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LA ODISEA DE SHACKLETON: Javier Cacho




Blog de Tendencias21 sobre su legendaria expedición a la Antártida

29 de junio de 1915
Se veía venir. Todo hacía pensar que aquello no podía quedar como quedó. Si bien la carrera de hace dos semanas la ganó Wild, el tiro de perros de Hurley había llegado tan próximo que parecía claro que ellos dos debían dirimir, de una vez por todas, cuál era el tiro de perros más veloz.


Una de pareja de perros del tiro de Hurley
Una de pareja de perros del tiro de Hurley
En el Endurance vivimos en un mundo absolutamente aislado. No sabemos nada de lo que ocurre en el exterior. Si al menos la radio hubiera funcionado, por lo menos habríamos podido recibir alguna noticia, saber algo de lo que está pasando fuera de este barco.

Pero ni nosotros tenemos potencia para que nuestras emisiones alcancen las Malvinas, aquí todos las llaman Falklands, ni ellos parecen que puedan comunicarse con nosotros como nos habían prometido. Quizás la culpa la tenga nuestro receptor de radio.

En cualquier caso, el resultado es que estamos completamente aislados y las únicas noticias que podemos comentar son las que nosotros mismos generamos. Y, lógicamente, no son muchas. Por lo tanto la carrera de trineos de perros que llevamos a cabo hace dos semanas, ha acaparado todas nuestras conversaciones.

Todo tipo de rumores
Si bien el trineo de Wild llegó el primero, le siguió tan de cerca el tiro de perros de Hurley que era lógico que hubiera comentarios de todo tipo. Muchos de ellos alimentados por el propio Hurley o por los que habían apostado por él, que eran bastantes.

Que… si en la salida se le habían cruzado el trineo de Crean. Que… si uno de los perros de Macklin les había atacado. Que… si McIlroy había hecho chocar a su trineo contra el de Hurley para desequilibrarle. Incluso… que… si el propio Wild, antes de empezar la carrera, había echado unos trozos de carne de foca con narcóticos a los otros perros.

En fin, durante dos semanas, el Endurance ha sido un hervidero de comentarios, rumores y cotilleos. En mi opinión, muchos de ellos alimentados por los dos protagonistas. Puesto que Hurley quería conseguir la revancha y Wild buscaba una victoria indiscutible. Incluso por el propio Shackleton, a quien parecía que todo esto le gustaba más que a nadie.

Ni Shackleton fue neutral
Finalmente, los dos –entre el regocijo general- se desafiaron. Y hoy hemos repetido la carrera, que  en esta ocasión no ha tenido más que dos protagonistas, para evitar que otros pudieran entorpecer la marcha de los equipos campeones.

En recorrido era el mismo, le juez el mismo, Worsley, al igual que el encargado de cronometrar el tiempo, el físico James.

Cualquiera hubiera podido pensar que Shackleton, como jefe de la expedición, se hubiera mantenido neutral en la contienda. Pues no. Durante las dos semanas ha sido uno de los más ardientes defensores de su lugarteniente, e incluso cuando llegó el momento de la carrera se subió al trineo de Wild para hacer de lastre.

En total, cada tiro de perros tenía que arrastrar un trineo cargado con 400 kilogramos.  Lo que hacía que cada uno de los 7 perros tirase de aproximadamente 58 kilogramos. Un esfuerzo realmente importante para los perros.

Una decisión controvertida
Por fin llegó el día, o más bien la noche, porque como la otra vez, la carrera se desarrolló en la más completa oscuridad y únicamente los gritos de los conductores de los trineos nos señalaban por dónde iban.

Ni que decir tiene que Shackleton chillaba tan fuerte que parecía que los perros corrían para huir de sus gritos.

De repente, entre las aclamaciones de una parte del público y los abucheos del resto. El trineo de Wild atravesó el primero la línea de meta. Siete segundos después lo hizo el de Hurley.

Ya parecía que todo había terminado cuando el juez de la prueba, el capitán Worsley, llegó haciendo sonar un pito con autoridad pidiendo silencio. Cuando logró que al menos algunos de los más vociferantes se callaran, anunció que… descalificaba al trineo de Wild porque había hecho el recorrido con menos peso del reglamentario.

