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Blog de Tendencias 21 sobre sostenibilidad

Estando inmersos, como lo estamos, en plena campaña política, este mes nos hemos dejado llevar por la actualidad. Ya que las elecciones generales del este domingo 28 de abril son un proceso de participación, nos hemos detenido a observar la cita. Reflexionamos sobre el desafío que tenemos por delante como sociedad y cómo podemos transformar el voto en una herramienta para conectar con nuestra naturaleza.


¿Con qué actitud afrontas la cita electoral?

Por nuestro trabajo, en Planeta Humano hemos hablado hasta ahora de participación ciudadana, que es la forma bajo la cual las personas corrientes podemos formar parte de la toma de decisiones de los gobiernos.
 

Respecto a la convocatoria electoral, se trata de otra herramienta de participación, en este caso política, que consiste en la intervención de los ciudadanos para la designación de gobernantes.

 

Los procesos de participación contribuyen al desarrollo humano, sostenible y social. Sin participación, la democracia no es plena. Por eso tenemos el derecho y el deber de votar. Y los personas que ostentan los cargos políticos, el deber de representar a la ciudadanía y cumplir sus promesas. Ambos tenemos una responsabilidad.

 

Tratando de aportar una mirada positiva a la situación pre-electoral en la que nos encontramos, el equipo de Genea nos hemos reunido para reflexionar en torno a esta cuestión.

 

¿Qué podemos hacer las personas, políticas o ciudadanas, por sacar lo mejor de nosotras mismas y ejercer una influencia positiva ante los próximos desafíos electorales? ¿desde qué valores podemos afrontar la cita electoral?


 

De quién es la responsabilidad

 

Cuando hablamos de política solemos poner el foco del problema en la clase política. No nos ofrecen credibilidad. Les juzgamos como hambrientos de poder, de realizar acciones por los réditos políticos que obtienen, por salir en la foto y no por hacer lo que hay que hacer, es decir, poner el poder al servicio de las necesidades compartidas.

 

Ahora bien, ¿el problema es solo de la clase política o los ciudadanos también tenemos parte de responsabilidad en el espectáculo? ¿Nos conformamos con debates moderados o estamos deseando que haya insultos y peleas? ¿Queremos que los políticos se entiendan entre sí o que nuestro favorito venza y gane el poder suficiente para no tener que pactar con nadie?

 

Ambas partes tenemos una responsabilidad y nuestra participación en las urnas debiera demostrarlo.

 

No sabemos si tú eres de las personas escépticas que creen que la política —o más bien las personas que la ejercen— está alejadas del sentir ciudadano y creen que su voto no servirá de mucho, o si eres una persona entusiasta que cree en la democracia y confía en que su voto será útil para transformar la realidad en algo mejor.

 

Seas como seas, la realidad es que el cambio de escenario que hemos vivido en los últimos años, con la irrupción de nuevas formaciones que nos han sacado del monótono bipartidismo, nos ha hecho caer en la cuenta de que ya nadie va a poder gobernar por sí solo. Ningún partido tiene asegurada la mayoría suficiente como para no tener que dialogar y llegar a acuerdos.
 

Y es en esta situación entendemos que existe una gran oportunidad.
 

La Sostenibilidad requiere, como hemos comentado en entradas anteriores, una revisión profunda de nuestros valores para generar una nueva mirada sobre el mundo que, verdaderamente, transforme la realidad.
 

Hablamos de valores como el de integrar, como el de ejercer un poder no excluyente. ¿Qué mejor caldo de cultivo para normalizar esta nueva forma de gobernar que la de no poder hacerlo solo?
 

Ahora bien, poder aprovechar esta oportunidad, requiere mirarnos hacia dentro y revisar desde dónde estamos mirando y actuando.

 

Revisar si estamos siendo guiados por nuestra integridad, por nuestra decencia, es decir, desde nuestra responsabilidad y compromiso con el bien común.
 

Es algo que podemos hacer los votantes y también que pueden hacer quienes se dedican a la política.


 

¿Qué podemos hacer como votantes?

 

Podemos preguntarnos ¿de qué forma contribuimos en nuestro entorno, en esta etapa de elecciones, a fomentar los valores adecuados? ¿Escuchamos sin prejuicios las opiniones de quienes piensan diferente? ¿Intentamos comprender el lugar desde dónde miran esas otras personas? ¿O bien refutamos y armamos nuestros discurso contrario para vencer en la  batalla dialéctica?
 

