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SEGURIDAD Y DEFENSA: Manuel Sánchez Gómez-Merelo




Blog sobre convergencia y tecnología de Tendencias21

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Después de más de dos meses de confinamiento, de teletrabajo, de abominables teleprogramas y de abdominales nunca hechos, podemos apreciar que empieza a rugir el motor de puesta en marcha, mantenido al ralentí durante estas semanas, mientras nos ocupábamos de las medidas a cumplir. Cada día ha sido notablemente similar al anterior y ha habido que hacer un verdadero esfuerzo mental para que la sensación de esclavitud y la ansiedad no ganaran la partida, pero también hemos conocido aspectos de nosotros mismos nunca antes experimentados que, si sabemos explorarlos e implementar sus atributos, pueden abrirnos puertas a una conciencia ampliada que sirva, no sólo para vencer nuestras propias crisis personales, sino para lograr tramitar con inteligencia la desescalada y transición de esta que nos ocupa.


Las consecuencias
 

Esta ha sido una crisis descomunal que no hubiéramos podido imaginar ni en nuestras más fantásticas proyecciones de futuro. Las vidas humanas que se han quedado irremediablemente en el camino (más de 27.000 en el momento de escribir estas líneas); las graves repercusiones que ha tenido para todo el personal sanitario el intento de salvarlas; la incertidumbre inevitable de científicos y políticos, y las duras consecuencias sufridas por el ciudadano, quedarán para siempre en nuestra historia personal y colectiva como una pesadilla compartida, llena, sin embargo, de una solidaridad y fraternidad que desconocíamos.
 

La mente es selectiva y eficiente y, mientras hemos estado ocupados en gestionar el confinamiento, hemos apartado otros temas capitales que sólo ahora entran en pantalla: la economía, en cuanto se refiere a la suspensión mayoritaria de la producción y los servicios no esenciales, con especial repercusión final en el cierre de empresas, sobre todo pequeñas y medianas, con graves consecuencias para la riqueza del país; la política social, que ha intentado paliar las desigualdades y puesto parches a la pobreza de los más perjudicados; y la merma en la actividad laboral, que como consecuencia del cierre temporal o definitivo de empresas ya ha generado casi dos millones de desempleos.
 

COVID-19. La nueva anormalidad… no sin las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

En pocos meses comenzará a verse la otra dimensión humana y social de esta tragedia, una vez sobrepasada la crisis sanitaria, que no la social.
 

Otra de sus consecuencias, no menos importante, es que genera angustia. Como explica Mireia Cabero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, «el estado natural de las personas es la libertad, y esta es la situación a la que todos queremos regresar. Somos seres sociales de vida exterior».
 

Por otro lado, la Universidad de Gotemburgo ha hecho público su índice Varieties of Democracy (V-Dem), que analiza el posible impacto de la COVID-19 sobre la calidad democrática de los países. En él se establecen cuatro categorías: riesgo bajo, riesgo medio, riesgo alto y autocracias cerradas. España se encuentra entre los 34 países que, según este indicador, corren un riesgo medio de perder derechos y libertades a consecuencia de la crisis actual.
 

Esto, sin duda, puede suponer un riesgo para la democracia en muchos países pero, lo peligroso es que, tanto las medidas excepcionales, como las reacciones a las mismas, acaben volviéndose algo normal, haciéndonos necesario estar especialmente atentos a los indicadores que tratan de medir este riesgo.
 

Las seguridades, protagonistas
 

En el antes, durante y después de esta crisis, como en cualquier otra de estas dimensiones, es de destacar el importante papel que han tenido, tienen y tendrán las seguridades, tanto en lo referente a la prevención y protección, como a controles, evaluaciones y medidas de tratamiento.
 

Así de lo general a lo particular, en un breve análisis podemos ver que: en primer lugar, desde un punto de vista transversal la seguridad del confinamiento ha sido fundamental; en un segundo nivel lo es el estudio, análisis, control y tratamiento por geolocalización del problema en cada nivel (España, Comunidades, provincias, ciudades o pueblos); en un tercer nivel, es importante el control y la seguridad de las personas (edad, convivencia, relaciones sociales y laborales); y, en un cuarto nivel, el fundamental rol de las seguridades en las actividades (transporte, industria, comercio, actividades sociales y culturales, etc.).
 

Los cambios que vienen
 

Como ya estamos viendo, la COVID-19 va a cambiar el mundo, las formas de relacionarnos, en general, y, en las actividades industriales, comerciales y sociales, demandando nuevos paradigmas desde las inseguridades e incertidumbres de la improvisación frente a lo desconocido, hacia las nuevas seguridades, dotaciones y búsqueda de garantías.
 

COVID-19. La nueva anormalidad… no sin las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

En este sentido, vamos a tener que operar cambios importantes para tener, a todos los niveles, reales y eficaces planes de contingencia contrastados e implantar y asumir otros muy renovados sistemas de prevención del riesgo, de protección ante catástrofes o pandemias, concienciación y nueva cultura de seguridad ciudadana, consolidación de una nueva cultura de solidaridad y tratamiento social, y nuevos planes de resiliencia para nuestras empresas e instituciones ante catástrofes como la que estamos viviendo.
 

Por tanto, en lugar de prisas irresponsables, ahora hacen falta planes, hacen falta ideas, hacen falta fondos públicos bien empleados y, sobre todo una capacidad de gestión sobre la base de la ética, del bien y del sentido común.
 

La única forma de sobrevivir, mientras avanza la ciencia con verdaderas soluciones, es cambiar. Algunos de esos cambios han de ser, a corto plazo, inevitables modificaciones y controles en nuestros usos y costumbres y, a medio y a largo plazo, hemos de volcarnos especialmente en apreciar e invertir en todo eso que ahora llamamos servicios esenciales de salud y seguridad pública.
 

Estamos demostrando que sabemos resistir y que la solidaridad aflora y se cultiva día a día. Esa que puede salvarnos en medio de todo este disloque nunca vivido con sus afectos y vínculos sociales y pensando en todo lo que nos une.
 

Esta crisis supone un punto irreversible de inflexión y, cuando la pandemia retroceda y recuperemos los espacios comunes, tendremos ante nosotros un mundo diferente.
 

El futuro es ahora. Es tiempo de mirar hacia adelante.
 

Nadie tiene la certeza ni solución hoy en día ni para acabar con el virus ni para enfrentar los desafíos que tenemos por delante pero los cambios por venir ya están en camino.
 

Los medios de recuperación, control y seguridad
 

Recuerdo que en crisis pasadas, sobre todo, por amenaza terrorista, en un estudio de soluciones de control y seguridad, decíamos que estábamos pasando del “para protegeros les vigilaremos, al para protegeros os vigilaremos”. Bueno, en cierta medida, estamos en una situación similar pero afectando más directamente a todos los ciudadanos.
 

Hay que dar especial sentido a lo que está sucediendo tanto como sociedad, como individualmente, para destacar que, ahora, hemos de centrarnos en pequeñas pero eficaces tareas, más que en procesos complejos para garantizar el control y la seguridad.
 

Hoy por hoy, tenemos pocas certezas sobre cómo será el mundo tras la pandemia, excepto que se reactivará con los nuevos planes y programas y, sobre todo, con las prioridades que se decidan, por las medidas que acatemos y por las acciones por las que optemos en estos instantes críticos.
 

