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Blog de Tendencias 21 sobre sostenibilidad

El éxito de un proceso participativo es fruto de varios ingredientes. Uno de los básicos es la confianza, de la que tanto hemos hablado en artículos anteriores. La otra clave es la capacidad de escucha activa. Además de una técnica para mejorar la comunicación entre las personas, creemos que es la puerta de entrada para conectar con la verdadera naturaleza de las personas.


La escucha activa se suele definir como una técnica y estrategia de comunicación, como una manera de escuchar con plena conciencia a nuestro interlocutor y demostrarle que le hemos entendido. Desde la manera como nosotras la utilizamos, es mucho más.
 

¿Qué tal si te contamos cómo se desarrollan nuestros procesos de participación para que entiendas la dimensión que damos a la escucha activa?
 
 

El proceso del proceso

 
La esencia de un proceso participativo es construir nuevas realidades colectivas a partir de las visiones personales. No se trata de imponer una postura en detrimento de otra —ya dijimos que ganar no es el objetivo — ni de hacer una amalgama de visiones, sino de generar una nueva realidad.
 

Esas nuevas realidades las creamos usando como punto de referencia un relato compartido, un discurso que alinee lo que tienen en común las distintas posturas.
 

Por dar una pincelada que ilustre esto de lo que estamos hablando, el relato común de un proceso participativo podría ser «el reto de vivir de la naturaleza apoyándola al mismo tiempo». Este sería el gran tema de fondo que compartirían los participantes del proceso. Las posturas individuales serían tan diversas como crear más servicios de ocio en espacios naturales, sacar más provecho de la madera del monte o regular el acceso a las zonas recreativas.

Con todo esto, nuestra misión es llegar a una nueva realidad que integre todas las necesidades y cada parte satisfaga la suya sin dañar el bien común.

 

El momento de la escucha

 

¿Cómo llegamos a crear ese relato común?
 

Antes de llegar aquí, existen visiones particulares del problema que descubrimos en entrevistas individuales donde nos abrimos a la diferencia, nos fascinamos con cada posición, sin juzgar y sin dar nada por sentado.
 

Es aquí donde empieza nuestra escucha activa y la observación de la diversidad. Nuestra labor como facilitadores del proceso es escuchar con cariño y asombro a cada parte y comprender sus porqués.
 

El verdadero ejercicio por ambas partes, por el entrevistado y por nosotros, consiste en deshacernos del disfraz, del personaje que interpretamos en este teatro del mundo —como lo llamó Calderón de la Barca—, y llegar a la grandeza humana que hay en cada persona.
 

Todos actuamos según un rol preestablecido y nos comportamos de acuerdo a lo que se espera de él. Sin embargo, la escucha activa deja fuera toda presión por mantener la postura que corresponde a cada rol para llegar a la esencia de las personas.
 

En la escucha, los participantes en el proceso dejan de ser vecino, político o empleado público para sentirse simplemente personas a las que cada una a su manera les duele esta problemática que les ha unido.
 

Esa actitud de escucha activa nos ayuda a crear una conexión genuina y una empatía que permite ponernos en su lugar y comprender su postura.
 

Pensamos que es aquí donde conectamos con la verdadera naturaleza de las personas, donde se encuentra su potencial, como dice nuestro eslogan. Y desde esa profundidad, comprobamos que en el fondo somos bastante iguales.
 
 

El cambio de energía y el feliz desenlace



¿Qué es entonces para nosotros la escucha activa?
 
Desde esta manera de trabajar, la persona que escucha tiene un interés genuino en la persona que habla, disfruta conociendo su realidad, indaga y pregunta hasta comprender sus motivaciones finales, saborea cada descubrimiento.  
 
Este elemento clave supone un cambio en las fuerzas que conducen el proceso.
 
Se trata de abandonar la parte directiva e impositiva, más asociada a la energía masculina, para dar cabida y acoger la llegada de la nueva realidad, asociada a la energía femenina.
 
Como una madre que gesta una nueva vida en su útero, así tratamos de facilitar la creación del nuevo relato compartido. Dejamos que el proceso se desarrolle sin imposiciones, aceptando lo que tenga que ser, lo que tenga que venir.
 
El resultado de todo este trabajo a veces nos sorprende y nos reconforta porque hemos llegado a ver cómo personas que estaban enfrentadas públicamente, que declaraban abiertamente su oposición a la otra parte, tras un proceso participativo han terminado por cambiar de actitud y reconocer la postura «contraria».
 