¿En base a qué votamos? ¿En base a quienes nos resultan más afines o en función de nuestros valores y lo que creemos que es importante para el bien común?
 

La sociedad la construimos entre todos. Y cada uno, por acción u omisión moldea su espacio de influencia.
 

También nos hemos cuestionado qué visión tenemos de las personas que se dedican a la política y cuánto de lo que son se debe a la imagen que de ellas tenemos.
 

En nuestra reflexión compartida, hemos conectado con el famoso experimento Pigmalión según el cual, las expectativas sobre un conjunto de personas —el caso más famoso es con el alumnado— acaba generando una respuesta de ese grupo de personas acorde a dichas expectativas. Algo así como que si la profesora piensa que su alumnado es capaz y brillante, logrará que esas niñas y niños logren mejores resultados que si piensa que no lo son.
 

En consecuencia, si tenemos contacto directo con personas que se dedican a la política, ¿qué esperamos de ellas, les damos un voto de confianza o directamente las damos por perdidas? ¿cuánto de lo que esperamos se debe a su forma de actuar y cuánto a nuestros prejuicios?
 

Nosotros concluimos que, en general, estamos predispuestos a esperar de la clase política que dé lo peor de sí misma. Sin embargo, detrás de cada político o política, hay una persona. Si elegimos creer en ellas y les otorgamos nuestra confianza, estas pueden cambiar lo que dan.


 

¿Qué pueden hacer los cargos políticos?

 

Pensamos que, como en todo grupo social, en la política hay personas de todo tipo. Y en consecuencia, y algún caso conocemos de primera mano, también hay personas dedicadas a la política muy conectadas con servir a la sociedad, con generar un cambio positivo que contribuya a mejorar la vida de las personas.
 

A ese tipo de personas les pedimos que, gane quien gane, sean capaces de entablar diálogo y construir acuerdos para integrar la diversidad de visiones.

 

Esto, al igual que en la parte que nos toca a la ciudadanía, es posible lograrlo si ejercen el poder con integridad y compromiso, si se conectan con su naturaleza.

 

Porque unas y otros somos personas habitando un Planeta Humano y podemos transformarlo desde nuestra actitud.

 

Habrás escuchado más de una vez que lo que crees es lo que creas. Este es nuestro poder como sociedad, creer para transformar, cada persona desde su lugar.

 
¿Crees en el poder de las creencias, valga la redundancia? ¿has experimentado alguna vez que lo que crees es lo que creas? Te animamos a revisar tu actitud antes de que llegue la cita electoral, conectarte con tu naturaleza y creer en tu poder para transformar la realidad.





El artículo de febrero quedó incompleto. Solo esbozamos la relación que existe entre procesos de participación ciudadana y liderazgo. En el post de marzo queremos profundizar para explicar de qué forma planteamos el liderazgo dentro de un proceso, cómo se ejerce y en qué pilares se sustenta. Desde la perspectiva que trazamos en Genea, el objetivo del liderazgo es liberar el potencial de las personas o potenciar la inteligencia colectiva para la acción, como nos gusta llamarlo. Hoy vamos a explicar cómo lo impulsamos.


Foto de personas creado por rawpixel.com - www.freepik.es
Foto de personas creado por rawpixel.com - www.freepik.es

Busquemos una situación de partida.
 

Nos encontramos en un proceso participativo auspiciado por una entidad que necesita resolver la gestión de un recurso natural, digamos por ejemplo el agua, un monte o un área protegida. Sin embargo, esta entidad tiene a la opinión pública en contra. El conflicto ha surgido porque la entidad pretende actuar desde una perspectiva muy técnica, mientras que la ciudadanía reclama sus derechos y su voz sobre lo que a ella le afecta esa gestión. La entidad se dispone entonces a desarrollar un proceso de participación ciudadana para tratar de acercar posturas y tener en cuenta a la ciudadanía.
 

Después de indagar en el panorama, y por abreviar, descubrimos que existe una percepción distorsionada del tema. En parte, por la desinformación que tienen los ciudadanos y, en parte, por la falta de credibilidad de la entidad. En este punto, cualquier cosa que diga será utilizada en su contra.
 