En parte tenía razón, faltando escasamente 50 metros para alcanzar la meta, el trineo de Wild patinó en un montón de nieve y Shackleton perdió el equilibrio y cayó del trineo. Luego, los perros tiraron de un trineo más ligero que el de su adversario.

Como podrán suponer, la polémica estaba servida. En el Endurance ya no se habla de nada más. Supongo que vamos a tener tema de conversación para todo lo que queda del invierno. Que me imagino que es lo que deseaban Wild, Hurley, Worsley y el propio Shackleton, tenernos distraídos con estas cosas.

22 de junio de 1915
Es paradójico hablar del día más corto, dado que lo único que tenemos es una cierta luz crepuscular. Pero en cualquier caso, hoy es el solsticio de invierno, el día en que se da la máxima diferencia entre la duración del día y la noche. Una fecha significativa para todas las culturas y que se asocia a fiestas. Como hemos hecho nosotros.


A medianoche la oscuridad era más impenetrable que nunca
A medianoche la oscuridad era más impenetrable que nunca
 Supongo que deberíamos temer la llegada del invierno y, por lo tanto, ponernos en guardia para ese periodo tan duro -por la oscuridad, frialdad y hambre- para la mayoría de las regiones del planeta. Sin embargo, hoy reina en el barco un aire festivo. Las razones son dos, o incluso tres y quisiera explicárselas a continuación.

Por una parte, ya hemos tomado conciencia de lo que nos espera. Para nosotros, el futuro tiene muchas incertidumbres, pero el miedo no va a hacer que desaparezcan. Incluso yo diría que hay como un espíritu de desafío: cuanto antes lleguen… antes nos enfrentaremos con ellas.

Además, cada día que pasa es un día menos de esta condenada de oscuridad e inactividad de la que estamos prisioneros. Hoy he escuchado a muchos comentar que ya llevamos atrapados más de cinco meses, luego –posiblemente- ya hemos pasado más de la mitad del tiempo que tendremos que permanecer encerrados por el hielo.

Nos desplazamos veloces
Otra de las razones para nuestro optimismo es que una brisa procedente del Sur está haciendo que toda la masa de la banquisa, con el Endurance incluido, derive de forma inusualmente rápida hacia el Norte.

De hecho, Worsley nos ha comentado, que en los últimos cinco días nos hemos movido más de 70 kilómetros en dirección Norte. E ir hacia el Norte, hacia arriba, como yo suelo decir con gran diversión de todos, significaba llegar a aguas más cálidas donde el hielo terminará por resquebrajarse.

Hablando de brisas, precisamente Shackleton me comentó hace un par de días, que una de las cosas que más le estaba sorprendiendo, del tiempo que llevamos entre los hielos en el mar de Weddell, es la ausencia de grandes temporales.

Según él, en sus anteriores expediciones a la Antártida, en el mar de Ross, los fuertes vientos y las ventiscas habían barrido día tras día la superficie del mar helado. Y aquí no hay más que brisas, que si llegan a la fuerza de un vendaval, no lo hacen por mucho tiempo.

Gran fiesta en el Ritz
La tercera de las razones para el ambiente optimista de hoy es la gran fiesta que hemos estado preparando para celebrar el solsticio de invierno. El cocinero preparó una de las mejores cenas que hemos probado en el barco y después, toda la tripulación reunida en el Ritz, montamos una juerga por todo lo alto.

Hubo discursos, canciones y brindis durante horas, y con la llegada de la media noche todos puestos en pie cantamos el “Dios Salve al Rey” y nos deseamos éxito en los días de oscuridad y esfuerzo que todavía nos esperaban.

Yo no pude dejar de recordar que en la antigua Roma en el solsticio de invierno se desarrollaba la Saturnalia, unas de sus grandes celebraciones o puede que la mayor. Durante la misma, la gran sacerdotisa pronuncia las siguientes palabras:

"Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre engendrará nuevamente al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol desde vientre de la noche."

Que así sea, porque nos esperan momentos oscuros y duros.
 

15 de junio de 1915
La monotonía de estas semanas se ha roto con la preparación del Gran Derby Antártico. Una carrera en la que los perros han demostrado su fuerza, los conductores su destreza y todos nuestras ganas de divertirnos.


