Cita extraída de la obra de Fernando Prieto Historia de las Ideas y de las Formas Políticas, volumen IV,2. El Positivismo, página 184.
(2) Supongamos una negociación de tipo de repartición de ventajas económicas entre A y B. Una solución de ese problema de repartición es “eficiente en el sentido de Pareto”, si no se puede mejorar a uno de los agentes sin empeorar al otro.
(3) Sin embargo el organicismo de H. Spencer como pensamiento filosófico me parece del mayor interés
Blas Lara Viernes, 16 de Octubre 2009 - 10:53

Artículos

Se muestra en este artículo un planteamiento simple de la Teoría de juegos, muy útil para analizar situaciones tan delicadas como las interacciones Médico–Paciente.


LA INTERACCION MEDICO-PACIENTE
Muchas personas sufren injusticias y vejaciones penosas en su trato con la administración, jueces, abogados, médicos, entre otros. Analizar una consulta médica en el contexto genérico de la Teoría de Juegos es tratar el tema de manera objetiva y técnica, evitando el requisitorio y la retórica.
La relación Médico–Paciente presenta graves disfunciones. (Preciso al lector que tengo grandes amigos que son médicos, a los que admiro sobre los planos científico y humano).

PARTE I:- DESCRIPCION DE LA INTERACCION MEDICO-PACIENTE
La consulta médica es un tipo de interacción difícil de clasificar. Tiene algo de la reparación mecánica en un taller de autos y algo de la transacción comercial. Y tiene a veces los aires de intimidad del confesionario o de la consulta psicológica, aunque el médico no sea psicólogo profesional.
El paradigma de juego constituye un marco adecuado para estructurar la reflexión que ayuda a poner en evidencia los fallos del sistema y sugiere vías nuevas de exploración.
Los ingredientes de un juego deportivo son: A) Los jugadores, B) Los “enjuegos” y motivaciones de los jugadores para jugar. C) Las jugadas o movimientos en que consiste el juego. E) Las reglas que limitan el juego determinando las jugadas ilegítimas. F) Y habitualmente, un arbitraje que sanciona las transgresiones a las reglas.

A) LOS ACTORES-JUGADORES
Hay dos categorías de jugadores o actores en una consulta médica. Los actores directos son el médico y el paciente. Son actores indirectos la Seguridad social o las aseguradoras privadas, en la medida en que pueden condicionar de manera decisiva el desarrollo del encuentro.
Una particularidad de la interacción Médico Paciente es que frecuentemente los actores juegan un juego irreal. El paciente tiene a veces una percepción confusa y teñida de subjetividad de su propia dolencia, y, además, parte de una falsa imagen de lo que sabe y de lo que puede el doctor al que acude. El doctor corre el riesgo inverso: rebajar al paciente, que es una persona con los mismos derechos que él, al estatuto de una pura patología andante, es decir, de un caso de manual o, peor aún, un número en una lista de espera. Y en muchas ocasiones minusvalorar la capacidad intelectual del paciente.

B) ENJUEGOS Y MOTIVACIONES
En el área deportiva se juega por algo y para algo. Esos son los enjuegos, lo que está en juego (del término francés enjeu). Las motivaciones (del latín movere), son el motor del juego.
En primer análisis, el médico trabaja por una remuneración económica y el paciente busca una prestación, si puede ser, la salud; si no, al menos un consejo científicamente fundado.
Pero hay algo más en el jugador: las motivaciones profundas. Para el médico, una motivación puede ser la satisfacción de resolver un problema, el ejercicio de un poder personal sobre el otro, o, la noble vocación de aliviar el sufrimiento humano.
Por su parte, las motivaciones del paciente son tan variadas como lo es la psicología de las personas. Hay muchos pacientes que buscan en el médico un sucedáneo del confesor, del psicólogo, alguien con quien hablar para desahogar su soledad y con quien pasar un rato.

C) EN QUE CONSISTE EL JUEGO. JUGADAS Y MOVIMIENTOS

En el fútbol, la finalidad es llevar el balón al interior de la portería contraria. Para ello se siguen estrategias y tácticas y se ejecutan movimientos sobre el terreno físico. También se juega sobre un terreno menos tangible, el psicológico.
En la consulta hay procesos que llamaríamos técnicos, y hay maniobras psicológicas, de manera que las jugadas técnicas y las psicológicas se entrelazan. (La mayoría de los médicos admite la importancia de la calidad de la relación en la interacción Médico Paciente).