Esta es la magia que se produce cuando se genera una confianza real que permite a las personas hablar en un clima de respeto. Es cuando hablamos desde un lugar diferente al rol, desde la humildad y la autenticidad, cuando desaparecen las trincheras y aceptamos que no todo es perfecto, que todos estamos aprendiendo y que los procesos participativos son un intento más por hacer las cosas mejor.
 
¿Tú también estás intentando hacer las cosas mejor? ¿Has probado alguna vez a quitarte la máscara y buscar soluciones desde tu naturaleza como persona y no desde el rol que interpretas?

¡Esperamos tus comentarios!




No hace falta echar mano de la Wikipedia para definir la idea que más circula en la sociedad. Líder es la persona que encabeza un grupo y acapara el protagonismo. Da igual si ese grupo es una organización, un movimiento o una empresa. ¿Estás de acuerdo en que es así? Nosotros discrepamos.


Imagen de un proceso participativo realizado por Genea Consultores
Imagen de un proceso participativo realizado por Genea Consultores

En Genea tenemos otra visión de lo que es ser líder y trabajamos el liderazgo apoyándonos en otros parámetros. En este post queremos limpiar un poco la imagen que en general tenemos de los y las líderes porque pensamos, y de hecho trabajamos, por otra modalidad.

 
 

Redefiniendo el liderazgo


La palabra líder proviene del inglés leader, en cuyo origen significa guiar o conducir.


Cuando pensamos en ella vienen a nuestra mente personas que son líderes de partidos políticos, organizaciones religiosas o de una competición deportiva. Digamos que en esta versión, ser líder es ser número 1, la persona sobre la cual gira todo el grupo. Y en general, puede ser la imagen que predomina sobre esta figura.


Ahora bien, no es la única.


De la misma manera que hemos hablado en otros artículos sobre la manera de ejercer el poder para beneficiar el bien común, el tipo de liderazgo que promovemos en Genea sigue esta línea.  


Según nuestro concepto de liderazgo, ser líder es ejercer influencia positiva en las personas para potenciar el valor que aportan tanto a los objetivos comunes como a sí mismas.
 
 

Trabajar bajo un nuevo concepto de liderazgo


En nuestro trabajo diario vemos que uno de los mayores escollos para lograr metas en un equipo son cuestiones que no tienen que ver con la parte técnica.


Los procesos suelen atascarse por cuestiones colaterales, pero no menos importantes. Los intereses particulares, las malas relaciones personales, la falta de coordinación o de un objetivo común son puntos que bloquean el trabajo por la Sostenibilidad. En definitiva, la falta de liderazgo tal y como lo entendemos nosotros.


El liderazgo, desde esta perspectiva, es una herramienta que nos ayuda a materializar un propósito: trabajar hacia la Sostenibilidad a través de relaciones sinérgicas.



Cualidades para ser líder


El tipo de liderazgo sobre el que nos enfocamos se inspira en unos principios y en unos valores concretos.


Para ser capaz de ejercer una influencia positiva y desinteresada, la persona líder debe reunir una serie de cualidades que parten de sí misma y se extienden al grupo.


Entre las más valoradas destacan:
 

  • Creer en el potencial y capacidad de las personas con las que se trabaja y ser capaz de identificar y transmitir ese potencial hasta que esas personas sean capaces de verlo por sí mismas.

  • La confianza en sí misma, para poder irradiar a su vez confianza en los demás.

  • Integridad y coherencia para mantenerse fiel a sus valores, que son básicos para generar confianza en el grupo.

  • Conectarse con el propósito que comparte el grupo y permanecer fuertemente comprometida al servicio de ese propósito.

  • Comunicar con eficacia para transmitir el propósito, los valores y contagiar pasión al equipo.

  • Humildad para guiar al grupo hasta conseguir el propósito sintiéndose parte de él pero no única protagonista y reconociendo, cuando sea necesario, los errores cometidos.

  • Capacidad para mantener al equipo alineado hacia el propósito, generando resultados que permitan avanzar hacia el mismo día a día.


¿Qué se consigue con estas cualidades?

Establecer un contexto que favorece que las personas den lo mejor de sí mismas para la consecución de los objetivos comunes.


Para ello, también es muy importante lograr que todas las partes ganen avanzando hacia el fin común. Es un arte conseguirlo y esperamos ahondar sobre ello en nuevas entradas de este blog.
 
 

El menos pintado también puede liderar


Nuestro concepto de liderazgo, además, no va acompañado de la ostentación del poder o de la máxima responsabilidad. Siempre es más fácil liderar cuando se ostenta la capacidad de mando. Pero no es una condición necesaria. También se puede ejercer liderazgo siendo la persona que ostenta la menor de las responsabilidades en el grupo.


