Recomendar este blog Notificar al moderador
Menu





Blog de Tendencias 21 sobre sostenibilidad

Si recopilamos las ideas que hemos ido desplegando en Planeta Humano hasta ahora, la idea que predomina es que la Sostenibilidad es una realidad que necesitamos abordar desde lo colectivo por su propia complejidad. Para ello, una de las herramientas que utilizamos son los procesos participativos, que involucran a personas de diferentes opiniones y posturas desde una visión integradora.


Como en cualquier relación humana, la clave en un proceso participativo es, una vez más, la confianza. Cuando falla la confianza, invade la incertidumbre, las relaciones se estancan y los procesos, también.


Desde nuestro punto de vista, pensamos que la confianza se despliega en diferentes dimensiones:

  • hacia uno mismo, confiando en nuestra capacidad creativa, en creer que se logran las sinergias con otras personas, sobre todo cuando desarrollamos la lógica de la abundancia.

  • hacia los demás, apartando los prejuicios, escuchando y abriendo la mente a nuevas ideas, admitiendo otras verdades.

  • en el propio proceso participativo, confiando en que llegaremos a alguna solución para el bien común creando una nueva realidad.

  • en la persona que dinamiza o facilita el proceso, que debe inspirar confianza para favorecer la buena disposición del resto de personas.

 

De la ilusión al pesimismo


Es habitual que al inicio de un proceso participativo, como de cualquier otro tipo de proyecto, la confianza se encuentre en plena forma. Las personas que participan en el proceso están impregnadas de optimismo y de ilusión por aportar puntos de vista y soluciones. Todo está por descubrir y por plantear.


En el marco de lo complejo, según la teoría Cynefin, las estrategias eficaces pasan por «fomentar la diversidad en el grupo, incentivar la “disensión” y recompensar la creatividad y la innovación».


Ese es uno de nuestros roles como facilitadores  de este tipo de procesos.


El diálogo se anima y empiezan a aparecer posibilidades, ideas, opciones... tantas que, en un momento dado, esta gran apertura parece volverse en contra. Y entonces se produce el pesimismo, el caos, la incertidumbre. El proceso entra en crisis. 


Las personas que participan pasan de la ilusión y la confianza al pesimismo y la desconfianza, a la incertidumbre, a dejar de creer que el proceso nos vaya a llevar a alguna parte. 


Sin embargo, como en todo proceso creativo, hace falta transitar esta fase, es necesario atravesar este punto oscuro, de incertidumbre, para hallar la solución.
 
 

Del caos a la solución



Pero ¿cómo conseguir pasar del caos al orden, de la crisis a la solución?  


Para explicar lo que ocurre en ese momento de crisis vamos a recurrir a un símil de la Naturaleza. Como nos gusta decir, somos naturaleza y en ella podemos encontrar las respuestas que necesitamos si observamos.


Nuestra naturaleza es nuestro potencial.


Los procesos participativos son, al fin y al cabo, procesos creativos. Y no hay mayor proceso creativo que la creación de la vida: el nacimiento de un ser vivo.


Visto así, el proceso participativo se asemeja en este momento a un parto o a cualquier momento crítico en la vida de una persona. Quienes han atravesado esta situación extrema y difícil, como es un parto natural, pasan por este trance crítico, en el que el bebé se encaja en el canal del parto y el dolor se vuelve, literalmente, insoportable.


En este determinado punto, llega el momento del "no puedo más", de clamar por la epidural, de creer que el dolor te va a llevar por delante. La madre quiere salir cuanto antes de ese dolor, anestesiarse para evitarlo, ver cuanto antes la luz al final del túnel. Del bebé aún no hemos podido hablar con ninguno que pueda contárnoslo :-)


Sin embargo, como apuntan las matronas en las clases de preparación al parto, la clave para resolver este momento de crisis es sostener el momento, acompañar a la madre a abandonarse, aceptar que no todo está bajo tu control, soltar y dejar que suceda lo que tenga que suceder. No es la razón la que logra sacarnos de este punto de incertidumbre sino, más bien al contrario, dejar trabajar al instinto y  la intuición. Dejar que la Naturaleza, nuestra Naturaleza, siga su curso.


Y precisamente en esta pequeña-gran muerte de nuestro yo emerge la solución. El momento crítico pasa, la tensión y el dolor, aflojan,  y la creación de lo nuevo se materializa. Ya tienes al bebé en brazos.
 