Detectamos, pues, dos problemas:

  • la falta de conexión de la entidad con la ciudadanía

  • la falta de un relato o discurso que integre las diferentes visiones y las haga partícipes de encontrar esa solución para bien de todas las partes.

 

Después de los trabajos iniciales de escucha activa de los diferentes actores del proceso, nos planteamos el horizonte de construir relaciones de confianza que hagan a la entidad recuperar la credibilidad y al mismo tiempo, mantener el compromiso de las diferentes voces, ayudando a todas las partes a conectar con el propósito que las une.
 

Si leíste el artículo anterior, planteábamos el proceso participativo comparándolo con la metáfora de la construcción de un edificio. Siguiendo con esa analogía, el proceso y las fases del proceso participativo son la fachada del edificio, y por sí solo sería demasiado superficial, no se sustentaría. Para sostener una obra de semejante envergadura como es construir el viaje hacia la Sostenibilidad, necesitamos cimientos sólidos, necesitamos el liderazgo para sostenerlo.
 

Necesitamos cimientos sólidos, que los aporta el liderazgo.


 

Cómo se despliega el liderazgo en el proceso

 


La primera tarea que debemos fomentar es que las personas que forman la entidad, y particularmente quienes dirigen el proceso, conecten con su propia voz, con su propósito, con la contribución que hacen mediante su trabajo y su compromiso. Es el punto de partida más valioso para poder crear una visión compartida.
 

Cuando nos conectamos a lo que hacemos desde lo mejor que somos, fomentamos e invitamos a hacer lo propio a las demás personas. Este es el corazón de la influencia positiva que podemos tener en los demás, y por tanto, el corazón de nuestro liderazgo.
 

En segundo lugar es importante que tomemos conciencia que «las entidades» per se, no existen. Existen las personas que dan vida a esas entidades. De igual forma pasa con la ciudadanía. La ciudadanía no existe como tal, existen las personas que constituyen la ciudadanía y, particularmente, aquellas que, por su conexión personal, están motivadas a vincularse con el proceso en cuestión. Solo desde el trabajo sobre las relaciones entre las personas es como vamos a poder transformar la situación.
 

En tercer lugar, las personas de la entidad deben comprender en profundidad y conectar con los intereses de las otras partes, saber cómo están percibiendo ese problema común, para buscar el punto de interés común a partir del cual generar el entendimiento.
 

Por último, las personas de la entidad deben ser capaces de facilitar que se genere esa mirada integradora de las distintas sensibilidades. Cuando sumamos a todas las partes es cuando podemos generar r relaciones de confianza e influenciar positivamente en los demás. Quien no suma, no lidera.

 

Y para conseguir todo ello, el proceso participativo se apoya en el liderazgo. En concreto, el liderazgo se despliega bajo dos competencias muy necesarias para manejarse en un entorno de complejidad —y no de estabilidad—, como es el momento que vivimos. Nos referimos al pensamiento sistémico y al enfoque estratégico.

 
 

Las dos competencias para abordar la complejidad y liderar




Lo hemos dicho en más de una ocasión, pero insistimos: en un entorno de complejidad no cabe un pensamiento lineal que proporcione respuestas automáticas. Tampoco son válidas únicamente las soluciones técnicas.
 

Hay otros factores que hay que tener en cuenta y todos ellos forman un sistema en el que cada parte está interrelacionada con todo lo demás. Todo influye en todo y este todo es indivisible. Por tanto, hay que contemplar todas las variables y para ello, necesitamos un pensamiento sistémico.
 

El pensamiento sistémico ayuda a:

  • salir de la zona de confort

  • expandir la mirada y ver más allá

  • contemplar todos los elementos y sus inter-relaciones

 

La otra competencia necesaria en un entorno complejo es un enfoque estratégico, ya que facilita la comprensión del contexto a corto, medio y largo plazo. Esto permite una mayor flexibilidad y capacidad de adaptación.
 

El enfoque estratégico ayuda a:

  • comprender el contexto

  • tener una visión de futuro, un saber a dónde queremos ir

  • marcar una hoja de ruta para saber cómo lo lograremos

 

Ahora sí estamos preparados para resolver el conflicto



Cuando se trabaja desde esta perspectiva, comprendiendo el contexto, escuchando cada sensibilidad relacionada con el proyecto que nos ocupa y creando una nueva mirada compartida e inspiradora, somos capaces de avanzar hacia una solución orientada al bien común.
 