Para ello, hace falta gente con espíritu científico, talento, ética y sentido común en todos los puestos de decisión, y mucha unión para encauzar acuerdos amplios entre responsables políticos, como demandamos los ciudadanos.
 

En España, el cortoplacismo es parte de nuestra vida diaria, tanto en lo empresarial como en lo particular, y no siempre es malo. A menudo va unido a una capacidad de improvisación y flexibilidad, menos frecuente en otros países, y que nos ayuda, como ahora, a superar las emergencias o crisis.
 

En la era de la salud digital post COVID-19 es importante plantearse de forma inminente, cómo se llevará a cabo la monitorización de personas enfermas crónicas o de pacientes ingresados en los hospitales, una vez sean dados de alta.
 

COVID-19. La nueva anormalidad… no sin las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Sin duda, en la nueva normalidad la salud digital será una pieza clave y habitual pero hay que invertir esfuerzos y recursos para vencer los principales grandes retos que plantea: Dotar de los medios adecuados, válidos y fiables a normal relación coste-eficacia; Capacitar al personal sanitario en las diferentes disciplinas con suficientes conocimientos para que faciliten su uso e implementación; Reinventar los procesos comunicativos, asistenciales, de cultura en salud para la sociedad y para alertas sanitarias; e Incrementar la investigación en salud digital, para poder identificar cuáles son las estrategias y medios que aportan valor a los ciudadanos y al sistema de salud.
 

La crisis generada por la COVID-19 ha acelerado todo el proceso de implantación de la nueva salud digital de forma no esperada.
 

En la actualidad, en Pekín, cada ciudadano que sale del metro es grabado y se capta su temperatura corporal. Si se detecta que tiene fiebre, se avisa mediante el móvil a todos los ciudadanos con los que se cruzó durante su viaje para informarles sobre su «posible infección». Esto se debe a que las compañías chinas de telefonía móvil y de Internet comparten los datos de sus clientes con los servicios de seguridad y con el Ministerio de Salud.
 

La Comisión Europea ha pedido a las operadoras telefónicas que faciliten el seguimiento de la expansión de la COVID-19 mediante los móviles de los ciudadanos y Bruselas se ha apresurado a afirmar que los datos serán utilizados de forma especial y anónima, sin identificaciones individuales, y que la información se eliminará una vez pasada la crisis. El problema con los datos de movilidad es que son difíciles de “anonimizar”.
 

En España, como ejemplo, el “Coronamadrid”, se propone utilizar las localizaciones para generar un mapa epidemiológico a escala local y dar seguimiento a los ciudadanos para saber su estado de salud. Puede ser una herramienta muy útil también para evitar la saturación de otros canales, como las consultas telefónicas.
 

Controlar los datos después de la COVID-19, es el gran reto y una gran duda pues aporta riesgos e incertidumbres, también.
 

COVID-19. La nueva anormalidad… no sin las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Pero, además, hemos de garantizar que, tras ese final de la crisis sanitaria, no nos encontraremos con un panorama socioeconómico ya desolador por no haber actuado a tiempo. Los esfuerzos de apoyo a la reactivación deben concebirse inmediatamente y de manera preventiva, no reactiva, y las infraestructuras de apoyo y ayudas deben agilizar la marcha con pleno rendimiento permanente.
 

Igualmente, debe incrementarse la inversión en empleo público del sector de la salud y de muchos otros servicios esenciales en todo el espectro que puede tener el impacto a medio y largo plazo, para ayudar a reactivar la economía.
 

En la situación actual, las empresas necesitan un retorno a la normalidad lo antes posible y la prioridad está en ayudar a autónomos y pymes a que recuperen y crezcan en sus actividades y a alcanzar la independencia financiera, a través de un acompañamiento personalizado y profesional, utilizando herramientas claras, precisas y de muy alto valor práctico y operativo.
 

Claramente no es un plan fácil, pero, a la vista de lo que están pergeñando otros países, se pueden ofrecer nuevos puestos de trabajo en actividades clave para la producción de material sanitario, ayudar en el rastreo de contactos de infectados, dirigir los flujos de personas para garantizar la distancia física y asistir a la investigación científica.
 

A modo de conclusiones
 

Hasta hace unos meses, en los que se venía hablando de la importancia de la innovación, todavía se podían posponer los planes y programas en distintas actividades industriales y comerciales, pero la crisis sanitaria y, consecuentemente la económica, ha acelerado todo, y procesos que estaban previstos para próximos años, hay que ponerlos en marcha ya.
 

Y en medio de toda esta crisis, también están aflorando nuevas oportunidades y lo único es que tenemos que adaptarnos al nuevo escenario. Nuevos hábitos de consumo, actividad y trabajo han llegado para quedarse, trabajaremos más en casa, tendremos menos dinero, habrá que reinventar las actividades de ocio, cultura y turismo así como nuestros métodos de formación e información, todo enfocado a una demanda que ha cambiado definitivamente.
 

No debemos olvidar que lo importante de todo esto no es la lección, es la enseñanza. De lo que aprendamos de esta crisis dependerá nuestra supervivencia presente y futura.
 

Reactivación y supervivencia en la que tiene mucha importancia la sociedad en su conjunto, que se está viendo mediáticamente manipulada, en muchos casos, por personas u organizaciones tóxicas o tocadas por el efecto Dunning-Kruger, que puede resumirse en una frase: “cuanto menos sabemos, más creemos saber”. Es un sesgo cognitivo según el cual, las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos suelen sobreestimarse “porque es muy fácil decir cómo se hacen las cosas, cuando las tienen que hacer otros”.
 

Estamos en nuestro tiempo más importante, el “Carpediem”, expresión que fue concebida por el poeta romano Horacio. Su traducción literal otorga relevancia a la frase “cosecha el día”, cuyo contenido intenta alentar al aprovechamiento del tiempo para no malgastar ningún momento. Y es aquí y ahora donde estamos con todas las seguridades para vencer esta crisis.


Como todos sabemos el Gobierno español ha aprobado un “Plan para la transición hacia una nueva normalidad”. Esta hoja de ruta en la que se marcan los objetivos generales que hemos todos de apoyar, participando tanto como ciudadanos como profesionales y empresas y aplicando para ello las tecnologías, medios y procedimientos para el control y la seguridad que garanticen su cumplimiento y éxito.
La apertura escalonada y asimétrica de las actividades industriales y de servicios, en las fases de desescalada es muy complicada sin la aplicación de los diferentes medios a nuestro alcance y va más allá del mantenimiento de distancias, mascarillas o uso de hidrogeles.


El Gobierno ha diseñado un plan de desconfinamiento en cuatro fases que ha arrancado el 4 mayo con la reapertura de una serie de actividades con cita previa y atención individual, que deberán disponer de las correspondientes medidas de sanidad y seguridad.

 

En este sentido, es el momento de que los profesionales y empresarios de la seguridad privada demos respuesta y apoyo con soluciones, basadas en los medios y tecnologías disponibles contrastadas, de aplicación tanto con carácter transversal como específicas, para las diferentes actividades industriales, comerciales o de servicios, pudiendo determinar las diversas opciones para atender a las necesidades de control y seguridad para el reinicio de cada actividad.