 

El momento de crisis en los procesos participativos 


Volviendo a nuestro ejemplo, cuando cunde el desánimo y las personas participantes no confían en el propio proceso, lo que hace falta es sostener ese momento, conectarse con el propósito que da sentido a esa participación —que es más grande que ese momento de crisis—, y confiar en alcanzar el final del túnel. 


Es entonces cuando hace falta alguien que cuide el proceso en ese momento delicado, como la matrona que acompaña a la parturienta, para que no decaigamos en el propósito y confiemos en el final feliz. Porque es en ese momento de crisis cuando cuaja la productividad del proceso. 


Este rol de sostén lo solemos jugar nosotros como facilitadores o dinamizadores, pero también buscamos hacer equipo, si hay otras personas como quien promueve el proceso, que saben conectarse con este momentum. Cuanto más seamos, mejor.


Para ilustrar cómo se produce este desenlace, echamos mano de un fragmento del libro Mientras escribo, de Stephen King, en el que cuenta cómo logró resolver una crisis creativa cuando escribía su libro Apocalipsis:
 

[...] El libro que he tardado más en escribir fue Apocalipsis. [...] A pesar de todo, llegó un punto en el que no podía seguir escribiendo porque no sabía de qué. [...] Pasé varias semanas sin llegar a nada. Parecía todo demasiado difícil y demasiado complejo [...]. Di vueltas y vueltas al problema, le di puñetazos, cabezazos.. hasta que un día, distraído, me llegó la respuesta. Vino entera, completa (podría decirse que envuelta para regalo), de un fogonazo.
[...]
Había pasado en un abrir y cerrar de ojos de no tener nada a tenerlo todo. Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de «supralógicos», y es lo que son. 
 

Y así es como se resuelven los momentos críticos, confiando en la intuición y dejando que el ritmo natural de las cosas ayude a fluir hacia el proceso para resolverlo. 

 
Al igual que en la Naturaleza, a partir del punto más oscuro empieza a amanecer. 


Al igual que en la Naturaleza, las respuestas están ahí, esperando a que las miremos, las escuchemos y las pongamos en práctica.


Confiemos en los procesos, mantengámonos conectados con sus propósitos y dejemos que su propia naturaleza nos lleve hasta la solución.

NOTA: Este post lo hemos disfrutado especialmente, pues su propia creación ha respondido a esto de lo que estamos hablando. Ha sido alumbrado por Káhina Santana, Ana Mayor y Yeray Martínez. Y que conste que respetamos absolutamente a quien opta por un parto con epidural :-)
 



Si tienes una opinión al respecto de los procesos participativos o has participado en alguno sintiendo que no llegarías a ningún lugar, cuéntalo en los comentarios. Participa en la conversación.

En este viaje compartido que nos lleva a descubrir cómo alcanzar la Sostenibilidad a menudo surgen problemas comunitarios que requieren encontrar una solución. Un ejemplo de ello pueden ser los municipios que necesitan regular el acceso a sus territorios encontrando una vía que satisfaga las necesidades locales al tiempo que las turísticas.


La Sostenibilidad es colaboración.
La Sostenibilidad es colaboración.

Para algunos la respuesta estará bien clara: vendrá por el cauce técnico. Los expertos son quienes deben regular, documentar y encontrar LA SOLUCIÓN.  


Sin embargo, ya vimos que la voz de los técnicos cae a menudo en el vacío porque “a los técnicos no se les escucha ”. Además, la solución no es una sola ni viene fundamentada por una única verdad. La Sostenibilidad es una realidad compleja que requiere de aunar visiones, compartir realidades y enriquecernos con la verdad de los otros.
 

Es por eso por lo que en Genea creemos en la Inteligencia colectiva para la acción, en esa capacidad para generar nuevas realidades colaborando. Así pues, existe otra manera de solucionar los problemas: los procesos de participación ciudadana.

 

¿Y ya está?

 

No, no está. No es tan fácil ni tan rápido.
 

Para que un proceso participativo consiga el fin para el que se organizó es fundamental que esté basado no solo en sentar en la misma sala a los actores implicados y que se expongan los puntos de vista, sino en admitir esas otras verdades, la realidad de las otras personas, sobre todo de quien piensa diferente.
 

Para eso hace falta estar dispuesto a escuchar, a ser capaz de meterse en los zapatos del otro o, lo que es lo mismo, a ejercer la empatía. Y en este ejercicio, hay un ingrediente imprescindible que hemos mencionado desde la primera publicación del blog: la confianza.
 