Esta metodología sistémica y estratégica, que ayuda a encontrar respuestas y a resolver conflictos, funciona porque las relaciones humanas son sistémicas — todo está interconectado —, pero también emocionales. Cuando somos capaces de crear un relato compartido que conecta con las necesidades de todas las partes y logra emocionar, o incluso entusiasmar, es cuando conseguimos avanzar hacia ese propósito común.
 

A diferencia de un trabajo de asesoría, donde se propone una solución, que más bien se percibe como algo impuesto desde fuera, el trabajo sistémico es un proceso que se hace en colaboración con las personas. Son ellas las que van descubriendo desde  sí mismas qué se puede hacer o cambiar para encontrar la solución al problema o conflicto.
 

Y esa fuerza que encuentran dentro, ese potencial que existe en su propia naturaleza como seres humanos —ese es nuestro eslogan:  «Nuestra naturaleza es nuestro potencial»— hace que sean capaces de escucharse y de que les escuchemos. Es gracias a eso como consiguen empoderarse , porque las soluciones vienen desde dentro de ellos y les da el poder para liberar su inteligencia colectiva.

 

Nosotros ya te hemos contado cómo trabajamos el liderazgo. Ahora dinos tú: ¿sueles trabajar bajo esa visión de pensamiento sistémico?  ¿tus acciones se desarrollan bajo el paraguas de una estrategia que te ayude a comprender el contexto que te rodea y mirar hacia el futuro teniendo una hoja de ruta?

 

En Genea damos una importancia especial a los procesos de participación ciudadana. Nos gustan por lo que aportan como herramienta para trabajar a nivel social. Pero los procesos no solo son una herramienta en sí misma. Desde el enfoque que le damos, están vinculados de alguna manera al liderazgo, forman parte de algo más grande y profundo. Por eso, en este post nos gustaría aclarar la relación que existe entre ambos y contextualizar la manera como se desarrollan e interactúan liderazgo y participación.


¿Qué papel juega el liderazgo en los procesos participativos?

Empecemos por la base.
 

Sabemos que la Sostenibilidad es una realidad compleja y que para abordar la complejidad no basta solo la propia verdad, no basta con mirar desde el propio punto de vista. Necesitamos conocer y comprender la mirada de los demás, abrir espacios de diálogo y alcanzar un nuevo punto de vista juntos, colaborando. La herramienta que permite lograrlo son los procesos participativos.

 

Por lo que has leído hasta ahora en este Planeta Humano, sabes que para nosotros un proceso participativo implica mucho más que reunir a la sociedad, plantearles en un cuestionario qué opinan de tal o cual actuación en su entorno, recogerlo en un papel y extraer datos estadísticos.

 

Pensamos que un proceso es una oportunidad para lograr una solución mejor entre todas y todos, priorizando el bien común como eje de su desarrollo.  Rescatamos la definición que dimos de los procesos participativos en un artículo anterior : «la esencia de un proceso participativo es construir nuevas realidades colectivas a partir de las visiones personales».


 

Cómo conectamos procesos y liderazgo

 

Para abordar esta complejidad, nos referiremos a ella desde tres niveles de trabajo: superficial, intermedio y profundo. Lo que da consistencia a un proceso participativo, que estaría en la capa más superficial de una actuación, es el liderazgo, que estaría en el nivel profundo. Nos explicamos.

 

Imagina un edificio. No uno cualquiera. Piensa en un hospital. Esa construcción, como otras, tiene cimientos, paredes interiores y fachada. El propósito de esa edificación es servir como centro de consulta, atención, cura, alivio… Su planteamiento sería bastante diferente si la construcción se hubiera planteado con el objetivo de ser un cine. Tendría cimientos igualmente, pero la distribución de las paredes, la forma del edificio en sí e incluso la fachada serían completamente diferentes porque tendría en cuenta un propósito bien distinto.

 

Ahora que tienes esta imagen en mente, vamos a relacionarla con los procesos y el liderazgo.

Nuestra forma de trabajar en Genea tiene 3 estadios, igual que los edificios. Usando esta metáfora arquitectónica, los procesos serían la fachada del edificio, el liderazgo se correspondería con los cimientos y las paredes interiores, con un elemento intermedio que hasta ahora no hemos mencionado: la estrategia.