 

Es por tanto el momento de apoyar y poner a disposición las medidas de prevención y protección, además de las puramente sanitarias que deben implementarse, para ayudar a las distintas entidades en situación de inseguridad a instalar las medidas necesarias a tiempo para que el día en que se produzca ese reinicio en cada caso, se pueda desarrollar la actividad con todas las garantías.

 

Para esta desescalada todos debemos exigirnos que estas medidas de control y seguridad estén debidamente dimensionadas a cada caso y circunstancia.

 

El “Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad” se estructura en cuatro fases. Pasar de una a otra dependerá de la capacidad del sistema sanitario, situación epidemiológica, funcionamiento de las medidas de control y protección en espacios públicos, datos de movilidad y socioeconómicos, así como del mantenimiento de las medidas de higiene y el distanciamiento.

 

El plan completo lo pueden consultar a través de este enlace.

 

Cronograma orientativo para la Transición hacia una Nueva Normalidad Cronograma orientativo para la Transición hacia una Nueva Normalidad.
Ministerio de Sanidad. Gobierno de España

 

 

 

Bases de trabajo que nos sirven para planificar el Control y la Seguridad

 

Organización Mundial de la Salud. Con fecha 16 de abril de 2020, la OMS ya definió los principios a tener en cuenta a la hora de plantear el desconfinamiento, entre los que cabe señalar:

 

- Minimizar los riesgos en lugares con alto potencial de contagio, como son los centros sanitarios y de cuidados, los lugares cerrados y los lugares públicos donde se produce una gran concentración de personas.

 

- Establecer medidas preventivas en los lugares de trabajo y promover medidas como teletrabajo, el escalonamiento de turnos y cualesquiera otras que reduzcan los contactos personales.

 

Plan para la transición hacia una nueva normalidad. Con fecha 28 de abril de 2020, El Gobierno ha aprobado un Plan que establece los principales parámetros e instrumentos para la facilitar la adaptación del conjunto de la sociedad a la nueva normalidad con las máximas garantías de seguridad. Es por ello, que queremos subrayar indicaciones y aspectos a tener en cuenta para la aplicación de las correspondientes soluciones de control y seguridad.

 

En el capítulo II de Objetivos y Principios, cabe destacar que:

 

“La salida gradual del actual estado de confinamiento exige continuar reforzando las capacidades en cuatro ámbitos: (i) vigilancia epidemiológica; (ii) identificación y contención de las fuentes contagios; (iii) asistencia sanitaria; y (iv) medidas de protección colectiva, tanto de dimensión tanto nacional como autonómica y local”.

 

En el capítulo III de Capacidades Estratégicas, indica que:


“Un reforzamiento de las medidas de protección colectiva. La disponibilidad y uso de material de protección entre la población general, así como la difusión e implementación de prácticas higiénicas y de distanciamiento social, es una capacidad estratégica que ya se encuentra en avanzado estado de desarrollo. Sin perjuicio de esto, en la medida en que la enfermedad persista, se requiere de un impulso sostenido por parte de las autoridades sanitarias de cara a reforzar las advertencias y recomendaciones en materia de lavado de manos y uso de geles, distancia interpersonal y etiqueta respiratoria, mascarillas, limpieza en entornos domésticos, medidas de protección en colectivos y entornos específicos (como espacios sanitarios, laborales, de hostelería y restauración, etc.) y la desinfección de espacios públicos”.

 

En el capítulo VI de Recuperación de la actividad, indica que:

 

“La desescalada se plantea como una transición a la nueva normalidad, aunque con nuevos comportamientos por parte de las personas y las empresas (como la autoprotección y la separación física), con el fin de que se pueda combinar la reducción del contagio y, por tanto, la máxima seguridad sanitaria y en materia de prevención de riesgos laborales…”


 COVID-19. Soluciones de control y seguridad para la nueva normalidad, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


“Los centros de trabajo deben ser seguros y los trabajadores contar con la máxima protección sanitaria y laboral. Consecuentemente, los empleadores, como ya han venido haciendo, deberán adaptar sus protocolos y medidas de prevención de riesgos a las recomendaciones higiénicas y de distanciamiento establecidas por el ministro de Sanidad, cumpliendo así con su obligación de velar por la salud de los trabajadores y trabajadoras”.

 

“Esos protocolos de seguridad han de servir para que la vuelta al trabajo se produzca en condiciones de protección frente a la pandemia”.

 

En el capítulo VII de Medidas escalonadas, cabe destacar:

 

“Con el fin de garantizar una desescalada con riesgos mínimos para la ciudadanía, pero mejorando el bienestar social y económico, es necesario graduar la salida del confinamiento en base a los datos del panel de indicadores. El establecimiento de un sistema gradual, asimétrico y dinámico, fundamentado en datos relevantes, confiables y comunes a todo el territorio, con un seguimiento continuo de la evolución de estos datos, permite ir reaccionando ante el riesgo cuando este aparezca”.

 

Catálogo de soluciones para el control y la seguridad de las actividades retomadas

 

Hemos de ratificar que después de un análisis técnico mínimamente fundamentado del Plan y, como se ha dicho, el sector de las seguridades, para apoyar las medidas, pone a disposición los medios y los procedimientos para el control y la seguridad que puedan garantizar la apertura escalonada de las actividades industriales y de servicios en las fases de desescalada.

 

COVID-19. Soluciones de control y seguridad para la nueva normalidad, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

 

La diversidad y complejidad de las principales actividades que van a reactivarse (pequeño comercio, prestación de servicios, restaurantes, movilidad laboral, hoteles, cines y teatros, centros educativos, actividades culturales y congresos, transporte, actividades deportivas, centros comerciales, hospitales, actividades industriales y oficinas, celebraciones, Administración, centros hospitalario, etc.) dada su diversidad y complejidad va a requerir y exigir del estudio y aplicación de estos medios de control y seguridad, según dimensiones y necesidades.

 

Para la realización y realización de las actividades y gestión de la movilidad, en el sector de las seguridades disponemos de sistemas a considerar, como:

 
  • Control de aforos. Aplicable para la gestión de entradas, salidas y ocupación para establecimientos públicos y privados.
  • Control de aglomeraciones. Utilizable para la gestión de la movilidad y transporte y actividades en locales para el mantenimiento de las distancias exigidas o programadas.
  • Control automático de distancia. De aplicación en grandes o medianas áreas para el control de personas en establecimientos públicos, comercios o de ocio.
  • Control de accesos. De aplicación sin contacto, con reconocimiento facial, detección de temperatura y de mascarillas para la entrada a los distintos tipos de locales.
  • Detección automática a distancia de temperatura. Aplicable en zonas abiertas o cerradas a las personas en acceso o zonas de exigido cumplimiento.
  • Tecnologías de audio IP. De aplicación para la difusión de mensajes o advertencias por detección de anomalías en controles.
  • Detección de contagiados a distancia. Medición en tiempo real por análisis del aparato fonador mediante inteligencia artificial.
  • Identificación de personas, temperaturas o síntomas. De aplicación al detección de posibles contagios en control de acceso y videovigilancia.
  • Control de temperatura, acceso y presencia. Aplicable como identificación biométrica de personal laboral y medición de temperatura.
  • Control de temperatura global. De aplicación en áreas abiertas mediante sistemas de videovigilancia inteligente.
  • Sistema de balizamiento de uso en visitas. De aplicación individual para el control del distanciamiento social en locales públicos.
  • Arco desinfección de vehículos. Aplicable en aparcamientos públicos y espacios de pública concurrencia.
  • Purificador de aire y desinfectante. De aplicación a locales habitados con acción permanente sobre aire y superficies.
 

