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EL ARTE DE PENSAR. Alfonso López Quintás







Blog de Tendencias21 sobre formación en creatividad y valores

Cuaderno de Bitácora

¿A quién damos la primacía: al bien o al mal?



Hace unos meses, al entrar en un campus universitario, me sorprendió ver pintadas en una pared estas tres palabras: ¡VIVA EL MAL! Yo me pregunté a qué tipo de mal se refiere el autor de esta pintada. ¿Será el mal físico, el fisiológico, el social, el espiritual? No creo que dé vivas al hambre de los niños, a los desalmados que los arman y mandan a la guerra… Es difícil pensar que aluda al mal temible de una enfermedad incurable. ¿A qué mal vitorea ese ciudadano, que nos interpela con ese exabrupto? ¿Se refiere, acaso, al mal que inspira a quienes provocan guerras para vender más armas?

Cuando cierto político enarboló, en su día, la bandera de la lucha como principio de progreso, vislumbraba tal vez que esa convocatoria belicosa inflamaría los pueblos y causaría devastaciones. Pero podría también pensar que era un mal ineludible para superar una situación tan horrenda como es la miseria endémica de la sociedad. Se defendía, pues, el mal de la lucha como la primera fase de un proceso que, a la postre, abocaría al bien de la humanidad.

En la escueta y siniestra frase ¡Viva el mal! no se condiciona el mal al logro de un bien. Se habla del mal a solas, como un absoluto, y se lo glorifica. Si, en un tiempo, se postuló el “arte por el arte”, ahora se pide larga vida para el mal, el mal a solas, el mal absolutizado, el mal como principio del obrar.

No sé cuánto tiempo llevaba allí esa proclama, pero allí estaba. Aunque sólo fuera un día, sería excesivo tiempo, pues lo que no tiene sentido sobra en todo momento. No se ataca, en ella, lo religioso, ni a los religiosos, como está ahora pasando en tantos países. Se magnifica el mal; se le desea vida suficiente para imponerse en todo el mundo. Tal vez sea esto peor que aquello, pues en tal proclama se agita el espíritu que inspira todos los males.

Pienso en la interioridad de quien ha escrito eso y lo mantiene a la puerta de un centro llamado a ser cuna de sabiduría, una alma Mater o “madre santa”. Cuando voy a la universidad antigua de Salamanca y visito el aula del Padre Francisco de Vitoria, me siento emocionado, porque allí fue concebido el Derecho de Gentes, que contribuyó a mejorar la suerte de los aborígenes de América y a estructurar las leyes que rigieron la vida de los pueblos desde la modernidad. Si entro en una universidad presidida por el siniestro grito de “¡Viva el mal!”, me apena pensar a dónde llegará el poder destructivo de quienes, en la eterna lucha entre el bien y el mal, se inclinan por éste.

Dicho brevemente, desear que “viva el mal” es destruirse como persona. Proclamarlo ante los demás es invitarlos a una especie de suicidio. ¡Fíjense qué estropicio!


Alfonso López Quintás
06/07/2016

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Método tercero

«Nadie duda de que existe una profundidad metafísica en lo sensible. Revelárnoslo es, justamente, la tarea de los artistas». (Louis Lavelle).
«El arte no es la espacialización y temporalización del hombre; es la alegría del hombre que domina el tiempo y el espacio. El arte es la hora cosmogónica del hombre». (Luigi Stefanini)


LA BELLEZA DE LAS FORMAS

Andreas Feininger, un esteta norteamericano que llegó a la fotografía después de haber ejercido la profesión de arquitecto junto al gran Le Corbusier, acierta a plantear, con un puñado de imágenes inteligentemente tomadas y dispuestas, un problema de gran alcance : el origen y la razón de la belleza de las formas naturales (1). ¿Son las formas un bello “espectáculo”? ¿O son, más bien, bellas por no ser meramente “espectaculares”, en el sentido de mero objeto de diversión gozosa?

Ya San Agustín, tan sensible al fenómeno de la belleza, había entrevisto este problema al escribir:

«Preguntaré, en primer lugar, si las cosas son bellas porque agradan o, más bien, agradan porque son bellas. Sin duda, se me responderá que agradan porque son bellas» (2).

He aquí la espinosa cuestión que divide el pensamiento estético. Nos urge analizarla a la luz de la investigación genética de las estructuras naturales. Feininger plantea la cuestión de un modo radical:

«Si las cosas de la Naturaleza son hermosas, su belleza no es superficial, sino que es la forma resultante de un fin determinado. Por lo general, la naturaleza es práctica, mucho más que el hombre. Sus formas son formas funcionales derivadas de la necesidad. Y, precisamente porque en el mejor sentido de la palabra son funcionales, esas formas son bellas» (3).