 
 

Lo que no es un proceso participativo

 

Pero para eliminar la confusión que pueda surgir con esta metáfora, un proceso de participación para nosotros no es una mera fachada porque no se sostendría sin cimientos, es decir, sin propósito ni liderazgo, y sin paredes, es decir, sin una estrategia. De ser así, sería un decorado de cartón-piedra.
 
 

Lo que sí es un proceso participativo


¿Si el proceso no es una mera fachada? ¿Qué es?

 

Desde el enfoque con el que lo trabajamos en Genea, los procesos son impulsados por el propósito de una entidad, forman parte de una estrategia de esa organización e involucra a la sociedad.

Por eso, suponen:

  • apertura a la diversidad
  • colaboración para alcanzar nuevas realidades
  • escucha sincera y comprometida
  • creación de relaciones de confianza
  • compromiso

 

La palabra que lo cambia todo: compromiso


Hemos hablado de que hay una capa intermedia entre el liderazgo y los procesos, que es la estrategia. Esta es la pauta que nos guía para desplegar el liderazgo desde cada organización. Pero más que el “qué hacer” nos indica el desde dónde hacerlo. Es decir, la estrategia nos habla de cómo aportar valor a un proceso para que las personas se conecten con él y, conectándose, se comprometan.

 

Y esta es la palabra más importante a la que queríamos llegar: compromiso. Tenemos comprobado que solo desde el compromiso se puede avanzar en el proceso y liberar el potencial de las personas, que es la misión fundamental con la que trabajamos en Genea el liderazgo para la Sostenibilidad.

 

Cuando una persona está comprometida con el proceso, su nivel de creatividad aumenta. Ahí es donde empieza a dar lo mejor de sí misma y a «producir» resultados sorprendentes. Porque la productividad sin compromiso no existe, es mera producción o un hacer desconectado del ser.

 

La verdadera capacidad de ejercer el liderazgo por medio de un proceso participativo consiste en generar ese compromiso, conectar a las personas con un propósito significativo para ellas y sumar voces y visiones diversas a partir de las que alumbrar una nueva realidad integradora y orientada al bien común.

 

 

Aunque la punta del iceberg es el proceso, en Genea siempre trabajamos por anclarlo a lo más profundo del hielo, por crear un edificio consistente donde las fachadas se correspondan con los cimientos y sean un despliegue de ellos.

 

Ahora bien, no solo consiste en tener un propósito sino en ser capaces de sacar todo el potencial a la herramienta de participación que es el proceso. Y eso ya es misión del liderazgo, por lo que le dedicaremos el próximo post.

 

Hasta entonces, te emplazamos a leer y releer los artículos que hemos ido publicando porque cada vez te resultará más fácil seguir el hilo de este relato que compartimos contigo para realizar juntos el viaje colectivo a la Sostenibilidad.  
 

Como ocurre en los procesos, si tienes otra mirada sobre el tema, compártela en los comentarios. Te escuchamos.

 


Terminamos el año 2018 contando un caso práctico de cómo culmina un proceso participativo. Ya que es enero y estamos comenzando nuevos proyectos, nuestra naturaleza nos pide que nos detengamos a explicar cómo trabajamos el inicio de un proyecto. Nuestro propósito es doble: atender lo que la persona que nos contrata nos demanda, pero también intentar descubrir en profundidad lo que necesita. En este artículo abordamos cómo la escucha activa nos ayuda a ser más capaces y a generar respuestas más poderosas.


Escuchar, empoderar, crear
Foto: mrsiraphol / Freepik


Comienza el año y se abre un nuevo ciclo en el que muchos de nosotros arrancamos proyectos. Iniciar un proyecto siempre es ilusionante. Que una persona nos llame para hacer algo juntos siempre nos despierta alegría, es una oportunidad de ayudar a que las cosas avancen

 

Siempre procuramos no quedarnos en solucionar el problema por el que contactan con nosotros, sino también mirar un poco más allá e intentar asegurarnos que entendemos en profundidad la necesidad que se nos plantea. Escarbar un poco más para enraizar mejor. 

 

Con un ejemplo concreto se puede entender con más claridad.

 

Una persona, por ejemplo que forma parte de una entidad, contacta con nosotros porque tiene que implantar una solución técnica que afectará a una determinada población. Su petición va orientada a desarrollar un proceso participativo para conocer la opinión de la población, tomar el pulso de su sentir y así poder anticiparse al posible conflicto social.