Desde la visión de liderazgo compartido que inyectamos a los procesos participativos desde Genea, comprobamos que estos funcionan cuando somos capaces de inspirar confianza, para que quienes participan vean al otro como una oportunidad y no como una amenaza, y cuando buscamos el mejor resultado para el bien común desde la autenticidad.

 

¿Qué hacer para que la confianza se instale en el proceso?

 

Desde nuestro punto de vista, existen dos visiones contrapuestas: la del enfrentamiento y la de la colaboración que, a su vez, derivan de dos lógicas: la de la escasez y la de la abundancia. En la primera es difícil generar confianza. En la segunda, es posible.
 
   

Cuando miramos la realidad desde la visión de escasez, observamos el mundo desde la perspectiva de que los recursos son limitados. Si es así, difícilmente compartiremos y colaboraremos, porque lo que yo doy, lo pierdo. Es una visión limitante. Y puede expresarse en que 1 + 1 solo pueden sumar 2 en el mejor de los casos. O, siguiendo la metáfora del título, quiero toda la tarta para mí.
 
 

Sin embargo, si observamos el problema que nos ocupa desde la abundancia, partimos de la base de que los recursos pueden ser limitados, pero las oportunidades que surgen de ellos pueden dar para todos, sobre todo si confiamos en nuestra capacidad creativa y, también, en las sinergias que podemos encontrar enriqueciendo nuestra mirada con la del otro. Solo debemos colaborar para encontrar la manera de hacerlo posible. Este pensamiento es capacitante puesto que permite pensar que juntos ganamos más, es decir, podemos buscar la manera de hacer la tarta más grande. También puede expresarse en que 1 + 1 pueden ser 2, 100 u 80.000.
 

Nuestra misión en un proceso participativo es ser capaces de transformar la primera mentalidad para alcanzar la segunda.


Esto que parece sencillo es en el fondo un ejercicio de crecimiento personal. Para ser capaces de confiar en la otra persona, en primer lugar debemos confiar en nosotros mismos. ¡Cuántas veces hemos confiado en otras personas que nos han traicionado y nos hemos sentido defraudados y sin fe en el ser humano!
 

Confiar significa superar esa traición, hacer el camino de vuelta y tomar conciencia de que sí, podemos perder mucho confiando, pero es mucho más valioso todo lo que podemos ganar.

Por eso merece la pena, a pesar de todo, volver a abrirnos. Eso sí, sin olvidar las experiencias previas para hacerlo con algo más de sabiduría, sabiduría que experiencia tras experiencia va fundamentando nuestra confianza en nosotros mismos.
 

De esta forma seremos capaces de contemplar el mundo como un lugar en el que podemos arreglar lo colectivo desde esa visión compartida, enriquecedora y sostenible.
 

La confianza que se genera por tanto es doble: pensar que la otra persona siempre puede enriquecerme con su perspectiva; y, al mismo tiempo, que en el mundo hay oportunidades y que solo colaborando vamos a aumentar las posibilidades de encontrarlas.

 

¿Qué opinas? ¿Dónde sientes que te encuentras en este camino de ida y vuelta entre las pequeñas o grandes traiciones y el recuperar de nuevo las ganas de confiar en los demás?

Déjanos un comentario, siempre nos resultará enriquecedor :-).


Si en el post anterior hablábamos de que el discurso técnico no es capaz de modificar conductas, sino que necesitamos empatizar con las emociones que mueven a los ciudadanos y saber comunicar para contagiar el cambio, hoy nos fijamos en otra de las dificultades que nos impiden avanzar hacia la Sostenibilidad.


La Sostenibilidad es una realidad compleja.
La Sostenibilidad es una realidad compleja.
La mayoría de nosotros, consciente o inconscientemente,  heredamos una esquema de pensamiento, un paradigma, en la que las soluciones son únicas y predecibles. Es el determinismo cartesiano que alumbró tantas luces a la Humanidad y que impregna aún nuestro modo de ver la vida. Las personas que pensamos así, buscamos y creemos en esa única verdad, la nuestra. Pero ¿existe una única solución? 


Cuenta una parábola originaria de la India que un grupo de ciegos, que competían por ver quién era el más sabio, quería dilucidar qué forma tenía un elefante. Cada uno de ellos tocó una parte del animal, y cada uno le atribuía una forma diferente: una pared de barro —decía el que tocó el costado—, una lanza —el que tocó los colmillos—, un tronco de una palmera —el que tocó su pata, y así con cada parte del animal. Todos creían que los otros eran quienes estaban equivocados.
 