Descripción sumaria de los movimientos técnicos
La actividad esencial de la consulta puede ser designada como un proceso de Resolución (conjunta) de Problema. Comporta esencialmente un diagnóstico y una opción terapéutica.
Lo más difícil y deseable es que el diagnóstico sea precoz, pero puede ser más arriesgado. En efecto, cuando las situaciones ya no tienen remedio, las cosas están mucho más claras y entonces diagnosticar suele ser más fácil y sin riesgo de error.
El proceso técnico comienza con la adquisición de la información que facilita de manera espontánea el paciente, o que se le solicita por vía de anamnesis. En muchos casos la situación es clara y el diagnóstico es entonces unívoco. Sin embargo hay otros en que los síntomas, por ejemplo, unas fiebres, pueden estar asociados a una variedad de patologías posibles. (Ejemplo: “Si tal síntoma se presenta con tal otro y tal otro, etc., entonces sería tal enfermedad con un cierto grado de probabilidad”). El trabajo del médico consistirá entonces en recorrer implícitamente ese amplio grafo mental de alternativas en formal de árbol. Avanzará por el árbol excluyendo alternativas, en razón de:
- los conocimientos anatómico-funcionales de los distintos sistemas del cuerpo humano,
- esquemas implícitos de razonamiento lógico.
Si es necesario profundizará en una dirección ayudándose con más exploraciones fisiológicas, análisis, o pruebas. Es decir, que entra en una cadena de decisiones que conjugan:
- Rápidos análisis de costes/beneficios para continuar, eliminar o posponer la exploración de una alternativa. (Por ejemplo, si las pruebas son muy costosas, o los prejuicios posibles de un examen radiológico no indispensable).
- Sus experiencias clínicas anteriores, así como las estadísticas publicadas, y atribuirá probabilidades a cada alternativa de diagnóstico.
- En todo caso, aplicará el principio de economía del tiempo, sin llegar a la innecesaria exploración exhaustiva de las alternativas. Un diagnóstico rápido y muy probable es preferible a un diagnóstico cierto pero inútil por tardío.

Este proceso metodológico que acabamos de describir sumariamente, es un reflejo de los algoritmos traducidos en programas para el diagnóstico ayudado por ordenador; algoritmos que utilizan técnicas como los árboles de decisión, sistemas expertos, redes neuronales. (Se ha demostrado que algunos de esos programas son equiparables y hasta aventajan al competidor humano, es decir, al doctor).
Hay que señalar de manera muy apoyada que otros profesionales, que no son médicos, emplean una metodología muy similar de exploración y solución de problemas en sus áreas de competencia. De tal modo que muchos de ellos, al ser pacientes, pueden sin dificultad evaluar la calidad del proceso decisional del médico, con tal de que haya transparencia de la información, comunicación con el paciente y no ocultación.

Tarea psicológica del médico en la consulta
Parto de la idea de que debe haber alguna diferencia entre la consulta médica y el examen de un automóvil por un técnico en un garaje. Ya la hay entre un veterinario y un técnico de autos.
La diferencia es que la labor médica se ejerce sobre un material humano dotado de una sensibilidad, de una psicología, además de una fisiología. Por eso las tareas de pura técnica médica deben entrelazarse con tareas psicológicas.
En particular me refiero a ciertas técnicas conocidas en teoría de las relaciones y de la comunicación (la consabida escuela de Palo Alto). Son útiles:
- Para ayudar a rememorar correctamente la información necesaria para el diagnóstico,
- Para crear una atmósfera de confianza, y
- Para persuadir finalmente al paciente que ha de seguir una recomendación terapéutica.
No es que el médico haya de aplicar esas técnicas actuales de manera consciente y explícita, pero sí ha de saber que existen baremos científicamente establecidos para determinar si está actuando o no eficazmente en su relación con el paciente. En suma para autoanalizarse.
En el dominio de la comunicación, también la ética le impone evitar estrategias de camuflaje y evitación, concretamente en lo que se refiere a la manera de preguntar, a la administración del turno de la palabra entre ambos, a las preguntas no contestadas y a las esquivadas.
Sabido es que el paciente satisfecho de una consulta sigue las recomendaciones del médico. El médico crea la confianza cuando explica lo que está haciendo y expone de manera comprensible las razones para aceptar su plan y la terapia escogida.
Un punto psicológico muy delicado del que no hablaremos aquí, es cómo presentar la muerte, la enfermedad mortal que nos llegará a todos un día. Se dan casos de brutalidad escalofriante. Pero no es tarea sencilla anunciar la mala noticia.

D) LAS REGLAS DEL JUEGO

¿Qué reglas pueden regular la interacción Médico Paciente y determinar sus obligaciones? La base que funda las obligaciones es un contrato.