 

Sin embargo, cuando escuchamos esta demanda explícita y ahondamos en el contexto, descubrimos que la problemática de fondo no es de una situación particular, sino algo más generalizado. Bajo nuestra perspectiva entendemos que lo que en realidad le hace falta es más profundo y quizás menos evidente: el problema no es solo testar la opinión y tenerla en cuenta sino fortalecer el nivel de confianza en las relaciones con esa comunidad para poder desbloquear esa situación o avanzar de forma más rápida.

 
Ya lo hemos comentado en otras ocasiones: la confianza es fundamental para avanzar. 

 

De la demanda explícita a la necesidad implícita

 

 
Este enfoque hacia lo profundo es muy consciente y deliberado, porque también es una herramienta de liderazgo, tal y como lo entendemos en Genea


No nos quedamos en lo inmediato y superficial sino que ampliamos la visión y tratamos de conectar lo inmediato con el propósito, con lo profundo. Nuestra misión es realizar un trabajo estratégico, con una visión a largo plazo, porque es esa visión la que nos hace llegar más lejos, ser más capaces y entonces, más poderosos.

 

Para conseguirlo es más eficaz descender hacia el interior porque es ahí donde se esconde lo verdadero.

 

Para ello, aplicamos la técnica más apropiada que, para nosotros, es la escucha activa.

 

En estos casos desarrollamos una doble escucha activa.

 

En primer lugar, escuchamos a la persona o las personas que promueven el proceso participativo para descubrir su motivación, su propósito, lo que es realmente importante para ella dentro de esa iniciativa.

 

Esto nos da una base más sólida a la que anclar el desarrollo del proyecto. Cuando hay un porqué, hay fuerza para llevarlo adelante a pesar de las adversidades.

 

Por otro lado, escuchamos a la población. Mediante la escucha activa, honesta y profunda, se genera un cambio de predisposición por parte de las personas escuchadas. Poder verbalizar y expresar sus necesidades sin ser juzgadas transforma su actitud hacia la cuestión que es objeto del proceso.

 

 

De la escucha al empoderamiento

 

 

¿Hacia dónde nos lleva la escucha?

 

Según la enfocamos nosotros, a hacer el camino del empoderamiento.

 

Porque lo que da auténtico poder y capacidad de conseguir los objetivos es escuchar.

 

Escuchar a los demás no solo nos da información más certera desde la que actuar, sino que, si lo hacemos desde la honestidad y la búsqueda de soluciones mejores para la otra parte, desde el ganar-ganar, es una poderosa herramienta de generar confianza e influencia en los demás para avanzar hacia donde pensamos que es necesario.

Y escuchar a las otras partes también los empodera si, como decíamos, buscamos integrar y generar soluciones y respuestas que beneficien a todas las partes, porque desde esa comprensión profunda de las otras partes podremos realmente dar respuestas a sus necesidades y, de esta forma, hacer que participen del ejercicio del poder, ahora más colectivo

Ahora bien, no confundamos empoderarnos con ejercer el poder per se. Nosotros creemos en una forma positiva de ejercer el poder, aquella que busca influir de forma positiva y honestamente integradora  en el entorno.  

 

Por tanto, desde esta escucha, nuestra aportación se dirige a las dos partes y conseguimos un múltiple empoderamiento.

 

Se empodera a la persona o personas que promueven el proyecto, que fortalece su liderazgo, y también la población que participa. A los primeros, porque se hacen más conscientes de su verdad, de lo importante, y son capaces de entender el contexto sobre el que van a actuar, de construir soluciones mejores para todas las partes y de capitalizar confianza y mejorar su influencia. A la segunda porque le damos voz y su voz gana capacidad de ser tenida en cuenta.

 


Del empoderamiento a la creación

 

Como hablábamos arriba, consiguiendo este doble empoderamiento y conectando con lo verdadero de cada una de las personas, generamos relaciones de confianza auténticas, más poderosas porque están enraizadas en lo profundo, en la verdad de cada parte.

 

Así, cuando ambas partes confían y apuestan por la relación, dan fe (eso es con-fiar) de que pueden construir algo mejor entre todas. Y cuando ambas partes lo creen, es cuando se genera esa posibilidad. Por eso se dice que «lo que creemos es lo que creamos».