De facto, es tarea de la persona líder favorecer que el liderazgo sea distribuido, porque siempre hay un tiempo en el que otra persona puede que sea la más adecuada para establecer lo que hay que hacer.


Imagina a alguien de tu equipo que, sin ser «la persona que manda» adopta día a día las cualidades que definimos en el punto anterior: ayuda a los demás a identificar sus fortalezas, es íntegra, transmite confianza, mantiene su compromiso con el propósito del grupo... ¿Qué crees que sucedería? ¿Crees que tendría capacidad para influir en ti?
 


Valores para este tipo de liderazgo


No solo las cualidades son importantes, sino que los valores también juegan un papel esencial en este tipo de liderazgo. Solo dando vida como líderes a los valores adecuados, podemos contagiar con ellos a las demás personas:
 

«Si pudiéramos cambiar nosotros mismos, las tendencias en el mundo también cambiarían. Como un hombre cambia su propia naturaleza, también lo hace la actitud del cambio mundial hacia él. Este es el misterio supremo y divino. Es una cosa maravillosa y la fuente de nuestra felicidad. No necesitamos esperar para ver lo que otros hacen». Gandhi

 

Para ello el tipo de liderazgo que defendemos se asienta sobre unos valores sólidos e inspiradores. Si sigues el blog ya sabes que en nuestro último artículo hablamos de los distintos tipos de valores que mueven nuestras acciones.


Lo dijimos entonces y lo repetimos: la Sostenibilidad no se puede construir desde un sistema de valores que prime el individualismo o el interés particular.


Por ello, el liderazgo que trabaja por la Sostenibilidad debe asentarse sobre valores intrínsecos que favorezcan comportamientos que beneficien al medioambiente y a la sociedad; frente a los extrínsecos, que conducen a las personas a interesarse más por el bien particular que por el común.


Desde Genea nos esforzamos por desplegar este modelo de liderazgo que logre potenciar las capacidades de las personas para que lleguen a dar lo mejor de sí mismas.


Para conseguirlo, es importante bajarlo a lo práctico, y lo desarrollamos de varias maneras:

  • Ayudando a clarificar el propósito compartido, articulándolo en un relato o visión que sea inspiradora y que se ancle en los valores adecuados.

  • Co-creando estrategias de trabajo que alineen las tareas del día a día con el propósito compartido.

  • Mejorando los sistemas para asegurar que los procesos de trabajo quedan al servicio de los resultados buscados.

  • Participando en la dirección de los proyectos, bien liderándolos directamente, bien trabajando codo con codo con la persona líder, aportándole herramientas para el día a día.

  • Ilustrando con lo que hacemos y decimos cómo podemos incrementar los niveles de confianza con las personas que nos rodean.


Cuando se dan estas condiciones, el ambiente del equipo de trabajo se transforma.



Necesitamos liderazgo para la Sostenibilidad


Bajo esta mirada sobre el liderazgo creemos que, sobre todo, necesitamos mucho liderazgo para avanzar con firmeza hacia la Sostenibilidad.


Quienes trabajamos por la Sostenibilidad necesitamos multiplicar exponencialmente nuestra influencia en nuestro entorno para realmente contagiar a toda la sociedad del cambio que necesitamos materializar.


Tenemos el conocimiento y tenemos las propuestas, pero necesitamos conquistar el corazón y las mentes de un gran número de personas, una a una, si queremos ponerlas en funcionamiento.


Es una tarea ingente, pero también somos muchas personas trabajando por este objetivo. ¿Nos alineamos?
 

¿Compartes con nosotros esta idea de liderazgo? ¿Crees que es difícil cambiar de paradigma?

¡Esperamos tus comentarios :-)!



Somos muchas personas trabajando por la Sostenibilidad y de muy variado perfil. Entre los roles relacionados con el desarrollo sostenible encontramos conservacionistas, ecologistas, agentes medioambientales, ingenieros forestales o de energías renovables, expertos en reciclaje… ¡Qué tranquilidad ver que hay tantas manos cuidando el planeta! ¿O quizás no?...


Hace falta una transformación cultural hacia valores  que motiven a la gente a proteger y disfrutar la naturaleza.
Hace falta una transformación cultural hacia valores que motiven a la gente a proteger y disfrutar la naturaleza.

Si hay tantas personas trabajando por la Sostenibilidad  ¿cómo es posible que todavía estemos tan lejos de lograrla? ¿Por qué seguimos escuchando noticias tan desalentadoras como que se deshiela el Everest (y aparece inundado de basura) o que los peces mueren ahogados en mares de plástico?