El contrato, núcleo jurídico de las obligaciones en la relación Médico Paciente
La interacción Médico Paciente supone un contrato implícito entre ambos. Se ha discutido mucho si es posible introducir este contrato tan particular en alguna de las numerosas categorías jurídicas existentes. Esto es importante, y no solamente para el teórico de la jurisprudencia. Es importante porque, precisamente la dificultad de encontrar una forma jurídica adecuada, explica las carencias de marcos legales que regulen el contrato implícito entre médico y paciente. Y es por esa razón por la que la ley actúa solamente por vía de excepción, a pesar de que estén surgiendo cada día situaciones que claman al cielo.
A falta de mejor abrigo, nos acogemos a la figura de los contratos innominados existente en el Derecho Romano, que especifica que “las partes deben disponer siempre de acciones para defender sus derechos, acogiéndose a reglas generales y, si no son suficientes, recurriendo a contratos análogos”.
La base de la obligación legal sería un “do ut des”: te doy dinero y tú en contrapartida me das, si no la salud, al menos tu tiempo y un consejo terapéutico fundado.

Particularidades del contrato de la interacción Médico Paciente
1) En el contrato debe haber prestación y contraprestación.
2) Es una cuestión de sentido común que la prestación del médico no tiene que producir en cada caso la curación, ni siquiera la mejoría de la salud, porque la medicina es una ciencia empírica y no una ciencia exacta. Por eso muchas demandas judiciales por supuesta negligencia médica, son injustificadas. Recordemos además que los médicos son personas dotadas de un cerebro falible como el de toda persona. Algo que no pueden olvidar los pacientes y que tampoco deben olvidar ciertos médicos.
3) Por otra parte, el consejo médico es una prestación de orden intelectual. No es cosa fácil evaluarla y fijar el monto de la contraprestación monetaria. Las regulaciones propias del mercado libre no funcionan en nuestro caso, ni siquiera cuando se trata de grandes especialistas.
4) La socialización de la medicina, tan loable en sí, conlleva, entre otros efectos perversos, la imposibilidad de valorar las prestaciones médicas según la ley de oferta y demanda.
5) La relación médico-paciente pudiera interpretarse jurídicamente como un contrato de arrendamiento de servicios. Pero no es en ningún caso un contrato unilateral. No es dinero contra nada. Ni siquiera dinero contra el tiempo del médico, si ese tiempo ha sido mal empleado. No es admisible que el paciente, que paga finalmente de una manera u otra, salga de la consulta “con razones objetivas” para estar insatisfecho. (Pregunto: ¿Es que esto nunca sucede? ¿Es aceptable que a algún médico ni le importe ni le concierna la insatisfacción del paciente).

La relación Médico Paciente que subtiende el contrato ha de ser:
a) Consensual, expresamente manifestada y respetada. El paciente sigue siendo dueño último de su cuerpo. Confía su cuerpo al médico, pero no sin reservas.
b) Bilateral; cuando el paciente pone su cuerpo en manos del médico, éste asume graves responsabilidades, consecutivas al contrato de confianza.
c) El contrato tiene un carácter aleatorio que implica que cuando existe un riesgo inherente a la prescripción, terapia, acto médico o intervención, el médico debe evaluar racionalmente el riesgo e informar al paciente para que éste pueda asumir y aceptar libremente ese riesgo.

Reglas: una lista a explicitar y desarrollar aún más

- No violar la esencia del contrato, no aportando la prestación debida.
- Ejecutar con profesionalidad, diligencia y empeño las fases de adquisición de la información, exploraciones y pruebas que preceden al diagnóstico.
- Respetar la obligación de consensualidad en las decisiones.
- Respetar la dignidad del paciente y su intimidad. Respetar el secreto profesional.
- No utilizar tácticas agresivas o despóticas en el dominio de la comunicación, como reducir al silencio, imponer unilateralmente el uso de la palabra y del tiempo, ignorar las preguntas del paciente,…
- Etc.

E) ARBITRAJE

En la mayoría de las competiciones deportivas hay un árbitro que vela por el respeto de las reglas. En la interacción Médico–Paciente, no puede haber arbitraje que juzgue directamente las irregularidades sobre el terreno. Y cuando el arbitraje se da, es por vía jurídica, tardía, costosa, injustificada a veces y con efectos secundarios que no son todos positivos. Las demandas judiciales conciernen habitualmente sólo las transgresiones en los aspectos técnicos de la práctica médica.
Las penosas y graves irregularidades que se cometen en el terreno psicológico no son objeto de arbitraje posible y por consiguiente las violaciones a esas reglas quedan impunes.


(Seguirá en Parte II: Replanteamiento de la interacción Médico-Paciente)
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Blas Lara Domingo, 19 de Julio 2009 - 23:33

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Blas Lara
Blas Lara
Actividades profesionales ejercidas: Catedrático de la universidad de Lausanne, Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey). Libros principales: The boundaries of Machine Intelligence; La decisión, un problema contemporáneo; Negociar y gestionar conflictos.

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