Por fin llegó el gran día
El difícil hablar del silencio de los hielos antárticos cuando sobre ellos se encuentra una jauría de perros divididos en grupos y dispuestos a competir como si en ello les fuera la vida. Pero aunque se hubiese producido un milagro y hubieran enmudecido durante un tiempo, lo que no se hubiera sido posible de acallar eran los gritos de entusiasmo de los hombres del Endurance.

Y es lógico, llevamos semanas esperando este acontecimiento que había anunciado Shackleton hace tiempo: una gran carrera de trineos y perros. Todo había comenzado cuando el Jefe dividió los perros en grupos y asignó a un responsable por grupo. Inmediatamente el espíritu competitivo de hombres y perros hizo que cada grupo se aplicase por hacerlo un poco mejor que el otro.

Las rivalidades surgieron y crecieron, las bravuconadas de un conductor era respondidas  con fanfarronadas mayores de los demás. Todos parecían tener los perros más fuertes, veloces y disciplinados, y todos estaban dispuestos a demostrar que lo que vociferaban era la verdad absoluta.

El Gran Derby
Por lo tanto, cuando Shackleton anunció que iba a tener lugar una carrera para dirimir qué tiro de perros era mejor, no hizo más que poner fecha a algo que ya flotaba en el aire. A partir de aquel momento comenzaron las apuestas. Primero tímidamente, casi de forma clandestina, luego de forma más espontánea y decidida, para terminar siendo controladas por el contramaestre con tal profesional que parecía que se había dedicado a eso toda la vida.

Los equipos se prepararon. Se alimentó y cuidó a los perros como si se tratara de puras sangres del hipódromo de Ascot. Un enjambre de “expertos” examinaba a los perros palpándoles los músculos con rigor de profesionales, y si los conductores se hubiesen dejado les hubiesen hecho lo mismo a ellos.

Se observó los entrenamientos con la meticulosidad del que sabe que su futura fortuna o pobreza depende de la decisión que está a punto de tomar. Se hicieron correr todo tipo de rumores malintencionados para desestabilizar las apuestas. El último, que Amundsen cojeaba porque Nelson le había mordido una pata, fue desmentido con tal violencia por Crean, que más parecía que se estaba poniendo en duda la honestidad de su propia madre.

Todo listo para la carrera
Y por fin llegó el gran día. Cinco grupos de perros se dispusieron para tomar la salida. Las apuestas, en las que participaba toda la tripulación sin la menor excepción, habían sido fuertes. Dos acólitos del contramaestre se movían de un lado para otro portando dos pizarras donde habían escrito las cotizaciones. “6 a 4 para Wild, doble apuesta para Crean, 2 a 1 contra Hurley, 6 a 1 contra Macklin y 8 a 1 contra el pobre de McIlory”.

Si bien se rumoreó que había apuestas de dinero, las que más entusiasmo despertaban eran las que se hacían con las asignaciones privadas de chocolate y cigarrillos.

La labor de cronometrar el tiempo se asignó nada menos que al físico de la expedición Reginald James, cuyo título del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge pareció suficiente garantía.

Por fin todo estuvo listo, los trineos de perros se dispusieron a 640 metros del barco y bajo la débil luz de una aurora que brillaba intermitentemente, Shackleton, que era el juez de salida, hizo destellar una luz en la estación meteorológico.
 
En ese mismo instante comenzó una loca carrera que tuvimos que intuir, más que ver dado que la oscuridad era casi total pese a ser mediodía, por las voces de los conductores de los trineos. Segundo tras segundo sus gritos e improperios fueron aumentando de volumen, señal cierta de que se aproximaban a gran velocidad.

En la improvisada tribuna que se había instalado delante del Endurance el clamor aumentaba sin que nadie pudiese precisar quién iba por delante.

Hasta que se vio aparecer la figura inconfundible de Wild, o más bien se escuchó su vozarrón inconfundible, que había logrado adelantar a sus competidores y se proclamó campeón indiscutible. Aunque seguido a poca distancia por el tiro de perros de Hurley.

No sé qué me hace pensar… que aquí va a ver revancha 

8 de junio de 1915
Mientras que sigue la deriva del barco, tratamos de buscar distracción en todo lo que nos rodea y en especial en los cachorros que nacieron hace meses. También el resto de los perros son objeto de atención, en especial desde que Shackleton ha decidido llevar el Gran Derby Antártico.