 

Creemos que la clave no está en cuántas personas o cuántos proyectos trabajan por ella, sino desde dónde.


 

¿Desde dónde trabajas por la Sostenibilidad?


En las últimas décadas nos hemos hecho más conscientes de que necesitamos reciclar, ahorrar energía y cuidar el medio ambiente. Nos lo han dicho todas esas personas que trabajan por la sostenibilidad. Más precisamente nos han persuadido para «hacerlo».


Pero el daño al planeta no revierte. Algo está fallando. Y quizás una de las claves tenga que ver con que nos estemos centrando sobre todo en lo que «hacemos».


Vamos a detenernos en esta secuencia:
 

HACER - PENSAR - VER
 

El hacer va precedido del pensar, y pensamos en función de cómo vemos la situación. Muchas veces esta secuencia se acelera tanto que «hacemos» «sin pensar», movidos por los automatismos ágiles de nuestro cerebro. Pero todo acaba anclándose en el lugar desde el que miramos la realidad.


Y si buceamos en nuestro comportamiento un poco más, desde lo profundo, nos daremos cuenta que finalmente, lo que fundamenta nuestra mirada se basa en nuestros valores.


Y aquí queríamos llegar porque
 

Los valores motivan el cambio

 

¿Qué importancia tienen los valores para ser más sostenibles?


Los valores son los que nos impulsan a actuar y los que conforman nuestras actitudes ante el mundo. Seamos conscientes de ello o no.


Actualmente observamos que la visión mayoritaria que compartimos como humanidad está basada en valores justamente opuestos a lo que perseguimos e incluso los mensajes que se construyen para que cambiemos hacia la sostenibilidad consiguen el efecto contrario.

 

Es una paradoja muy perversa: sin darnos cuenta alimentamos los valores opuestos a la necesaria transformación social que queremos lograr.


Esta visión mayoritaria es economicista: las cosas valen si económicamente están valoradas. Se anima a reciclar en virtud del «ahorro» para el bolsillo o desde el «ganar» para el medioambiente.


Y lo peor es que hemos integrado estos mensajes en nuestra mente y en nuestros actos como algo normal.


Entonces, ¿existe otra manera, otra forma de encuadrar el mundo?


Afortunadamente creemos que sí.
 


Los dos tipos de valores que mueven nuestras acciones


La iniciativa Common Cause Foundation, una red de trabajo que trata de re-equilibrar los valores culturales para conseguir una sociedad social y ambientalmente más sostenible, ha profundizado en los valores que mueven el mundo. Esta «causa» establece un mapa de los valores que compartimos como Humanidad que los divide en valores intrínsecos y valores extrínsecos:
 

  • Los valores intrínsecos están asociados con comportamientos que benefician al medioambiente y a la sociedad.

  • Los valores extrínsecos conducen a las personas a interesarse más por el interés particular, es decir, reducen su voluntad de actuar en nombre del medioambiente.


En esta escala de valores, el valor económico y el poder están ubicados en los valores extrínsecos. De ahí que defendiéramos en nuestro anterior post, que el poder excluyente nos hace menos sostenibles. Porque el poder excluyente —venga de donde venga, de gobernantes o del pueblo—, orientado a imponer «mi propia visión de las cosas», conduce a defender el interés particular, a ganar la batalla.


Sin embargo, el poder despojado de particularismos y puesto al servicio del bien común, se orienta a encontrar una solución universal, que incluya diferentes puntos de vista y beneficiosa para todas las partes.
 

No se puede construir sostenibilidad desde un sistema de valores que prima el individualismo y el interés particular.
 

Por eso creemos fundamental ser conscientes del marco desde el que pensamos y los valores desde donde trabajamos por la Sostenibilidad.
 

Es importante asegurarse de que el trabajo de cada uno de nosotros se sustenta sobre valores que motivan a la gente a proteger y disfrutar la naturaleza y, en consecuencia, a sentirse parte de ella.

 


Afrontando la perversión: aterrizar los valores adecuados en acciones efectivas

 

Otro hallazgo importante que nos muestran desde la Common Cause Foundation es que las personas somos influidas socialmente por aquellos valores que primamos y en consecuencia, influidas en aquellas conductas que adoptamos.


Vale, ya sabemos que los valores que primamos afectan en nuestro comportamiento. ¿Qué hacemos con este conocimiento? Para construir el cambio hacia la Sostenibilidad necesitamos trabajar desde los valores, desde un cierto tipo de valores: los intrínsecos.

