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EL ARTE DE PENSAR. Alfonso López Quintás







Blog de Tendencias21 sobre formación en creatividad y valores

Método tercero

La finalidad de este Método Tercero, en su Segunda Parte, es mostrar el sorprendente poder formativo que alberga la experiencia musical cuando la vivimos de forma creativa, como un modo de encuentro con las obras, los autores, los estilos, las épocas... La contemplación estética adquiere, así, el valor de una re-creación.


Segunda Parte

PODER FORMATIVO DE LA MÚSICA

Toda interpretación auténtica supone una nueva creación de la obra, no una mera repetición; es un recuerdo, en el sentido original de dar nueva vida. «Recordar es vivir», escribió certeramente Miguel de Unamuno. El verbo «recordar» procede del genitivo del sustantivo latino «cor» (corazón). Recordar es pasar por el corazón, tener la corazonada de traer algo nuevamente a la existencia. Con razón, los franceses y los ingleses interpretan el saber de memoria como un saber cordial (saber «par coeur», «by heart»).

Poder formativo del arte musical

Artículo n°107
Por fortuna, en la actualidad se cultiva profusamente la música. En los centros escolares se dedica creciente atención al aprendizaje musical. Diversas instituciones incrementan de día en día las posibilidades de asistir a conciertos de alta calidad. En numerosos lugares se han creado, últimamente, orquestas y coros que nos sorprenden, a menudo, por su perfección técnica. Pero, de ordinario, apenas se repara en algo decisivo para nuestro desarrollo como personas: el poder formativo que tiene el arte musical. Con frecuencia se reduce este arte a un fabuloso medio de diversión, de halago sensorial y psicológico, de refinamiento del gusto. No debe ignorarse que, además de eso y en un nivel superior, la experiencia musical puede contribuir eficazmente a nuestro crecimiento y maduración como personas.

La música significa, en la vida humana, mucho más de lo que suele pensarse, incluso entre los profesionales de la misma. Debemos, por ello, reflexionar sobre su alcance y su sentido, sin fantasías incontroladas pero con imaginación creativa, que es la facultad de lo profundo, lo que no se ofrece a primera vista precisamente por ser muy valioso. Cuanto implica, abarca y promete llegar a ser una persona no se nos muestra de golpe desde el principio; hemos de irlo descubriendo a través del trato. Lo que es la música, lo que puede llegar a darnos si entramos en relación de verdadero encuentro con ella no podemos sospecharlo siquiera cuando la vivimos de forma superficial, aunque sea con rigor técnico.

Carácter relacional de la estética de la música

Mi propósito es elaborar una estética musical de tipo relacional, no relativista. La música es un fenómeno real, dotado de impresionante eficiencia en la vida humana, pero su realidad no es semejante a la de las realidades «objetivas», es decir, las que se hallan frente a nosotros, en un ámbito exterior, y podemos verlas como algo distinto y distante, externo, extraño, ajeno. La música surge y se desarrolla en relación viva con las personas dotadas para ello. La música es creada constantemente por el hombre sobre la base de las vibraciones que se producen en su entorno y que él mismo suscita.

En todos los tiempos hubo personas sensibles que acogieron con emoción el don de la música y se esforzaron por descubrir todas sus posibilidades. Los maravillosos descubrimientos que se han realizado durante siglos –el del ritmo, la melodía, la armonía, el timbre, las formas, las combinaciones de instrumentos...– constituyen un patrimonio de la humanidad que todos debemos respetar, sobre todo quienes se vean capaces de incrementarlo con nuevas aportaciones, tanto respecto a los estilos como a las posibilidades instrumentales y las concepciones estéticas.

Por estar dotado de inteligencia, el hombre procuró, en todo tiempo, dar razón de la capacidad de la música para generar belleza y suscitar sentimientos de gozo y autoestima en quienes la viven de forma creativa. Determinados aspectos de la música son susceptibles de análisis intelectual; pensemos en las leyes de la armonía y composición, la estructura de las formas, las técnicas interpretativas...Otras facetas no menos importantes se evaden a nuestra capacidad de comprensión intelectual. Las más tenaces investigaciones sobre la potencia inventiva de los compositores –la llamada «inspiración»–, el origen del sentido musical o gusto y otros temas semejantes nos llevan a una región límite, al campo enigmático de los orígenes, que suscita en nuestro ánimo sentimientos de admiración y respeto. Por eso, el hecho de que la música sea, en buena medida, creación del hombre no indica que éste sea dueño de ella, pueda actuar con desenfado arbitrario y quebrantar las normas que rigen la tarea de «generar obras en la belleza», como decía Platón. El hombre crea obras musicales, pero lo hace dentro del cauce de las posibilidades que ha ido descubriendo esforzada y genialmente a lo largo de la historia. Es autónomo y heterónomo a la vez, es decir, se rige por principios, cánones y reglas que, en parte, estableció él mismo y que, en gran medida, recibió como un don. Olvidar esta condición «relacional» del ser humano bloquea nuestra capacidad creativa.