Aquí se contrapone la superficialidad a la funcionalidad, que aparece constitutivamente hermanada con la belleza. De este modo, la belleza queda vinculada a la profundidad, y se alumbra así una clave para descubrir el secreto del que nos habla el libro abierto de la Naturaleza que Feininger nos muestra. Pues de lo que se trata, en definitiva, es de averiguar si la belleza es algo a flor de piel que sólo captan los sentidos, o bien algo recóndito que aparece en misteriosa proximidad al origen mismo de los seres.

Alfonso López Quintás
01/07/2016

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Método tercero

Abordamos aquí un tema que nos lleva más allá de cualquier concepción superficial del orden, en su relación con la belleza y la verdad. Nos abre al gran enigma del universo y de nuestra posición en él. Si respondemos activamente a dicha llamada, comprendemos por qué el joven Glaucón se sintió impresionado al oír a Sócrates afirmar que la idea del bien supera en belleza al conocimiento y la verdad, y exclamó: «¡Qué inefable belleza le atribuyes!». «¡Qué maravillosa superioridad!» (La república 509 a, c).


LA BELLEZA, VÍNCULO ENIGMÁTICO ENTRE EL ORDEN Y LA VERDAD

A fin de preparar esa experiencia singular, quiero esbozar el contexto privilegiado en que nos ha situado la ciencia actual, al ahondar con increíble agudeza en los secretos de la materia y en las posibilidades expresivas del lenguaje matemático. Desde la alta cota en que se mueven, nos están abriendo rutas para la comprensión lúcida del fecundo nexo entre fe y ciencia; fe, ciencia y belleza. No en vano, algunos de los protagonistas de la ciencia actual unían a elevados conocimientos profesionales el cultivo esmerado del arte musical, que dispone nuestro espíritu para conseguir la flexibilidad y la agudeza que caracterizan la “mirada profunda” (1).

Es una delicia intelectual observar la perspicacia con que estos autores plantean grandes problemas filosóficos y humanos que nos afectan a todos en lo más íntimo, al tiempo que se mueven en la región de los orígenes y parecen tocar fondo en el enigma de lo real. Leídos con la debida atención, esos textos nos transmiten al menos un eco de la emoción indescriptible que les produce contemplar la naturaleza cara a cara.

La Física actual amplía nuestra mirada

Cuando asumimos los resultados de la Microfísica y la Astronomía actuales, sentimos una especie de zozobra intelectual, pues nos parece entrar en un mundo fluido, evanescente, carente de la necesaria consistencia para sentirnos amparados. Una vez que acomodamos nuestra mente a esta nueva concepción de la realidad, observamos entusiasmados que hemos accedido a un nuevo modo de pensar y de ver, y la vida humana se nos presenta como algo grandioso. Lo ha visto así el físico canadiense Henri Prat:

«Si hacemos una vez el esfuerzo de reflexionar sobre la verdadera complejidad del espacio que nos rodea, y del que formamos parte; si hemos comprendido que en él debemos incluir no sólo las tranquilizantes dimensiones euclidianas, sino el tiempo y la energía en sus múltiples formas, los campos de fuerza, la materia, la información (2), etc., no podemos ya sentirnos nunca más “como antes”: confortablemente asentados (...) sobre un suelo inmóvil, al hilo de un tiempo que transcurre plácidamente. Comprendemos que, en realidad, estamos inmersos en un torbellino de energía, de materia y de vida en ebullición, sobre una nave espacial gigantesca (el planeta tierra), lanzada velocísimamente por el Universo; que no somos sino partículas ínfimas y muy relativamente autónomas de este espacio multidimensional. (...) En esto consiste el gran salto actual hacia lo desconocido: el paso brutal del pequeño acerbo de conocimientos estables y bien etiquetados de nuestros abuelos a la cegadora explosión de la ciencia contemporánea; a la adquisición de fuerzas prodigiosas, de un dominio ilimitado de la naturaleza, de la apertura al espacio cósmico. Con todo lo que esto implica de magníficas posibilidades pero también de riesgos de catástrofes si, en el gran cerebro del “mono desnudo”, la ingeniosidad prevalece sobre la inteligencia, la violencia sobre la armonía y el odio sobre el amor» (3).

Es impresionante pensar que, en el fondo, todas las realidades terrestres venimos a ser un torbellino de energías estructuradas, que cabalgamos sobre una enorme bola de energía que gira en torno a otra mucho más voluminosa, en la cual la fusión atómica produce altísimas temperaturas, y gira, a su vez, en relación a otros astros formando parte de los millones de sistemas solares que se extienden por espacios de extensión inimaginable...

Por la fuerza misma que implica el modo de ser del universo estudiado hasta sus últimos reductos, la investigación física actual nos lleva a un cambio de mentalidad, de estilo de pensar. El modo de pensar "cosista" u "objetivista" no puede dar razón de los nuevos descubrimientos. Hoy la investigación física no ve la realidad como una especie de inmensa caja china, dentro de la cual se hallan cajas cada vez más pequeñas. Las más diminutas serían los átomos, y dentro de ellos las últimas partículas a las que se puede tener hoy acceso. La física de las partículas elementales no interpreta éstas como cuerpos pequeñísimos, sino como "eventos", acontecimientos, algo que aparece y se desvanece en tiempos mínimos. Un protón y un electrón no ocupan espacio, no son cosas permanentes, son centros de eficiencia o de acción transespaciales, inmateriales, inintuibles.