 

Si socialmente impulsamos un cambio hacia los valores intrínsecos, finalmente lograremos una transformación cultural hacia sociedades más sostenibles ambiental y socialmente.

 

 

Acceder a este conocimiento ha sido revolucionario para el equipo de Genea este 2018. Cada día nos vemos junto a las personas que nos rodean y con quienes trabajamos codo con codo por la Sostenibilidad, adoptando marcos de pensamiento basados en valores contrarios a los objetivos buscados. Y en consecuencia, alimentando la cultura social que precisamente tratamos de contrarrestar.


Para explicarlo mejor, te ponemos dos ejemplos sencillos de estas perversiones inconscientes que creemos que hemos cometido y cometemos como profesionales que trabajamos para la Sostenibilidad:
 

  • Si trabajas en medio ambiente, fácilmente reconocerás la contraposición asumida en el gremio entre los términos «naturaleza» y «naturaleza antropizada». ¡Como si fueran dos cosas diferentes! En la raíz de esta separación está el pensar que las personas (lo humano o antrópico), es algo distinto, separado, y en el peor de los casos, degradante, de lo verdaderamente natural. Esta forma de pensar se ancla en el valor de «desconexión de la naturaleza» que bloquea otro valor clave para la sostenibilidad como es la «protección del medio ambiente». Es decir, si distingo «naturaleza» de «naturaleza antropizada», promuevo la desconexión de la naturaleza y en consecuencia promuevo la destrucción del medio ambiente.
     

  • El otro ejemplo clave que vemos, y que ya comentamos líneas arriba es el uso del poder de forma excluyente para imponer una visión concreta de la realidad. Ejemplos hay muchos, como son la creación y gestión de áreas protegidas «primando criterios racionalistas exclusivamente técnicos » o el corporativismo profesional de sub-sectores dentro del mundo ambiental que consideran que «nosotros sí que sabemos cómo resolver este problema ambiental» . Todos ellos fomentan una sociedad de valores extrínsecos que bloquean o anulan valores favorables a la adopción de conductas sostenibles.

 

Nuestro granito de arena


Fundamentados en este pensamiento, en Genea proponemos que la Sostenibilidad ha de abordarse desde valores intrínsecos que promueven lo colectivo, la coherencia con la armonía interna o la unidad con la naturaleza. Y, como esta idea es un poco abstracta, materializamos nuestros pensamientos en las siguientes líneas de trabajo:
 

  • Liderazgo para la Sostenibilidad: generar la suficiente capacidad de influencia a nuestro alrededor, apelando al corazón y no solo a la razón, para co-construir una sociedad humana que avance hacia la Sostenibilidad.

  • Procesos participativos: ayudar a las instituciones en la participación ciudadana para construir nuevas y mejores realidades colaborando.

  • Educación ambiental: conectar a las personas con la naturaleza ayudándolas a entender mejor los procesos naturales de forma que se sientan parte de ella.


Esta es nuestra aportación a la Sostenibilidad y nuestra manera de que, entre todos, encontremos la forma de vivir en este planeta mejorándolo para la siguiente generación.
 

¿Te habías parado a pensar alguna vez cómo afectan tus valores a tu manera de actuar?

¿Te reconoces participando inconscientemente en esas contradicciones perversas que hemos identificado?

¿Ves ahora un poco más de luz en el camino hacia la Sostenibilidad?

Este viaje lo estamos haciendo juntos. Nos gustará conocer tu punto de vista en los comentarios.





25/07/2018

Entre las series o películas y libros más vistos y leídos en los últimos tiempos se encuentran "Juego de Tronos" o "El Señor de los Anillos". Estas sagas reflejan algo tan humano como la dicotomía entre el bien y el mal: personajes, familias, comunidades que pelean, se enfrentan, incluso matan por el poder. ¿Te recuerda esto a alguna situación que vives en tu día a día? A nosotros sí.


«El señor de los anillos» es una excelente metáfora de la relación humana con el poder. La Sostenibilidad es también un asunto de poder.
«El señor de los anillos» es una excelente metáfora de la relación humana con el poder. La Sostenibilidad es también un asunto de poder.

En nuestro trabajo de facilitar y dinamizar procesos participativos y proyectos, frecuentemente nos encontramos con dos partes enfrentadas, cada una con su propia visión de la solución que conviene. El mero hecho de abrirse a la participación no garantiza un resultado que satisfaga a todas las partes.
 