El decisivo poder de la relación

Artículo n°107
Me interesa sobremanera el estudio de la estética musical no sólo porque contribuye a afinar el gusto, procurarnos un sinfín de gratificaciones, penetrar en el enigma de la belleza..., sino, sobre todo, porque nos ayuda a descubrir el arte de vivir en plenitud como personas. Las distintas vertientes de la cultura deben tener como meta ayudar al hombre a desarrollar todas sus virtualidades, singularmente las más elevadas.

No hace falta forzar la imaginación para descubrir el valor educativo de la música; basta analizar a fondo lo que ésta es, la formidable envergadura que ostenta en las grandes obras, los amplios horizontes de vida personal que nos abren los autores geniales. Penetrar en cuanto implican, por ejemplo, El arte de la fuga de Bach, La creación de Haydn y el Don Giovanni de Mozart es suficiente para saber de cerca lo que significa la estética musical. Es una disciplina que intenta descubrir a qué cotas de madurez humana puede elevarnos la música si logramos captar debidamente su mensaje de belleza y humanismo.


Artículo n°107
Igor Strawinski -compositor nada proclive a ensoñaciones imaginarias- subraya en su Poética musical que el sentido profundo de la música y su fin esencial «es el de promover a una comunión, a una unión del hombre con su prójimo y con el Ser» (1). En esta línea de preocupación por vincular la cultura y el desarrollo personal, un porcentaje muy elevado de estudiantes franceses pidió recientemente un mayor cultivo, en las escuelas, de la formación artística, vista como un medio excelente para incrementar la capacidad creativa y el sentido de la vida (2).

Este poder formativo se debe, en principio, a la estructura misma de la música, que es un tejido de relaciones. Hoy sabemos, por las disciplinas que estudian al hombre, que éste es «un ser de encuentro»; vive como persona, se desarrolla y perfecciona en cuanto tal creando toda serie de encuentros, que son modos privilegiados de interrelación. La categoría de relación es la palanca que nos permite elaborar una teoría de la formación humana sólida, realista, basada en una experiencia de alta calidad y en los hallazgos de la investigación científica más cualificada actualmente (3).

Mi Estética musical se halla inspirada de parte a parte en una «Pedagogía de la admiración» según la cual lo que procede hoy día no es tanto «enseñar» valores cuanto «ayudar a descubrirlos». Por ello sólo pudo ser redactada tras investigar el nexo que existe entre el encuentro y el desarrollo humano (4) y descubrir el poder formativo de la literatura y el arte (5). Estos tres bloques de investigación se complementan entre sí. Al estudiar literatura, se advierte que buen número de obras literarias contemporáneas sólo pueden comprenderse a fondo si se tiene una idea precisa de lo que es la música, y, al ahondar en el sentido de la música, se descubre que multitud de obras musicales requieren, para ser debidamente asumidas, un conocimiento aquilatado de las posibilidades expresivas del lenguaje.

Lo que intento en esta segunda parte del Método Tercero es sugerir a los lectores la idea de que la música presenta un sentido, un valor y una fecundidad mucho mayores de lo que a menudo se piensa, y que, para captar esa sorprendente significación antropológica, debemos vivir la experiencia musical de forma creativa, como hacemos con un poema cuando lo asumimos personalmente y lo declamamos con intención artística.

Cuando hablo de la formación por la música, me refiero a la llamada “música clásica”, basada en criterios de equilibrio, belleza, emotividad, entusiasmo, potenciación de los grandes hallazgos realizados, a través de la historia, en cuanto a melodía, armonía, modalidades, tonalidades, composición, timbre y demás recursos expresivos. Siento inmenso respeto por todo esfuerzo innovador, a condición de que no se reduzca a vano experimentalismo, más afanoso de meras novedades que de búsqueda inspirada de la belleza. «Nadie puede negar –escribe Gabriel Marcel- que, en las grandes épocas de la historia de la música, el afán de innovación a todo precio fue completamente ajeno a los grandes creadores» (6).