Estos y otros sistemas similares de diferentes marcas y modelos son medios y tecnologías que están disponibles para su prescripción, previo informe técnico profesional para implementación ajustada al tipo de actividad, dimensión de concurrencia, etc. como medidas de respuesta para la prevención y protección exigibles para entidades públicas y privadas y de uso obligado para los trabajadores y ciudadanos.

 

Los profesionales del sector de las seguridades estamos para apoyar y abordar nuevas disposiciones, habilidades, métodos de gestión y buenas prácticas que nos ayudarán a todos a controlar y optimizar los recursos ante esta situación de transición de la crisis provocada por COVID-19.

 

Además de disponer de un plan para abordar la ingente tarea de rastreo de contactos de infectados, es decir, para testar, localizar y hacer seguimiento de los contactos directos de cada positivo para así romper la cadena de transmisión, que España todavía no tiene implantado. Para ello, China dispuso un ejército de técnicos de rastreo de contactos y de tecnología para acelerar el proceso, desde sistemas informáticos en tiempo real a aplicaciones que registran la ubicación de la población para saber dónde y con quién ha estado en todo momento.

 

ESTE VIRUS LO PARAMOS UNIDOS pero, con las adecuadas medidas y medios de control y seguridad.


El COVID-19 ha irrumpido a nuestras vidas y está sometiendo a nuestro país a una especie de ‘test de estrés’ sanitario, económico y social.
El desafío es esencialmente un tira y afloja entre combatir la enfermedad, proteger la economía y mantener a la sociedad en equilibrio. Todo dentro de una permanente evaluación del riesgo y el establecimiento, en tiempo real, de los mecanismos de respuesta ante la emergencia.
Con todo ello, veremos cómo soporta y cuál es la resiliencia de nuestro sistema de salud, de la economía y, consecuentemente, lo que puede aceptar nuestro esquema social.


Gabriel Leung, quizá una de las voces más autorizada para hablar sobre el COVID-19 en Asia o uno de los máximos expertos en cómo combatirla, publicaba recientemente en The New York Times, y explicaba cómo será la forma en que se deberá salir de las cuarentenas y los aislamientos obligatorios dictados por Gobiernos alrededor de todo el mundo y que esa situación no puede durar de manera prolongada, advirtiendo que “causará enormes daños a las economías y comprometerá la buena voluntad y la salud emocional” de las personas. Leung explicó que durante lo que queda de 2020 y quizá algo más, es probable que las poblaciones del mundo sin controles rigurosos, verán encenderse y apagarse diferentes formas de cuarentenas para evitar segundas olas de brotes y contagios.
 

Con respecto a España, el director regional de la OMS para Europa se ha mostrado «profundamente impresionado» y ha felicitado por el trabajo de los profesionales que trabajan en primera línea para combatir el COVID-19, así como por la solidaridad de los españoles.
 

Estrategia de Seguridad Nacional
 

El COVID-19 no solo ha provocado una crisis sanitaria o económica, también es un riesgo desde un punto de vista de la Seguridad Nacional.
 

España, en su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) cuenta con medios y recursos para abordar situaciones como la que padecemos. Todo esto ha sido posible gracias al esfuerzo realizado durante años por las Fuerzas Armadas, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y las diversas Administraciones Públicas, así como por la cooperación de universidades, centros de investigación y empresas.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Más de cien páginas dedica la Estrategia de Seguridad Nacional, aprobada en 2017, a la existencia de epidemias o pandemias que puedan poner en riesgo la seguridad del Estado. Además, el propio documento alerta sobre la llegada de fenómenos imprevistos o potencialmente devastadores y recuerda que, en las últimas décadas, el número de enfermedades emergentes identificadas y de situaciones de riesgo asociadas a ellas no ha hecho más que crecer.
 

La ESN calificaba las alertas sanitarias globales por coronavirus como una megatendencia con potenciales graves efectos para la economía y la sanidad de España.
 

Por su parte el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), ya advertía de la “necesidad de reducir la vulnerabilidad de la población, desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos” para asegurar una buena “coordinación de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional”.
 

Acertaba el DSN en la identificación de los riesgos que atentan contra la Seguridad Nacional y acertó también a la hora de señalar las debilidades y fortalezas. La descentralización administrativa acerca las instituciones al ciudadano, procura una mejor atención sanitaria puesto que responde con mayor calidad a las necesidades del usuario, pero también puede suponer un obstáculo en la eficacia de las medidas necesarias para solucionar una crisis sanitaria global.
 

La salud pública es su máxima prioridad pero, mantener a la sociedad y la economía en un confinamiento total durante demasiado tiempo tendrá consecuencias negativas involuntarias. Así, de forma medida y controlada, las restricciones se deben levantar y volver a aplicar, siempre que la población en general necesite suficiente inmunidad o protección contra el virus.
 

Distanciamiento social
 

El "distanciamiento social", es una práctica que está demostrando ser efectiva para el control y disminución de la velocidad de propagación del virus. Las medidas adoptadas han mostrado su efectividad con el cierre de actividades no esenciales y otras medidas de movilidad o confinamiento.
 

En este sentido, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, una agencia de la Unión Europea (UE) que fomenta las defensas de Europa frente a enfermedades infecciosas, ha publicado una guía que explica varios aspectos de la implementación de las medidas de distanciamiento social.
 

Medios sanitarios
 

Leung también nos recuerda que “el primer objetivo debe ser proteger las vidas y eso significa evitar el colapso del sistema de atención médica” y para que ello, subrayó los hospitales “como la última línea de defensa” en la batalla contra el COVID-19.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El Gobierno viene estableciendo normativa sobre medidas prioritarias. La primera Orden tiene por objeto el establecimiento de medidas especiales en materia de recursos humanos y medios para reforzar el Sistema Nacional de Salud en todo el territorio nacional. La siguiente Orden establece obligaciones de información y determina el procedimiento para suministrar esta al Ministerio de Sanidad por parte de las personas jurídicas, que tengan como actividad la fabricación y/o importación de alguno de los productos determinados o que tengan capacidad de desarrollo de alguno de los mismos. La tercera orden es sobre la adopción de disposiciones y medidas de contención y remisión de información al Ministerio de Sanidad ante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.
 

Otras medidas especiales se refieren a la realización de test masivos, uno de los principales pilares para poder comenzar a reabrir el país consistente en el incremento de los tests de diagnósticos.
 

Los tratamientos sanitarios y controles en pacientes asintomáticos y leves en los hogares es otra medida para rebajar la carga que sufren los centros hospitalarios Y es uno de los puntos del Plan de Desescalamiento.
 

El uso de mascarillas adecuadas es otra de las medidas obligatorias, previa garantía de su distribución, para utilización de la población que vaya retomando su actividad.
 

Por otro lado, el seguimiento de infectados es otra de las medidas importantes que ya va a adoptar el país en este desescalamiento de la cuarentena obligatoria y que se realizará a través de aplicaciones móviles para poder saber su geolocalización, qué contactos ha tenido y dónde y así evitar nuevos brotes.
 