En ocasiones se producen enfrentamientos, bloqueos, cuando una parte o ambas, («el personal técnico», «la clase política», «el pueblo»), de forma más o menos consciente, busca imponer su visión, porque es «la buena»
 

Son situaciones en las que cada cual busca «ganar», porque llegar a un acuerdo diferente a «su opción» se considera una pérdida o derrota.
 

¿Cómo te enfrentas tú a estas situaciones?


¿Ves el acuerdo o el consenso como una derrota, o en el mejor de los casos, como un mal menor para seguir avanzando?
 

Bajo nuestro enfoque pensamos que esta manera de ver las cosas es muy incapacitante pues encierra en sí misma una mirada de escasez . Una mirada que implícitamente encierra un juego de poder para ver quién, finalmente, arrima mejor el ascua a su sardina. O gana la otra parte, o gano yo,... o llegamos a una situación intermedia (donde necesariamente todas las partes renuncian a algo).
 

Nuestro modelo trabaja para integrar de forma creativa las diferentes visiones y llegar a una solución que finalmente sea mejor para el bien común que cada una de las propuestas de partida. Buscamos una solución donde todas las partes ganen.
 

A nuestro modo de ver, no hay victoria posible que no sea para todos

Cuando el objetivo solo es ganar, entendiendo por esto imponer la propia visión, al final todas las partes pierden.
 
 
 

Nuestra visión del poder

 

Desde nuestra mirada buscamos enfocar el fenómeno de la lucha de poder desde una visión más amplia. Una visión que nos permita generar miradas diferentes, más maduras y finalmente más productivas para todas las partes y para la sostenibilidad.


La relación del ser humano con el poder es una historia muy vieja. Un camino de aprendizaje en el que ejerciendo el poder, sufriéndolo, enfrentándonos a él o conquistándolo, avanzamos —a veces sin darnos cuenta— en el conocimiento de quiénes somos.
 

Podemos ejercerlo con autoritarismo, sin miramientos, con decisión; con mayor o menor criterio. Podemos evitarlo, criticar a quienes lo ejercen, quejarnos de lo mal que lo hacen.
Podemos ansiarlo, pelearlo, recharzarlo, enfrentarnos a él. Y mientras nos extraviemos en su juego, el poder irá y vendrá, cambiará de manos, a veces ganaremos y otras, tarde o temprano, seguro perderemos.
 

Porque, finalmente, en el juego del poder, este siempre va y viene: no hay ningún imperio que haya durado eternamente. Lo estamos viviendo día a día en el mundo.
 

Bajo nuestra perspectiva, para no acabar perdidos en este juego, convertidos en Gollum, masacrados como los Stark o acorralados como los Lannister mientras las hordas de orcos de Sauron o el Rey de la Noche y su ejército de hielo vienen a por nosotros, necesitamos trascenderlo. ¿Cómo? Entendiendo que el sentido del poder es estar al servicio de la Vida.
 

No podemos alcanzar nuestra Sostenibilidad en este planeta peleando por el poder. 

 

De hecho, solo podremos alcanzar la Sostenibilidad poniendo el poder al servicio de la Sostenibilidad.

 

Y para ello hemos de entender que poner el poder al servicio de la Vida pasa por abrazar la diversidad, encontrar puntos en común, visiones integradoras y celebrar la diferencia.
 

Al igual que ocurre en las sagas literarias y cinematográficas, o nos juntamos o pereceremos. Necesitamos entregar el anillo del poder a la montaña del Destino.

 

¿Significa esto que no hay que ejercer el poder?

 

Rotundamente, no. Todos y todas, cada persona desde su lugar, debe ejercer su poder.
 

La pregunta más bien es: ¿cómo gestiona cada cual su poder?
 

¿Somos capaces de desprendernos del protagonismo y gestionarlo con madurez? ¿Estamos dispuestos a asumir las consecuencias de ejercerlo?
¿Seremos consecuentes con la responsabilidad que subyace ostentarlo?
 

Es muy probable que no estamos preparados para hacerlo siempre de la forma correcta. Es condición del ser humano lidiar siempre con el poder y madurar la relación con él constantemente. La buena noticia es que podemos aprender.

 

Para ello, es necesario despertar del juego, trascenderlo y no perdernos en el poder como fin en sí mismo. No pretender «ganar», sino generar propuestas en las que todas las partes ganen, incluida la Naturaleza.
 

Entendemos que poner el poder al servicio del bien común conecta con el sentido de lo que la vida nos está pidiendo en ese momento.

 

Esto plantea una dinámica diferente, inclusiva, que respeta al otro y abraza la diferencia.
 