«Las partículas elementales ‒escribe Werner Heisenberg‒ son más bien un mundo de tendencias o posibilidades que un mundo de cosas y de hechos» (4).

Los eventos espontáneos e instantáneos que aparecen como chispas en milésimas y hasta millonésimas de segundo en la pantalla fluorescente que utilizan los investigadores para hacer visibles las apariciones microcósmicas no son divisibles como cosas corpóreas o corpúsculos. Esas energías primarias son «un primer asomo, potencial aún, de estructura, es decir, de forma (no sustancial todavía)» (5).

«Las partículas elementales no adquieren sus propiedades en virtud de una estructura intrínseca ‒en ese caso, serían elementos compuestos‒, sino por estar incrustadas en el orden superior de las llamadas “leyes de cuadro” (“Rahmengesetze”), que relacionan a dichas partículas entre sí (...)» (6).

Al relacionarse esas energías primarias entre sí, dan lugar a las diversas formas de realidad física.

«(...) La materia ‒advierte H. Prat‒ no es más que energía “dotada de forma”, informada; es energía que ha adquirido una estructura. La destrucción parcial de esta estructura desencadena torrentes de energía hasta entonces tenida en reserva sabiamente en los pequeños edificios, más o menos estables, que son los átomos» (7).

Una estructura es un conjunto ordenado de relaciones. Una relación es el ingrediente mínimo de una estructura. La importancia de la relación la expone nítidamente el físico y filósofo alemán Wolfgang Strobl:

«Tan sólo la concatenación de un complejo de relaciones es capaz de dar “cuerpo real”, por decirlo así, a los aconteceres elementales, que se realizan gradualmente, en un orden rigurosamente jerárquico, emergiendo de las actualizaciones primarias y ascendiendo a través de las estructuraciones que forman el orden atómico, el orden molecular, el orden cristalino, hasta las formas intuibles que somos capaces de percibir. O expresado a la inversa, de modo negativo: en la naturaleza no se da una existencia aislada. Un electrón o un protón solo, desprovisto de su campo de coexistencias, resultaría al mismo tiempo despojado de todo sentido no sólo físico sino también óntico. Para que haya realizaciones elementales y, (...) distendido por ellas, un medio espacio-temporal, es condición necesaria el presupuesto de relaciones preexistentes. Los conceptos de relación (...) y de estructura (...) vienen a figurar, cada vez más, en el primer lugar y rango de las categorías científicas. Se impone la primacía de la totalidad e integración mutua sobre sus constituyentes» (8). « (...) Todas las “cualidades” que adscribe la física a las partículas elementales ‒masa, niveles energéticos, estados cuánticos, carga eléctrica, carga nucleónica o número barónico, “spin” e “isospin”, paridad... ‒ son conceptos relativos, o mejor: relacionales» (9).

Alfonso López Quintás
01/07/2016

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Editado por
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás
Alfonso López Quintás realizó estudios de filología, filosofía y música en Salamanca, Madrid, Múnich y Viena. Es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático emérito de filosofía de dicho centro; miembro de número de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas –desde 1986-, de L´Académie Internationale de l´art (Suiza) y la International Society of Philosophie (Armenia); cofundador del Seminario Xavier Zubiri (Madrid); desde 1970 a 1975, profesor extraordinario de Filosofía en la Universidad Comillas (Madrid). De 1983 a 1993 fue miembro del Comité Director de la FISP (Fédération Internationale des Societés de Philosophie), organizadora de los congresos mundiales de Filosofía. Impartió numerosos cursos y conferencias en centros culturales de España, Francia, Italia, Portugal, México, Argentina, Brasil, Perú, Chile y Puerto Rico. Ha difundido en el mundo hispánico la obra de su maestro Romano Guardini, a través de cuatro obras y numerosos estudios críticos. Es promotor del proyecto formativo internacional Escuela de Pensamiento y Creatividad (Madrid), orientado a convertir la literatura y el arte –sobre todo la música- en una fuente de formación humana; destacar la grandeza de la vida ética bien orientada; convertir a los profesores en formadores; preparar auténticos líderes culturales; liberar a las mentes de las falacias de la manipulación. Para difundir este método formativo, 1) se fundó en la universidad Anáhuac (México) la “Cátedra de creatividad y valores Alfonso López Quintás”, y, en la universidad de Sao Paulo (Brasil), el “Núcleo de pensamento e criatividade”; se organizaron centros de difusión y grupos de trabajo en España e Iberoamérica, y se están impartiendo –desde 2006- tres cursos on line que otorgan el título de “Experto universitario en creatividad y valores”.



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