Una imagen de hace unos meses. Ahora ya no se parecen en nada a esas bolitas de pelo.
Una imagen de hace unos meses. Ahora ya no se parecen en nada a esas bolitas de pelo.
La deriva del Endurance atrapado entre los hielos sigue inexorablemente en dirección Oeste-Noroeste. A veces observábamos un aumento de presión en los hielos, pero afortunadamente éste no se transmitía hasta el barco. Por el momento, en ese aspecto, estamos tranquilos.

La oscuridad es total, salvo en alrededor del mediodía cuando un débil crepúsculo nos recuerda que existe el sol, aunque hace tiempo que dejamos de verlo y todavía nos queda mucho para que vuelva a aparecer.

En este tiempo la única luz proviene de la luna que ilumina el entorno de hielo con una luz fría y majestuosa. Pero claro, no siempre la luna asoma por encima del horizonte, luego nos tenemos que consolar con lo que tenemos.

Los cachorros crecen
A mediados de enero les comentaba que una de las perras, a la que llamábamos Sally, había parido a cuatro cachorros que habían sido adoptados –y protegidos de los intrusos que éramos todos nosotros- por el bueno de Tom Crean.

Hoy, cinco meses después, los cachorros han crecido en tamaño y en el radio de acción de sus correrías, que ya llegan a todos los extremos del barco. Todos seguimos con mirada tierna sus zalamerías y jugamos con ellos a gusto. Creo que no hay un solo miembro de la tripulación que no disfrute de su presencia.

Los otros perros también les consienten lo suyo, en especial Amundsen, que aunque es el perro más grande de la jauría, con los cachorros es un autentico padrazo que les deja hacer todo lo que quieren.

Ya es una imagen habitual ver al pobre Amundsen fuera de su iglú, tumbado sobre el hielo bajo un frío -que todos ustedes se pueden imaginar-, porque el interior de su confortable iglú está lleno de okupas, que no son otros que los cachorros de Sally.

Y así, ante la mirada de filosófica resignación del bueno de Amundsen, vemos a Nelson, uno de los cachorros, que asoma por la puerta del iglú la cabeza y las patas delanteras. Mientras sus tres hermanos, Nelly, Roger y Toby, permanecen enroscados en el fondo del iglú.

Y lo peor era cuando se les daba de comer. Entonces es corriente ver al mismísimo Tom Crean vigilando al lado de la comida de Amundsen, para evitar que los descarados cachorros se la comiesen. Mientras el gran perro, que hubiera defendido a muerte su comida ante la agresión de cualquiera de los otros perros, retrocedía amablemente para dejarles el camino libre.

El Gran Derby Antártico se aproxima
Como los cachorros ya son grandes, Crean los está comenzando a entrenar para que la llegar la primavera puedan tirar de un trineo. Nos podemos pasar la horas mirando cómo trotan para tratar de mantenerse a la altura del trineo de Crean.

Da mucha pena cómo le miran implorantes para que les suba encima del trineo. Al final siempre lo hace dado que tiene que fortalecer a sus perros con vistas al Gran Derby Antártico.

El derby es una idea de Shackleton que dividió los perros en seis grupos y los puso bajo la dirección de algunos de sus mejores hombres: su lugarteniente Wild, el fotógrafo Hurley, el segundo oficial Tom Crean, el dibujante de la expedición Marston y los dos médicos, los doctores Macklin y Mcllroy.

Desde que empezaron los entrenamientos de los perros, han ido aumentando las rivalidades entre los equipos y las bravuconadas han dejado paso a un auténtico desafío que tendrá lugar el próximo 15 de junio. Luego, ese mismo día o el siguiente, les contaré el resultado del Gran Derby Antártico, que promete se emocionante.

Editor del Blog
Javier Cacho
Eduardo Martínez de la Fe
Javier Cacho es científico y escritor especializado en historia de la exploración polar.
Fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresó en otras cinco ocasiones, las últimas como jefe de la base antártica Juan Carlos I. Recientemente ha publicado “Amundsen-Scott, duelo en la Antártida” (2011), y “Shackleton, el indomable” (2013). En el blog, recrea la expedición de Shackleton a través de un periodista imaginario, Alexander Vera O’Hara.


La obra definitiva sobre la odisea de Shackleton. No te la pierdas.


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