Es en esta forma de plantear un proceso participativo o la gestión de un proyecto donde vemos que nuestro potencial se multiplica. Como ya escribimos en un post anterior : «Cuando somos capaces de abrirnos a los otros, a integrar diferentes puntos de vista, nuestra perspectiva se amplía y se enriquece».
 
 

El valor del poder

 

Dicho todo esto, concluimos que el poder por sí mismo nos hace menos sostenibles o, mejor dicho, el poder excluyente nos hace menos sostenibles.
 

Pero justificar esta idea nos ocuparía otro post completo. Así que lo dejamos aquí y os emplazamos a leer el próximo artículo, donde reflexionaremos sobre los valores que influyen en nuestros comportamientos, orientan nuestras acciones y conforman nuestra visión del mundo.
 

Entre tanto, te invitamos a reflexionar: ¿sigues pensando que cualquier opción distinta de la tuya te lleva a perder? Cuéntanoslo en los comentarios.
 

¡Feliz verano!

Foto: Antoine Skipper @Flickr





Si recopilamos las ideas que hemos ido desplegando en Planeta Humano hasta ahora, la idea que predomina es que la Sostenibilidad es una realidad que necesitamos abordar desde lo colectivo por su propia complejidad. Para ello, una de las herramientas que utilizamos son los procesos participativos, que involucran a personas de diferentes opiniones y posturas desde una visión integradora.


Como en cualquier relación humana, la clave en un proceso participativo es, una vez más, la confianza. Cuando falla la confianza, invade la incertidumbre, las relaciones se estancan y los procesos, también.


Desde nuestro punto de vista, pensamos que la confianza se despliega en diferentes dimensiones:

  • hacia uno mismo, confiando en nuestra capacidad creativa, en creer que se logran las sinergias con otras personas, sobre todo cuando desarrollamos la lógica de la abundancia.

  • hacia los demás, apartando los prejuicios, escuchando y abriendo la mente a nuevas ideas, admitiendo otras verdades.

  • en el propio proceso participativo, confiando en que llegaremos a alguna solución para el bien común creando una nueva realidad.

  • en la persona que dinamiza o facilita el proceso, que debe inspirar confianza para favorecer la buena disposición del resto de personas.

 

De la ilusión al pesimismo


Es habitual que al inicio de un proceso participativo, como de cualquier otro tipo de proyecto, la confianza se encuentre en plena forma. Las personas que participan en el proceso están impregnadas de optimismo y de ilusión por aportar puntos de vista y soluciones. Todo está por descubrir y por plantear.


En el marco de lo complejo, según la teoría Cynefin, las estrategias eficaces pasan por «fomentar la diversidad en el grupo, incentivar la “disensión” y recompensar la creatividad y la innovación».


Ese es uno de nuestros roles como facilitadores  de este tipo de procesos.


El diálogo se anima y empiezan a aparecer posibilidades, ideas, opciones... tantas que, en un momento dado, esta gran apertura parece volverse en contra. Y entonces se produce el pesimismo, el caos, la incertidumbre. El proceso entra en crisis. 


Las personas que participan pasan de la ilusión y la confianza al pesimismo y la desconfianza, a la incertidumbre, a dejar de creer que el proceso nos vaya a llevar a alguna parte. 


Sin embargo, como en todo proceso creativo, hace falta transitar esta fase, es necesario atravesar este punto oscuro, de incertidumbre, para hallar la solución.
 
 

Del caos a la solución



Pero ¿cómo conseguir pasar del caos al orden, de la crisis a la solución?  


Para explicar lo que ocurre en ese momento de crisis vamos a recurrir a un símil de la Naturaleza. Como nos gusta decir, somos naturaleza y en ella podemos encontrar las respuestas que necesitamos si observamos.


Nuestra naturaleza es nuestro potencial.


Los procesos participativos son, al fin y al cabo, procesos creativos. Y no hay mayor proceso creativo que la creación de la vida: el nacimiento de un ser vivo.


Visto así, el proceso participativo se asemeja en este momento a un parto o a cualquier momento crítico en la vida de una persona. Quienes han atravesado esta situación extrema y difícil, como es un parto natural, pasan por este trance crítico, en el que el bebé se encaja en el canal del parto y el dolor se vuelve, literalmente, insoportable.