Por último, en esta reactivación escalonada se han adoptado medidas preventivas de salubridad y precaución individuales y colectivas cuyo cumplimiento se exigirá, muy especialmente, en los transportes públicos y en los centros de trabajo que vayan retomando su actividad, una vez que se ha superado el punto máximo de la emergencia sanitaria.
 

Medidas de control y seguridad
 

La actual exigencia de seguridad, en su redefinición más básica, está constituida principalmente por la seguridad nacional, la seguridad pública y la seguridad humana o social. Donde cabe destacar la seguridad humana, entendida como el escenario dinámico y funcional al que toda persona aspira en cuanto a salud, bienestar, alimentación, derecho al trabajo, protección y entorno social sin exclusiones ni marginaciones de ningún tipo.
 

Seguridades a las que deberíamos sumar la seguridad económica y financiera, entendida como la posibilidad de lograr el desarrollo vital basado en el trabajo, el comercio y demás actividades lícitas, y una estabilidad que permita a las personas proyectar sus expectativas a largo plazo, sin incertidumbres ni sobresaltos.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Así pues, nuevamente son momentos para retomar el tema de “reinventar las seguridades” afinando más el concepto para llevarlo al “repensando la seguridad humana”, en un marco en el que todavía nos queda por vivir amenazas emergentes nunca antes surgidas.
 

Los momentos como los que estamos viviendo de crisis sanitaria que afecta a los sistemas social y económico, son periodos de gran intensidad, de gran incertidumbre y de una necesidad imperiosa de replantear conceptos, enfoques y, como parece necesario, modificar los paradigmas. Los anteriores ya se quedaron obsoletos y el hecho es que no tenemos aún el repuesto correspondiente.
 

En cuanto a los medios de seguridad y control para esta vuelta escalonada a la normalidad, disponemos de innovadoras tecnologías que, con un poco de ingenio puede incrementarse su aplicación y convertirse rápidamente en instrumentos de monitoreo de la epidemia con eficacia y garantías, sin entrometerse en la vida de las personas.
 

Recuperación de las actividades
 

Incluso en un momento en que el COVID-19 continúa propagándose por todo el mundo, los gobiernos europeos ya han empezando reabrir las fábricas, oficinas y comercios con medidas de seguridad para minimizar el riesgo de nuevos brotes. Si bien, es muy posible que las medidas de confinamiento se extiendan durante semanas, la planificación detallada que se realiza ahora debe, más que nunca, proteger a los más vulnerables y ayudar a las economías a recuperarse más rápidamente al disminuirse las restricciones.
 

Un reciente informe del Instituto alemán IFO de información e investigación, sugiere que los países ahora deberían de potenciar grupos de trabajo nacionales de expertos y representantes públicos que estudien las recomendaciones sobre cómo aliviar las restricciones en el trabajo y la vida pública, y cuándo deberían las industrias reiniciar la producción, basada en que el trabajo sería voluntario para los empleados. “El intento de controlar centralmente la reanudación de la producción no funcionaría en la práctica. Esta reanudación debe ser controlada principalmente por las propias instituciones y empresas”, aclara el informe.
 

En este sentido, España está iniciando un plan para la "reactivación progresiva de la actividad económica" en el que ha asegurado el Gobierno que cuenta con un equipo de epidemiólogos y técnicos viene trabajando "desde hace semanas".
 

Como se ha indicado, hay que distinguir entre la reapertura de centros y actividades económicas y el proceso de "desescalada" o "transición" del conjunto de medidas actualmente vigentes. Aunque se ha reconocido que lo más probable es que se necesite extender la aplicación del estado de alarma más allá de abril con el objetivo de "no dar un paso atrás" en la lucha frente al COVID-19.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El Gobierno está permitiendo escalonadamente la vuelta a la actividad de los sectores de la industria y la construcción, aunque exigiendo la adopción de las correspondientes medidas de protección de los trabajadores porque “sin protección no puede haber reactivación”. Por ello el Gobierno va a asegurar el suministro y la distribución de equipos de protección individual (EPI) para los trabajadores y trabajadoras de las empresas que mantienen la actividad.
 

Respecto a la movilidad, el transporte urbano y metropolitano se adecuará a la paulatina reactivación de la actividad. En este punto el Gobierno subraya que aún no ha concluido la fase de contención de la pandemia y que, además, es preciso "poner en valor lo conseguido hasta ahora en materia de contención de la movilidad" y "cualquier medida apresurada puede dar al traste con todo lo logrado".
 

Todo ello, sin perder el referente de que la crisis económica que transcurre en paralelo, con una previsible caída de PIB del 8% en este año, no provoque, en los próximos meses, una crisis social y política comparable a la que vivimos por los errores del año 2008.
 

Garantía de suministros
 

En este estado de alarma, también hay temores de que los suministros de alimentos y la atención médica puedan verse afectados si las restricciones y confinamiento permanecen duramente durante demasiado tiempo. Las personas dependen de las cadenas de suministro para la para la alimentación y salud pues tienen otras enfermedades y si se interrumpe drásticamente algunos suministros básicos en la sociedad puede ser realmente catastrófico.
 

Desde los agricultores hasta los supermercados, pasando por los medios de transporte, miles de personas continúan trabajando y redoblando esfuerzos para garantizar que los productos básicos lleguen a los ciudadanos en medio de la crisis sanitaria.
 

Levantar el confinamiento del COVID-19 con todas las seguridades, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

El sector también sufre tensión que viene dada por el hecho de que ahora, más que nunca, su responsabilidad es garantizar el suministro y el abastecimiento, especialmente de alimentos, material sanitario, farmacéutico y de combustible.
 

No obstante, el nivel de capacidad almacenaje de muchos productos se puede convertir está convirtiendo en uno de los principales obstáculos para frenar la pandemia y tranquilizar a la población. Así, podemos diferenciar los problemas en dos grandes bloques, uno: las existencias de material de protección para nuestros sanitarios y de respiradores para los pacientes, así como de productos farmacéuticos o consumibles; y dos, la capacidad de almacenamiento de productos alimenticios y combustibles.
 

Plan de comunicación
 

Establecer un mecanismo de comunicación veraz y positivo es fundamental para luchar contra la ola de desinformación interesada que ha traído consigo el COVID-19. Los bulos sobre salud, las pseudociencias y la desinformación en temas científicos nos afectan a todos y, de distintas maneras, hay que combatirlos.
 

En este sentido, la creación de incertidumbre y de miedo a lo desconocido se ha vuelto una forma de control y manipulación de la oposición política, y la ira y la depresión social se han vuelto enfermedades transmisibles generando alarma social a través de los medios de comunicación.
 

Ejemplos positivos han sido los de Alemania y Portugal, que han mantenido una comunicación clara, serena y periódica durante toda la crisis, al tiempo que impusieron medidas, cada vez más estrictas, de distanciamiento social y restricciones que han sido fundamentales para reducir la propagación de la pandemia, que no tuvieron oposición política y la mayor parte de la población las respeta.
 

A modo de conclusiones
 

Cabe desear que esta crisis sea también una oportunidad para potenciar la solidaridad entre los países europeos, que han de compartir información, conocimientos, experiencias, medios humanos y materiales, productos, etc. Solidaridad también necesaria entre las diferentes Comunidades españolas, que tienen que olvidar fronteras administrativas y cuestiones competenciales para ponerse a disposición del Gobierno sin cortapisas.
 