 

Y esto es lo verdaderamente empoderante, lo que da capacidad.

 

Después de esto, cualquiera que sea el rumbo que tome el proyecto, se haga buscando el beneficio mutuo.

 

 

¿A ti también te pasa, que piensas que necesitas una cosa y si profundizas descubres que estás queriendo otra o algo más importante? ¿Sueles escuchar tu verdad escondida? 

Cuéntanoslo en los comentarios.

 


Como cierre del año en Planeta Humano queremos representar con un caso práctico las ideas que venimos desarrollando en esta bitácora. Los artículos anteriores pueden resultar algo teóricos, aunque todos ellos son reflexiones extraídas a partir de casos reales. Haciendo un esfuerzo por ser menos abstractos traemos el caso de “La Carta por la Sostenibilidad para el avistamiento de cetáceos” en Tenerife, que se alcanzó tras un proceso participativo.


webtenerife.com
webtenerife.com
Esta historia arranca cuando llega el momento de renovar la Carta de Calidad en Servicios Turísticos de Avistamiento de Cetáceos. Este documento impulsado por Turismo de Tenerife recogía 15 criterios orientados a ofrecer un servicio turístico de calidad en esta actividad.  
 
Fue entonces cuando se planteó la necesidad de desarrollar un nuevo documento a través de un proceso participativo con todas las partes implicadas.

El viaje de la calidad a la Sostenibilidad


El resultado se recoge en «La Carta por la Sostenibilidad para el avistamiento de cetáceos» (puedes leerla aquí), un documento más extenso y ambicioso. Su objetivo: conformar un compromiso no solo con la excelencia del producto turístico sino con impulsar la actividad del sector y su compromiso con la Sostenibilidad. El matiz es leve pero importante, porque marca un nuevo punto de partida.

 

El contexto de esta actividad turística



El contexto en el que se desarrolla esta actividad es, por decirlo de alguna forma, muy poco sostenible. El avistamiento de cetáceos en esta zona convive con otro tipo de actividades turísticas que están lejos de tener algo que ver con la Sostenibilidad.


La costa del sur de Tenerife es un lugar muy especial, hay una vida en el mar increíble, con decenas de especies de ballenas y delfines y aves marinas singulares. Un paraíso en el que casi todos los días puedes salir al mar y ver criaturas maravillosas.


Paralelamente es una de las zonas con mayor desarrollo de la actividad turística, con un modelo de explotación muy intensivo de sol y playa que recibe millones de visitantes cada año. Parte de ese modelo incluye infinidad de actividades en el mar, muchas de ellas muy poco respetuosas con la naturaleza que las rodea y en la mayoría de ocasiones centradas en maximizar las oportunidades económicas que brinda un destino tan visitado.


En ese clima, las empresas que ofrecen la actividad de avistamiento de cetáceos y que están comprometidas con cuidar esta naturaleza de la que viven, se sienten solas y desprotegidas tratando de remar a contracorriente, por decirlo de algún modo.


Sin embargo, después de unos meses de trabajo se ha conseguido renovar ese compromiso por desarrollar una actividad respetuosa con la vida marina e impulsar la motivación y el sentimiento de pertenencia a una comunidad que no solo quiere mejorar su relación con la naturaleza que le rodea, sino también transmitir amor por ella y ser un modelo para otras zonas turísticas del mundo.


¿Quieres saber cómo trabajamos para conseguir este resultado?

 
 

Cómo se desarrolló el proceso



El proceso de participación lo abrimos más allá del propio sector empresarial, e incluyó conversaciones con investigadores especializados, el Gobierno, expertos en educación ambiental y municipios turísticos de la zona. Necesitábamos tener visiones diversas y escuchar a cada parte para conocer su enfoque y la problemática global de la actividad.


Junto con estas entrevistas pusimos el foco en otras claves. Por ejemplo, nos fijamos en el perfil que tendrá el turista en un futuro próximo y, así, plantear una visión a largo plazo que permita trazar un horizonte menos inmediato y que sea más robusto para el sector.


También analizamos buenas prácticas que se dan en otros países que también ofrecen el avistamiento de ballenas y delfines y, por último, realizamos talleres en los que los diferentes actores, incluidas las empresas del sector, interactuaron y expusieron sus propios puntos de vista.