Este cuento ilustra nuestra incapacidad como seres humanos para conocer la realidad completa en nuestro entorno social. Porque la realidad social no es una, sino que es compleja y necesitamos de los demás para comprenderla: es una construcción social.
 

¡Y prácticamente todos los problemas se enmarcan en una realidad social!
 

Esta visión más líquida de la realidad, como algo complejo, no es solo fruto de esta parábola India, sino que lleva tiempo sustentada por los avances de la Ciencia en muchos niveles, sirviendo como ejemplo el marco teórico de la complejidad o los sistemas complejos adaptativos como paradigma de funcionamiento de los sistemas vivos, como nuestras sociedades.
 
Cómo abordar la complejidad


Según el marco de trabajo Cynefin, identificado por Dave Snowden, existen cinco dominios de complejidad diferentes, que van del simple al desordenado, pasando por el complicado, el complejo y el caótico. 


Esta teoría defiende que en el marco complejo los problemas no tienen una solución predecible ni única. Solo sabemos si algo funcionará mediante la experimentación, es decir, después de probar y errar o acertar. La solución solo se puede explicar a posteriori.


Esto es lo que ocurre con la Sostenibilidad.


También establece que en el marco complejo, las estrategias eficaces pasan por «fomentar la diversidad en el grupo, incentivar la “disensión” y recompensar la creatividad y la innovación».
 
La Sostenibilidad, una realidad compleja

Hace tiempo que venimos hablando de que la Sostenibilidad es una realidad compleja y algo abstracta. No existe una única solución para alcanzarla. Por eso, en Genea creemos en la importancia de abrir espacios al diálogo, enriquecernos con la diferencia de puntos de vista y articular procesos para construir el camino entre todas las personas implicadas
 

Una de las herramientas que proponemos son los procesos participativos. A través de ellos buscamos crear mejores realidades colaborando, en lugar de competir por defender nuestra verdad.
 

Cuando somos capaces de abrirnos a los otros, a integrar diferentes puntos de vista, nuestra perspectiva se amplía. Salimos de nuestro esquema prefijado, que funciona como nuestra zona de confort porque nos da identidad y seguridad, y somos capaces de construir entre todos una nueva realidad.
 

Es entonces cuando vemos a la otra persona como una oportunidad para enriquecernos y no como una amenaza y, así, sumamos. Descubrimos el camino juntos. Compartimos el viaje colectivo hacia la Sostenibilidad. 
 
La clave de un proceso participativo 

¿Cómo conseguir que un proceso participativo funcione, que integre los diferentes puntos de vista? Desde nuestra experiencia desarrollando procesos participativos sabemos que hay un punto clave: la confianza. Ya lo mencionamos en nuestro anterior post. Y esto daría para otro artículo completo así que, tal vez ya tengamos tema para el próximo mes...

 


La Sostenibilidad es una realidad compleja. Lo es por su dimensión espacial, ya que afecta a escala planetaria, y también por su dimensión temporal, puesto que nuestras acciones impactarán más allá de nuestra generación. Es un fenómeno complejo en el que hay muchos actores y voces interviniendo y pocos resultados percibidos.


La sociedad necesita un relato que la haga avanzar hacia la Sostenibilidad.
La sociedad necesita un relato que la haga avanzar hacia la Sostenibilidad.
En nuestro día a día nos encontramos con una reivindicación muy común de las personas con las que trabajamos: «a los técnicos no se nos escucha». 

Es una expresión que suele llevar asociada mucha frustración acumulada. Y hace referencia a percibir una falta de escucha tanto de personas de la calle como de políticos u otros actores relacionados con la gestión del medio ambiente.

Es bastante comprensible sentir frustración. Nuestro conocimiento técnico, especializado, tiene un papel crucial en la Sostenibilidad. Aporta el valor de saber qué hacer para avanzar.

Sin embargo, también es patente que nuestro discurso técnico no cala en la sociedad, queda alejado de los ciudadanos y no influye en sus conductas. Las personas seguimos desarrollando prácticas insostenibles.

¿Qué tenemos que hacer para que nos escuchen?

Para empezar, y bajo nuestra manera de entender el liderazgo como esa capacidad de generar influencia positiva en las personas que nos rodean, creemos que hay que preguntarse qué no estamos haciendo bien para que nos escuchen.

Entendemos que como técnicas y técnicos tenemos la responsabilidad de poner nuestro conocimiento al servicio de la sociedad, para que esta pueda avanzar en los desafíos a los que se enfrenta. Si no lo estamos logrando, tenemos dos opciones:
 
  1. pensar que el problema está en las otras personas 
  2. pensar que el problema está en mí
     
La primera opción nos incapacita, porque quitamos de nuestras manos la capacidad de hacer algo: «es su problema». La segunda, por el contrario, nos da al menos la oportunidad de cambiar aquello que sí esté en nuestra mano.