En este determinado punto, llega el momento del "no puedo más", de clamar por la epidural, de creer que el dolor te va a llevar por delante. La madre quiere salir cuanto antes de ese dolor, anestesiarse para evitarlo, ver cuanto antes la luz al final del túnel. Del bebé aún no hemos podido hablar con ninguno que pueda contárnoslo :-)


Sin embargo, como apuntan las matronas en las clases de preparación al parto, la clave para resolver este momento de crisis es sostener el momento, acompañar a la madre a abandonarse, aceptar que no todo está bajo tu control, soltar y dejar que suceda lo que tenga que suceder. No es la razón la que logra sacarnos de este punto de incertidumbre sino, más bien al contrario, dejar trabajar al instinto y  la intuición. Dejar que la Naturaleza, nuestra Naturaleza, siga su curso.


Y precisamente en esta pequeña-gran muerte de nuestro yo emerge la solución. El momento crítico pasa, la tensión y el dolor, aflojan,  y la creación de lo nuevo se materializa. Ya tienes al bebé en brazos.
 
 

El momento de crisis en los procesos participativos 


Volviendo a nuestro ejemplo, cuando cunde el desánimo y las personas participantes no confían en el propio proceso, lo que hace falta es sostener ese momento, conectarse con el propósito que da sentido a esa participación —que es más grande que ese momento de crisis—, y confiar en alcanzar el final del túnel. 


Es entonces cuando hace falta alguien que cuide el proceso en ese momento delicado, como la matrona que acompaña a la parturienta, para que no decaigamos en el propósito y confiemos en el final feliz. Porque es en ese momento de crisis cuando cuaja la productividad del proceso. 


Este rol de sostén lo solemos jugar nosotros como facilitadores o dinamizadores, pero también buscamos hacer equipo, si hay otras personas como quien promueve el proceso, que saben conectarse con este momentum. Cuanto más seamos, mejor.


Para ilustrar cómo se produce este desenlace, echamos mano de un fragmento del libro Mientras escribo, de Stephen King, en el que cuenta cómo logró resolver una crisis creativa cuando escribía su libro Apocalipsis:
 

[...] El libro que he tardado más en escribir fue Apocalipsis. [...] A pesar de todo, llegó un punto en el que no podía seguir escribiendo porque no sabía de qué. [...] Pasé varias semanas sin llegar a nada. Parecía todo demasiado difícil y demasiado complejo [...]. Di vueltas y vueltas al problema, le di puñetazos, cabezazos.. hasta que un día, distraído, me llegó la respuesta. Vino entera, completa (podría decirse que envuelta para regalo), de un fogonazo.
[...]
Había pasado en un abrir y cerrar de ojos de no tener nada a tenerlo todo. Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de «supralógicos», y es lo que son. 
 

Y así es como se resuelven los momentos críticos, confiando en la intuición y dejando que el ritmo natural de las cosas ayude a fluir hacia el proceso para resolverlo. 

 
Al igual que en la Naturaleza, a partir del punto más oscuro empieza a amanecer. 


Al igual que en la Naturaleza, las respuestas están ahí, esperando a que las miremos, las escuchemos y las pongamos en práctica.


Confiemos en los procesos, mantengámonos conectados con sus propósitos y dejemos que su propia naturaleza nos lleven hasta la solución.

NOTA: Este post lo hemos disfrutado especialmente, pues su propia creación ha respondido a esto de lo que estamos hablando. Ha sido alumbrado por Káhina Santana, Ana Mayor y Yeray Martínez. Y que conste que respetamos absolutamente a quien opta por un parto con epidural :-)
 



Si tienes una opinión al respecto de los procesos participativos o has participado en alguno sintiendo que no llegarías a ningún lugar, cuéntalo en los comentarios. Participa en la conversación.

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Editor
Yeray Martínez Montesdeoca
Eduardo Martínez de la Fe
Equipo: Ana Mayor Terrel, Gema Cruz Cañadas, Káhina Santana Miranda, Pepe Martín.

Compartimos, queramos o no, seamos conscientes o no, el viaje de la vida en este planeta Tierra. Somos un equipo de expertos de diferentes ámbitos que nos hemos unido para hablar de sostenibilidad, comprometidos con aportar nuestras experiencias y hallazgos para que consigamos una relación más saludable con la naturaleza y con nosotras mismas.

Yeray Martínez Montesdeoca (editor) es director de Genea Consultores, ingeniero de montes, emprendedor, experto en liderazgo y restauración de paisajes. Le acompañan en la co-creación de esta bitácora Ana Mayor Terrel (periodista y copywriter), Gema Cruz Cañadas (pedagoga forestal), Káhina Santana Miranda (experta en procesos participativos transformadores) y Pepe Martín (tecnologías de educación, marketing digital, creatividad, diseño y artes escénicas y visuales).