Esta Segunda Parte del Método Tercero quiere realizar dos tareas complementarias: exponer las bases de una Estética musical y descubrir el poder formativo de la música. Como, para mayor claridad, esas tareas han de realizarse por separado, deberé retomar los temas básicos más de una vez, para clarificarlos desde la vertiente que corresponda en cada momento. No se tratará, pues, de repetir lo mismo –lo que sería impertinente- sino de insistir en el análisis de la experiencia estética desde diversas perspectivas a fin de ganar en hondura y precisión. De esta forma pondremos al descubierto buena parte de las posibilidades formativas que alberga la música.

Para ayudar al lector a leer los distintos apartados de este Método de forma creativa, aduciré buen número de ejemplos tomados de obras musicales significativas y conocidas. Procuraré, en lo posible, utilizar algunos de esos ejemplos en diversos contextos para simplificar la tarea de quienes tengan un conocimiento limitado de la Historia de la Música.


NOTAS

(1) Cf. o.c., Taurus, Madrid 1977, p. 23.
(2) Sobre el informe de la comisión que realizó la amplia encuesta, véase la obra de Rafael Gómez Pérez: Ni de letras ni de ciencias, Rialp, Madrid 1999, p. 78.
(3) Amplia y selecta bibliografía nos la ofrecen estas obras: Juan Rof Carballo: Violencia y ternura, Prensa Española, Madrid 1977, 3ª ed.; El hombre como encuentro, Alfaguara, Madrid 1973. Manuel Cabada Castro: La vigencia del amor, San Pablo, Madrid 1994.
(4) Cf. Descubrir la grandeza de la vida, Verbo Divino, Estella, Navarra 2003; El secreto de una vida lograda, Palabra, Madrid 2004, 2ª ed.; Inteligencia creativa, BAC, Madrid 2003, 4ª ed.
(5) Cf. La formación por el arte y la literatura, Rialp, Madrid 1993; Cómo formarse en ética a través de la literatura, Rialp, Madrid 1997, 2ª ed.; La experiencia estética y su poder formativo, Universidad de Deusto, Bilbao, 2004.
(6) Cf. “Las condiciones de una renovación del arte”, en Coloquios sobre arte contemporáneo, Guadarrama, Madrid 1958, p. 367.

Alfonso López Quintás
23/05/2018

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Editado por
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás realizó estudios de filología, filosofía y música en Salamanca, Madrid, Múnich y Viena. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático emérito de filosofía de dicho centro; miembro de número de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas –desde 1986-, de L´Académie Internationale de l´art (Suiza) y la International Society of Philosophie (Armenia); cofundador del Seminario Xavier Zubiri (Madrid); desde 1970 a 1975, profesor extraordinario de Filosofía en la Universidad Comillas (Madrid). De 1983 a 1993 fue miembro del Comité Director de la FISP (Fédération Internationale des Societés de Philosophie), organizadora de los congresos mundiales de Filosofía. Impartió numerosos cursos y conferencias en centros culturales de España, Francia, Italia, Portugal, México, Argentina, Brasil, Perú, Chile y Puerto Rico. Ha difundido en el mundo hispánico la obra de su maestro Romano Guardini, a través de cuatro obras y numerosos estudios críticos. Es promotor del proyecto formativo internacional Escuela de Pensamiento y Creatividad (Madrid), orientado a convertir la literatura y el arte –sobre todo la música- en una fuente de formación humana; destacar la grandeza de la vida ética bien orientada; convertir a los profesores en formadores; preparar auténticos líderes culturales; liberar a las mentes de las falacias de la manipulación. Para difundir este método formativo, 1) se fundó en la universidad Anáhuac (México) la “Cátedra de creatividad y valores Alfonso López Quintás”, y, en la universidad de Sao Paulo (Brasil), el “Núcleo de pensamento e criatividade”; se organizaron centros de difusión y grupos de trabajo en España e Iberoamérica, y se están impartiendo –desde 2006- tres cursos on line que otorgan el título de “Experto universitario en creatividad y valores”.



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