Dicho esto, y desde esta mirada humilde hacia nosotros mismos, quizás una de las razones que pueden explicar este hecho es que los técnicos solemos basar nuestras argumentaciones en datos, en razones. 

Y lo cierto es que podemos argumentar con datos, pero no convencer. En un artículo publicado por El País el 28 de enero titulado ¿Por qué no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados? el autor dice: «En ocasiones se ignoran los hechos porque no se adaptan a lo que pensamos. La verdad no siempre importa».

¿Cuál es la raíz del problema?

Generalmente pensamos que la razón es lo importante, pero no basta para convencer. Lo que influye nuestros comportamientos no solo son los datos, sino también las emociones y los valores sobre los que cada persona desarrolla sus comportamientos, y la confianza que sientan hacia quien propone transformarlos.

Cabe preguntarse entonces ¿qué emociones y valores hay detrás de las personas a las que estamos intentando aportar valor con nuestro conocimiento, y cuál es la confianza que transmitimos? ¿Cuál es la historia que se cuentan a sí mismas? ¿Desde qué mirada están viendo la realidad? ¿Qué reputación tengo ante la persona a la que me dirijo? ¿Cómo puedo conectar mi discurso con ella?

Ya lo estáis comprobando a diario. Somos seres con emociones, motivaciones, frustraciones, sensibilidad y una larga lista de factores que influyen en nuestros comportamientos y decisiones.

¿Qué podemos hacer?

Básicamente, si queremos conectar con la otra persona, necesariamente tenemos que ejercitar nuestra empatía. Ser capaces de entender desde dónde está viendo la realidad y tratar de conectar nuestras ideas e intenciones desde esa mirada.

Nosotros hemos podido comprobarlo: articular un discurso que llegue a las personas, una narrativa que conecte con sus emociones y valores abre la disposición de las personas a escuchar y descubrir otros posibles enfoques. Y entendemos que es la llave fundamental para provocar ese cambio de actitud hacia el planeta y modificar los comportamientos insostenibles. 

En el artículo publicado por el El País el pasado 28 de enero, también se afirma que «los humanos vivimos en un relato». La sociedad necesita un relato que nos haga avanzar hacia la sostenibilidad.

Puesto que necesitamos un relato, te proponemos que lo armemos nosotros mismos. Por eso apelamos a ti. La sociedad necesita de nosotros un cambio: no ya que seamos agentes comprometidos y conscientes, sino que sepamos comunicarlo para contagiar a otras y otros.

Que nos comprometamos con el cambio de conciencia que lleve a un cambio de comportamiento de las personas. 

Ya no basta arengar con cifras, datos y razones. Hay que involucrar a la ciudadanía.

Ya conoces el sabio proverbio de Confucio:

«Dime algo... y lo olvidaré.
Enseñamelo... y quizás lo recordaré.
Haz que participe... y lo comprenderé».

Añadamos: 

«Muéstrame cómo amarlo... y lo cuidaré».

¡Feliz semana!

P.D. Para convencer con nuestro relato, también tenemos que desarrollar nuestra capacidad de inspirar confianza y no te hemos contado nada al respecto. Ya lo comentaremos más adelante ;-).

1 2 3
Editor
Yeray Martínez Montesdeoca
Eduardo Martínez de la Fe
Equipo: Ana Mayor Terrel, Gema Cruz Cañadas, Káhina Santana Miranda, Pepe Martín.

Compartimos, queramos o no, seamos conscientes o no, el viaje de la vida en este planeta Tierra. Somos un equipo de expertos de diferentes ámbitos que nos hemos unido para hablar de sostenibilidad, comprometidos con aportar nuestras experiencias y hallazgos para que consigamos una relación más saludable con la naturaleza y con nosotras mismas.

Yeray Martínez Montesdeoca (editor) es director de Genea Consultores, ingeniero de montes, emprendedor, experto en liderazgo y restauración de paisajes. Le acompañan en la co-creación de esta bitácora Ana Mayor Terrel (periodista y copywriter), Gema Cruz Cañadas (pedagoga forestal), Káhina Santana Miranda (experta en procesos participativos transformadores) y Pepe Martín (tecnologías de educación, marketing digital, creatividad, diseño y artes escénicas y visuales).