Para todo ello se necesita un riguroso marco formal riguroso, con un fundamento explícito basado en la ciencia, para determinar cuándo y cómo, y en función de qué factores relajar o volver a exigir las restricciones, caso de que exista un rebrote epidémico que golpee nuevamente.
 

La frecuencia de aparición de epidemias en el estos años no ha sido suficiente para que el Consejo de Seguridad Nacional haya creado un organismo especializado en este tipo de amenazas, como sí ocurre en el caso de la ciberseguridad, la seguridad marítima, las migraciones, la seguridad energética o la proliferación de armas nucleares. En cualquier caso, desde la seguridad nacional, la situación creada por la aparición del COVID-19 en España y la subsiguiente declaración del estado de alarma en todo nuestro país merece ser analizada con detenimiento por sus evidentes e importantes repercusiones.
 

Para la reactivación económica, habría, entre otros, cuatro ejes primordiales que sostienen su estrategia: simplificación de trámites para nuevos negocios con una plataforma única digital; apoyo a las pymes y emprendedores con más opciones de financiación y acompañamiento; mejoras en empleabilidad con formación de apoyo, teletrabajo y jornadas flexibles; infraestructura pública que permita reducir barreras y conectar puntos que agilicen el comercio minorista.
 

Sabemos que pymes y autónomos son dos de los principales actores de la economía española y a la vez están entre los más vulnerables, por lo que se han convertido en grandes protagonistas de la crisis económica que está provocando la lucha contra el COVID-19.
 

Ante esta situación, son muchas las ayudas y prestaciones que se han anunciado ya para tratar de mitigar el daño ya sufrido en muchos ámbitos de actividad como: prestación extraordinaria para autónomos; aplazamiento de préstamos de Industria; o expedientes de regulación temporal de empleo (ERTEs).
 

Es la primera vez en la historia reciente que se produce una disrupción tan importante de la vida económica y social y, por ello, conviene reflexionar y tomar nota de todo lo que puede ayudarnos a reaccionar mejor en el futuro. Hemos de ratificar que la reflexión para un nuevo tratamiento profundo de la Seguridad Humana es una necesidad imperiosa e irreversible y una responsabilidad social ineludible de todos, pero especialmente de aquellos quienes tenemos la posibilidad de trabajar para avanzar en su nueva conceptualización, análisis, generación de metodología e implementación.
 

Según Federico Mayor Zaragoza, Presidente de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), en la “Carta al G20”, que acaba de ser “firmada por líderes mundiales para dar una respuesta global a la crisis del coronavirus”, indica que “se proponen las mismas medidas que se adoptaron frente a la crisis financiera del año 2008, que han conducido a la situación presente, habiendo demostrado que los mercados no resuelven los desafíos globales. Frente a amenazas de ámbito mundial se requiere una reacción proporcional de “Nosotros, los pueblos”. No es la plutocracia -que representa en realidad la fuerza de un solo país- sino el multilateralismo democrático el que puede estar a la altura de las circunstancias. ¿Por qué 20 países deben tener las riendas del destino común cuando en estos momentos hay en el mundo 196 países? No es el “gran dominio” (financiero, militar, energético, mediático) el que va a solucionar los problemas sino la voz y manos unidas de todos los pueblos. La Carta debería ser dirigida a las Naciones Unidas, para dar un renovado vigor al multilateralismo y no a su principal oponente”.
 

El brote de COVID-19 debe servirnos para tomar conciencia de la extrema vulnerabilidad de nuestras sociedades y la necesidad de una mayor solidaridad y así poder caminar hacia un cambio de actitud personal y social por parte de todos nosotros porque de esta crisis sanitaria saldremos reforzados.


Decía el General Patton, “Si todo el mundo piensa igual, entonces alguien no está pensando”.
Estamos en pleno desarrollo de una emergencia global sanitaria generada por el COVID-19, estamos recluidos y en parada obligatoria de todas las actividades no fundamentales o críticas, observando que son desiguales tanto en la lucha y decisiones que toman los dirigentes, como las consecuencias generadas en todo el mundo a medida que el COVID-19 se ha ido extendiendo.


Necesitamos todos aquellos recursos públicos y privados para garantizar el cumplimiento de la norma y así está haciéndose, incluso con riesgo para las propias personas.
 

El mundo empresarial ha sufrido el cese inmediato de actividades, registrando, no sólo caídas en su producción y facturación, sino despidos del personal no sostenible en estas condiciones. Para ello, como una primera ayuda se han establecido los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs), que ya se han producido por miles y se van amontonando, con cientos de miles de trabajadores ya afectados por estos procedimientos.
 

El parón en la actividad causado por la ruptura de las cadenas productivas y las medidas de confinamiento de la población han obligado a las empresas a optar por esta alternativa, que supone enviar a los trabajadores al paro mientras dure el impacto económico y social del coronavirus.
 

Fuentes del Gobierno han apuntado que no se va a permitir cualquier ERTE en el contexto actual, ya que deben estar vinculados al coronavirus. “Debe estar afectado por la declaración del estado de alarma y el coronavirus”, recoge una guía de la Seguridad Social. Si se dan estos supuestos, el expediente se puede dar en cualquier sector, como se ha visto hasta el momento con la oleada de ERTEs. Y cuánto se cobra en estas especiales circunstancias? El 70% de la base de cotización, sobre un cálculo con los 180 últimos días cotizados, o menos si no se llega a esa cantidad.
 

Pero, hasta ahora esta consecuencia del parón de actividad y confinamiento, solo está afectando al sector privado y empresarial. Así parece que a nadie se le ha ocurrido pensar qué hacer con el coste del parón en las actividades públicas no fundamentales o críticas. Pues si el estado de alarma y la emergencia sanitaria ya han provocado la aportación especial de 200 mil millones de euros, ¿no deberíamos de estar actuando también en los ahorros de otros costes, aunque estén contemplados en los presupuestos del Estado?
 

Así, empezando por los costes de nuestros representantes políticos (Congreso, Senado, Diputaciones, etc.), hasta los múltiples funcionarios o representantes en entidades y empresas públicas, que, igualmente, están afectados por las medidas de cese de actividades y confinamiento, deberían de establecer los correspondientes ERTEs o similares, lo que como consecuencia, representaría un importante ahorro en las arcas públicas.
 

Coronavirus, esperando la solidaridad de todos, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Y como la ley y el estado de alarma, como la justicia, tiene que ser igual para todos, salvo aquel personal que pueda ejercer su actividad en modo de teletrabajo, el resto de funcionarios y representantes políticos deberían de estar incluidos en un ERTE específico.
 

La ley cita unos derechos y restricciones que son de aplicación a toda la población, por lo que, no vemos por qué han de ser excluidos los representantes políticos y funcionarios. Es decir, los trabajadores públicos tienen derecho a aplicarse la facultad de funcionar en modo de teletrabajo cuando así lo requiera y admita el desarrollo de sus funciones, cumpliendo con ello la orden del “QUÉDATE EN CASA” que asumimos todos pero, si están en su casa, no por prescripción facultativa ni en teletrabajo, sino porque son realmente prescindibles, bueno sería abordar el estudio sobre la posibilidad de adelgazar el número de componentes de nuestras hinchadas Cámaras de representación política no solo ahora mismo, con una especie de ERTE sobre los que sobran, sino incluso de manera permanente, previas las modificaciones constitucionales precisas.
 