Detectamos problemas internos que frenaban el hecho de avanzar de forma alineada hacia el objetivo común, tales como la competencia que existía entre empresas del mismo sector.


Y buceamos con las personas participantes hasta llegar a los valores que desencadenan el comportamiento humano.

 
 

El resultado y los aprendizajes



El resultado del proceso fue la Carta por la Sostenibilidad, un nuevo enfoque planteado desde el cambio de una preposición: pasó de ser una carta «de» a una carta «por».


Sin embargo, tan importante como el resultado creemos que fue la suma de los procesos que compartimos:
 

  • Definimos un propósito significativo y motivador para los miembros de la Carta. Construimos un relato a partir del cual trabajar alineados desde la escucha activa de las partes. (De esto ya hablamos en este post).
     

  • Encaramos la competición entre las empresas prestadoras del servicio, invitándoles a crear una nueva realidad basada en la colaboración para fortalecer el sector. En lugar de defender la verdad individual y batallar por la escasez, les propusimos una mirada de abundancia. (De esto ya hablamos en este post).
     

  • Situamos el cambio en un marco de pensamiento alineado con valores que favorecen la sostenibilidad y mueven a actuar hacia el bien común. (De esto ya hablamos en este post).
     

  • Abrimos la comunidad de personas que trabajan por la Sostenibilidad del sector, creando el rol de las entidades colaboradoras de la Carta, que ya cuenta con sus primeras adhesiones.
     

  • Fortalecimos la integridad y el compromiso del grupo con un sistema de trabajo que incluye herramientas de evaluación y mejora con el que las empresas se comprometen de forma voluntaria.
     

  • Generamos un horizonte inspirador: hoy Tenerife busca convertirse de aquí a 2025 en un referente para otras zonas de avistamiento de cetáceos, ejerciendo un liderazgo en el sentido de influir positivamente sobre ellas. (De esto ya hablamos en este post).
     

  • Sacamos brillo a los impactos positivos que el compromiso por la sostenibilidad ha de generar a nivel local, cuidando a la población, favoreciendo a todos los municipios turísticos de la zona y reforzando la marca de Turismo Sostenible adoptada por la isla.


Como conclusión y para resumir la transformación que propusimos a los participantes en el proceso, este proyecto podría considerarse un Viaje del héroe.
 

Este concepto se refiere a un marco narrativo muy utilizado en películas y novelas de todos los tiempos en el que el protagonista pasa de ser víctima a héroe de su propia historia. Esa metáfora muestra la capacidad que tenemos los seres humanos para conectar con nuestro propósito y convertirnos en creadores conscientes de nuestra existencia.   
 

En este viaje del héroe los seres humanos podemos sacar aprendizajes significativos:

  • descubrimos que no estamos solos
  • descubrimos el valor de comprometemos con nuestro propósito y armarnos para conseguirlo
  • emprendemos el viaje colectivo hacia la sostenibilidad

 

Y con este relato práctico esperamos haber aterrizado todas esas ideas y reflexiones que hemos ido compartiendo en esta plataforma de comunicación. Cerramos el año satisfechos de nuestros aprendizajes y dispuestos a compartirlos con todas las personas que quieran emprender el camino hacia la Sostenibilidad.  

¿Te animas a hacer tu propio viaje del héroe?

 




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Editor
Yeray Martínez Montesdeoca
Eduardo Martínez de la Fe
Equipo: Ana Mayor Terrel, Gema Cruz Cañadas, Káhina Santana Miranda, Pepe Martín.

Compartimos, queramos o no, seamos conscientes o no, el viaje de la vida en este planeta Tierra. Somos un equipo de expertos de diferentes ámbitos que nos hemos unido para hablar de sostenibilidad, comprometidos con aportar nuestras experiencias y hallazgos para que consigamos una relación más saludable con la naturaleza y con nosotras mismas.

Yeray Martínez Montesdeoca (editor) es director de Genea Consultores, ingeniero de montes, emprendedor, experto en liderazgo y restauración de paisajes. Le acompañan en la co-creación de esta bitácora Ana Mayor Terrel (periodista y copywriter), Gema Cruz Cañadas (pedagoga forestal), Káhina Santana Miranda (experta en procesos participativos transformadores) y Pepe Martín (tecnologías de educación, marketing digital, creatividad, diseño y artes escénicas y visuales).