Como los cambios nunca se producen de manera espontánea, estas medidas requieren de una programación mayor que la pura presión social y ciudadana pero es importante que ésta no falte.
 

Coronavirus, esperando la solidaridad de todos, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo
 

Como la diferencia en los perfiles de equipos suma, añade valor, y como dicen que los problemas agudizan el ingenio, y bueno sería aprovechar ese extra neuronal que ahora se agita para realizar un sano ejercicio de discernimiento y permitir que entre el aire limpio y sano que necesitamos, mi propuesta y aspiración, además, es que nuestros representantes políticos que, sin enfermedad ni impedimento, están confinados en sus viviendas, como el resto de los ciudadanos no imprescindibles, les asignemos “tareas obligatorias” como a nuestros estudiantes para que no pierdan el curso que, además nos cuesta a los ciudadanos.
 

Estas tareas obligatorias hasta la recuperación de su “actividad normal” en el confinamiento estarían orientadas para la recuperación económica y social del país, basadas en “proyectos viables” que serían ponderamos en plenos y comisiones de trabajo, con el objetivo de generar nuevas empresas y puestos de trabajo de emprendedores y organizaciones proactivas, financiados por razones de “recuperación y crecimiento de la actividad productiva”, necesaria o evaluada en esta nueva fase.
 

En resumen, en aplicación de un Plan de Contingencia y Continuidad que no parece establecido, además de cumplir el esquema básico de su desarrollo y aplicación: Identificando las actividades esenciales, cuya interrupción puede causar impacto o pérdidas significativas; Midiendo el impacto y consecuencias sobre la población; Identificando los suministros y proveedores críticos que deben estar operativos para la continuidad de las actividades esenciales; Asegurando la relación con los ciudadanos con transparencia e indicando las limitaciones provocadas por la contingencia; Identificando el mínimo personal crítico necesario para mantener la continuidad de los compromisos adquiridos; Monitorizando el impacto de forma permanente para disponer los recursos necesarios para garantizar la resiliencia; y activando el Gabinete de Crisis para el adecuado seguimiento permanente de las afectaciones por la contingencia o interrupción de las actividades.
 

Además, es imprescindible: Aplicar el necesario Plan de Contingencia alternativo y de continuidad para minimizar las consecuencias de la materialización de la emergencia sanitaria y el estado de alarma; Gestionar adecuadamente la comunicación interna y externa correspondiente a la afectación y consecuencias de la actividad y su recuperación; Analizar y evaluar las consecuencias de la contingencia acaecida para modificar o actualizar el correspondiente Plan de Recuperación que permita, en el menor tiempo posible, volver a la normalidad y salir reforzados de esta especial crisis.
 

De ahí la propuesta de poner en valor, hacer trabajar en el confinamiento obligado a nuestros representantes políticos porque como dice el lema oficial “Este virus lo paramos unidos” y trabajando todos por ello.
 

Coronavirus, esperando la solidaridad de todos, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


La Organización Mundial de la Salud elevó el pasado 11 de marzo de 2020, la situación de emergencia de salud pública ocasionada por el COVID-19 a pandemia internacional y, desde el 14 de marzo España está en Estado de Alarma.
Como no podía ser de otra forma, compartimos con el Gobierno que se trata de una crisis que es preciso abordar con sentido de Estado, más allá de las diferencias territoriales e ideológicas, y en la que toda la sociedad española debe permanecer unida.


Hay que tener en cuenta que la clave de funcionamiento de un país son sus infraestructuras y empresas, y en esta situación, no sólo tiene que garantizarse el funcionamiento de las infraestructuras denominadas críticas, sino que hemos de ser capaces de, además de vencer esta epidemia, volver a la normalidad como país, recuperando lo antes posible la actividad económica y social.


Sin embargo, para ello, todas las organizaciones, públicas y privadas, empresas grandes y pequeñas han de adecuar y poner en valor sus propios planes de seguridad y contingencia para garantizar la continuidad en cada caso y circunstancias.


Planes de Seguridad y Contingencia en las organizaciones frente al Coronavirus, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

Emergencia global generada por el COVID-19. El pánico por el Coronavirus se está extendiendo por todo el mundo. La evolución del brote y su contagio desde China es exponencial en España y el resto de países. A día 15 de marzo, se alcanza la cifra de 170.000 contagiados superando los 6.800 muertos, aún con más de 80.000 recuperados en todo el mundo. En España van más 10.000 contagiados y casi 300 muertos.


Decretado el ESTADO DE ALARMA por EMERGENCIA SANITARIA


Según la Ley Orgánica de Estados de Alarma, Excepción y Sitio de 1 de junio de 1981, procede que el Gobierno declare el primero de ellos cuando concurran, entre otras posibles circunstancias, la siguiente: “crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contagio graves” (artículo 4-c de la ley).


Planes de Seguridad y Contingencia en las organizaciones frente al Coronavirus, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


Así, por el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, se ha declarado el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 que, con una estructura de 20 artículos, define, entre otras: la colaboración con las autoridades competentes delegadas, la gestión ordinaria de los servicios, la limitación de la libertad de circulación de las personas, las requisas temporales y prestaciones personales obligatorias. Las medidas de contención en el ámbito educativo y de la formación, las medidas de contención en el ámbito de la actividad comercial, equipamientos culturales, establecimientos y actividades recreativos, actividades de hostelería y restauración, las medidas de contención en relación con los lugares de culto y con las ceremonias civiles y religiosas, las medidas dirigidas a reforzar el Sistema Nacional de Salud en todo el territorio nacional, las medidas para el aseguramiento del suministro de bienes y servicios necesarios para la protección de la salud pública, las medidas en materia de transportes, las medidas para garantizar el abastecimiento alimentario, el tránsito aduanero, la garantía de suministro de energía eléctrica, productos derivados del petróleo y gas natural, el funcionamiento de los operadores críticos de servicios esenciales y el control de los medios de comunicación de titularidad pública y privada.


Todo ello, se desarrolla bajo la cobertura de un régimen sancionador por el que el incumplimiento o la resistencia a las órdenes de las autoridades competentes en el estado de alarma será sancionado con arreglo a las leyes, con ámbito nacional y durante un período de 15 días.


Actuación frente al Coronavirus en las entidades y empresas


El objetivo principal de todo ello debe ser para contener y mitigar la enfermedad misma. Pero los impactos económicos también serán significativos, y muchas entidades públicas y empresas se verán directamente afectadas, ya que el problema se desarrolla rápidamente.


En este sentido, el director general de la OMS ha subrayado la necesidad de que los países logren alcanzar un "buen equilibrio" entre la protección de la salud de la población y la minimización de los efectos económicos y sociales que tiene la aplicación de las medidas de contención de la enfermedad.


Como consecuencia, las entidades públicas y empresas deben adecuar e implementar planes de seguridad y contingencia para conseguir que el Coronavirus cause la menor afectación para sus empleados y actividades.


Toda entidad o empresa, grande o pequeña, deben de tener un plan de continuidad ante contingencias graves como las que se nos están presentando.


Es importante para todo tipo de entidades, no sólo definir las medidas preventivas frente al Coronavirus que aseguren la seguridad y salud de sus trabajadores, sino disponer de un plan de actuación en caso de que se materializase el riesgo por un posible contagio o una situación de alerta pública como la decretada por las autoridades gubernamentales, así como para la resiliencia con medidas para restaurar la situación al estado anterior de haberse producido la contingencia y estar preparados para mantener la capacidad y continuar operando, así como la confianza de clientes y usuarios.


Plan de Contingencia y Continuidad


El Plan de Contingencia y Continuidad, en primer lugar y principal, debe estar basado en la aplicación de las normas e instrucciones que las Autoridades Públicas indiquen en cada momento.


Un Plan de Contingencia tiene como objetivo principal, anticiparse a posibles situaciones de materialización de los riesgos, de manera que si estas llegan a producirse, el impacto negativo sea el menor posible.


El Plan de Contingencia frente al Coronavirus debe estar constituido por:


  • Medidas preventivas, como la organización del trabajo minimizando el número de personas expuestas, limitar visitas, reducir reuniones presenciales, suspender viajes, no asistir a eventos o convenciones, fomentar el teletrabajo, etc.
  • Medidas de higiene básicas, como el incremento del lavado de manos, cubrirse la boca y nariz con mascarillas desechables al toser o estornudar, disponer de soluciones hidroalcohólicas desinfectantes y repartirlas en los lugares de atención al público como uso para trabajadores y visitantes, disponer de mascarillas adecuadas en los botiquines, etc.
  • Procedimientos de actuación. Para atenuar los efectos adversos de la posible contingencia, están: 1. El establecimiento de teletrabajo para minimizar el riesgo de propagación. 2. Establecer vigilancia con personas que estén o hayan estado en una zona afectada por Coronavirus y presenten síntomas. 3. Informar a las autoridades lo antes posible de la existencia de dichos síntomas en caso de que exista un riesgo por contagio en el centro de trabajo. 4. Activar medidas que permitan el desarrollo de la actividad de manera alternativa o paralizar tareas de manera temporal.

Por otro lado, se debe establecer un Plan de Continuidad para determinar cómo funcionar con la actividad en caso de que no se pueda seguir en modo de operación normal.


Plan de Continuidad que se define como una serie de procedimientos documentados que conducen a las organizaciones a responder, recuperar, reanudar y restaurar el nivel de operación predefinido después de una interrupción. La norma ISO 22301 es una buena herramienta para implementar y gestionar un Plan de Continuidad, enfocado a asegurar la continuidad y funcionamiento ante una contingencia como la actual epidemia de Coronavirus. En este caso, dicho plan se pondría en marcha si no se permite llevar las operaciones habituales de la organización. Este plan intenta no paralizar totalmente el funcionamiento y lograr que la situación nos afecte en la menor medida posible.


Decálogo básico para un Plan de Contingencia y Continuidad


Para establecer los correspondientes planes, adecuados a cada sector, actividad, ámbito o dimensión, a continuación relacionamos, entre otras, algunas recomendaciones básicas que, el Instituto de Continuidad de Negocio, detalla en sus boletines y que pueden ayudar y complementar a las Directrices y Protocolos ya dados por el Ministerio de Sanidad y el Real Decreto que determina el Estado de Alarma actualmente establecido en España.


Planes de Seguridad y Contingencia en las organizaciones frente al Coronavirus, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo

  1. Identificar las actividades esenciales de la entidad, cuya interrupción puede causar impacto o pérdidas significativas.
  2. Medir el impacto y consecuencias sobre la actividad de la entidad que puede tener directa e indirectamente el Coronavirus y/o las medidas gubernamentales.
  3. Identificar los suministros y proveedores críticos que deben estar operativos para la continuidad de la actividad en todas y cada una de las circunstancias.
  4. Asegurar la relación con clientes con transparencia e indicando las limitaciones provocadas por la contingencia.
  5. Identificar el mínimo el personal crítico necesario para mantener la continuidad de la actividad y los compromisos adquiridos.
  6. Monitorizar el impacto de forma permanente para disponer los recursos necesarios para garantizar la resiliencia de la actividad.
  7. Activar el gabinete de crisis para el adecuado seguimiento permanente de las afectaciones por la contingencia o interrupción de la actividad.
  8. Aplicar el necesario plan alternativo de contingencia y continuidad para minimizar las consecuencias de la materialización del riesgo.
  9. Gestionar adecuadamente la comunicación interna y externa correspondiente a la afectación y consecuencias de la actividad.
  10. Analizar y evaluar las consecuencias de la contingencia acaecida para modificar o actualizar el correspondiente plan de seguridad que minimice el impacto y consecuencias en potenciales casos similares futuros.

Plan de simulación de contingencias


Complementariamente a los planes de seguridad y contingencia y, especialmente, para actividades o infraestructuras definidas como críticas que han de garantizar su continuidad en el funcionamiento, las entidades, públicas y privadas, es muy recomendable que dispongan de medidas y recursos especializados de formación, capacitación y plataformas de simulación fijas o móviles que permitan las prácticas en todos los ambientes o contingencias potenciales o evaluadas en la gestión de riesgos.


La utilización de plataformas o centros de simulación avanzada para la formación y gestión de contingencias, emergencias, mando y control permite el dimensionamiento adecuado y personalizado de los recursos humanos, disposición de medios y medidas organizativas de entidades y actividades consideradas críticas.


A modo de conclusiones


Aceptando que estamos inmersos en una emergencia global generada por el Covid-19, hemos de considerar, sin alarmismos, demagogias ni falsos catastrofismos, que por la gravedad de la pandemia, el pánico se está extendiendo por todo el mundo y han de tomarse medidas rigurosas para su contención.


Decretado en España, casi seguro que con retraso, el Estado de Alarma por emergencia sanitaria en el ámbito de todo el territorio, han de actualizarse e implantarse actuaciones en todo tipo de entidades públicas y privadas, grandes y pequeñas frente al impacto y consecuencias de este Coronavirus de tan gran impacto social.


Estas actuaciones, analizadas, ponderadas y evaluadas han de reflejarse en los correspondientes planes de seguridad y contingencia en los que, en esencia, se ha de aplicar sobre todo el sentido común y la prevención y contención, con rigor y sin generar alarma social innecesaria.


Finalmente, la emergencia global generada por el COVID-19 puede convertirse en una oportunidad, sobre todo empresarial, para reinventar las formas de trabajo, pasando de iniciativas puntuales como el teletrabajo, hacia un modelo integral deslocalizado, donde podemos imaginar, incluso, en un futuro no tan lejano, empresas o entidades sin oficinas centralizadas y con una red de trabajadores globales e interconectados.


La seguridad se constituye en dos grandes apartados donde el 80% es prevención y 20% reacción y/o protección y la clave es trabajar fundamentalmente en ese 80% como responsabilidad y cultura tanto a nivel de ciudadanos, en general, como de organizaciones públicas y privadas, en particular.


Hemos de conseguir minimizar los riesgos a través de una cultura de prevención y asumir que la inseguridad viene desde la vulnerabilidad.


Planes de Seguridad y Contingencia en las organizaciones frente al Coronavirus, por Manuel Sánchez Gómez-Merelo


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Editado por
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO
Eduardo Martínez de la Fe
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO, es consultor internacional de seguridad, arquitecto técnico y periodista. Completa esta formación con diversos cursos de postgrado en las áreas de seguridad pública y privada, defensa comunicaciones.

Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.

Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.

Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.

Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)

Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad

Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.