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SEGURIDAD Y DEFENSA: Manuel Sánchez Gómez-Merelo




Blog sobre convergencia y tecnología de Tendencias21

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Concluyendo que son continuas las señales de alarma, las más que percepciones de inseguridad que están viniendo por todos los frentes: económicos, sociales, políticos y culturales y están provocando una sensación generalizada de múltiples problemas generalizados, hemos de realizar nuevos y revolucionarios planteamientos de la gestión de la seguridad, ahondando en el pensamiento cuántico.


Estamos inmersos en grandes tensiones socioeconómicas, políticas y ambientales que siguen derivando en crisis basadas en el incremento de las desigualdades económicas y sociales, con mantenimiento de grandes bolsas de desempleo, delincuencia organizada transnacional, migraciones obligadas por el terror o por las carencias básicas sociales, etc.
Todo ello, sin perder de vista que a poco más de una década de los terribles atentados terroristas de septiembre de 2001 en los Estados Unidos donde se provoca la ruptura del último paradigma de seguridad, la preocupación por ésta sigue siendo una de las cuestiones prioritarias para todo el mundo, pues no solo se ha destrozado el modelo, sino todo el sistema de lo que podemos y debemos llamar Seguridad Humana. Una amenaza difusa y confusa de terrorismo que vive entre nosotros.
No obstante, esta ruptura del paradigma de seguridad, especialmente reflejada por atentados terroristas, está lejos de ser el único problema de inseguridad.
Hablemos pues de nuevos paradigmas cooperativos y holográficos, necesarios para afrontar eficazmente la multitud de nuevos retos y nuevos desafíos transfronterizos que precisan un enfoque multilateral, integral, e incluso universal.
Es el momento de implementar una visión de conjunto orientada a la búsqueda del mejor resultado y del bien común, con análisis y abordajes sinérgicos que puedan desembocar en una verdadera Seguridad Humana.
Todas las fuerzas en concurso han de limar diferencias y apostar por valores y soluciones que conduzcan a un modelo de seguridad única que pueda agilizar la implantación de una plataforma de integridad que consolide las bases del bienestar de una sociedad actualmente inmersa en crisis prologadas, fracasados sistemas socioeconómicos y sociopolíticos, amenazas terroristas globalizadas y repercusiones de Estados fallidos o en descomposición.
Cada día se suman nuevas amenazas que representan nuevos retos y, consecuentemente, requieren nuevas exigencias de seguridad que ya sólo admiten un planteamiento de conjunto en base a un pensamiento holístico.
Así pues, hemos de ponernos en movimiento y sacudirnos la pereza, el miedo, el desconocimiento y, especialmente, las rigideces de esquemas reactivos, y hemos de hacerlo entre todos, cada uno en su ámbito (seguridad pública y privada) con sus fuerzas en colaboración, siempre con prudencia y también con firmeza y, sobre todo, con esa imprescindible visión integral, holística y proactiva.
Pero, si seguimos pensando con la mente lineal de siempre no es posible modificar nuestro modelo social, basado en un individualismo patológico con preguntas sin respuesta de: ¿cómo vamos a salir de esta situación?, ¿quiénes nos van a ayudar?, la clase política con su actual radicalismo e inmersa en generalizados síntomas de corrupción?, ¿las corporaciones económicas, más vinculadas con los problemas que con las soluciones?, ¿los medios de comunicación que anteponen intereses de audiencia a cualquier otro?
Necesitamos una revolución copernicana de pensamiento que nos permita sacar la cabeza de la zona cómoda del geocentrismo aprendido, porque, al igual que la tierra resultó no ser el centro del cosmos, llegará el momento en que podamos comprender y demostrar que cada país, cada bandera y cada credo no son el centro de nada ni pueden seguir beneficiando a nadie si no benefician a todos.
Tenemos que poder entender y defender una visión más alta y amplia y esa adaptación requerida es urgente porque nuestros antiguos paradigmas han quedado obsoletos y no tenemos el repuesto. La situación es cada vez más compleja y se requiere aumentar la velocidad hacia esos nuevos modelos de entender lo global ya que todavía nos quedan por vivir amenazas emergentes nunca antes enfrentadas.


Renovar los circuitos del pensamiento
Para empezar, hemos de aprender a renovar los circuitos de nuestros cerebros corporativos de seguridad.
La necesidad de cambiar de paradigma es real e imprescindible. Muchos hablan del término pero pocos lo entienden o están haciendo algo nuevo por impulsarlo en sus ámbitos. Hay quien piensa que se trata simplemente de un modelo teórico o de una forma de pensar. Es algo más. Significa todo un marco conceptual que engloba nuestras ideas inconscientes y nuestros valores más arraigados y que enfoca íntegramente nuestra realidad mental y emocional, pero, sobre todo, determina nuestras expectativas y proporciona respuesta a las preguntas y estructura nuestro punto de vista allá donde lo estemos aplicando.
a) El Pensamiento Racional, lógico y guiado por las reglas que da lugar a conceptos y categorías del paradigma newtoniano de partes.
b) El Pensamiento Asociativo, vinculado a los hábitos, similar al paradigma ondulatorio newtoniano, según el cual todo está entrelazado.
c) El Pensamiento Creativo, capaz de romper las reglas y de crearlas y que se comporta de forma similar a las estructuras emergentes que encontramos en el paradigma cuántico.


De ellos, cabe destacar el pensamiento asociativo o pensamiento paralelo, que nos permite reconocer pautas, aprender habilidades y está arraigado en nuestra experiencia física y emocional. Es de tipo “ensayo y error”.
 

Creatividad y pensamiento cuántico
Dicho que el cambio de paradigmas de seguridad es imprescindible para acometer nuevos retos y exigencias en la sociedad que vivimos, hemos de analizar y actuar sobre aspectos de seguridad con una visión holística, pues el mundo no está formado por piezas separadas y aisladas, sino conjuntos que guardan una relación compleja y sinérgica entre sí.
Es el momento de avanzar y revisar las viejas leyes newtonianas de comportamiento que también afectan al panorama de las seguridades.
La newtoniana es una ley simplista marcada por la idea de “o lo uno o lo otro” y el culto al experto, con leyes férreas de predicción, control y programas.
La ciencia cuántica nos dice que el mundo es de una pieza, es holístico por tanto, la humanidad se enfrenta irremisiblemente a un “salto cuántico” hacia un futuro en el que el todo esté presente siempre al tiempo que la parte.
La actual sociedad y sus seguridades requiere de un punto de vista nuevo y diferenciador, y una determinada manera de entender el tiempo, que es más corto y el espacio, que es más grande, de la mano de la lógica, la inseguridad y la causalidad, que son invitados permanentes.
Hay que dar un salto hacia lo desconocido, hacia un cambio de paradigma de seguridad que enfoque los problemas de manera cuántica. El espacio y el tiempo cuánticos poseen escaso significado. Los sucesos cuánticos son incontrolables, se producen sin causa aparente y un principio cuántico de incertidumbre sustituye a las leyes de la naturaleza predecibles hasta ahora.
En este sentido, el pensamiento cuántico ha de ser creativo, intuitivo e inclusivo y servir para romper nuestros hábitos, modelos mentales y paradigmas ya obsoletos.
El pensamiento cuántico es holístico y unifica, contempla y relaciona todos los datos, integra los procesos del pensamiento en serie y asociativo pero, para pasar a esta forma de pensar, hemos de hacerlo desde fuera de nuestros esquemas obsoletos, reactivos y rutinarios habituales.
En cualquier caso, no hay que minusvalorar que la revolución newtoniana supuso el gran estallido del pensamiento en serie, el pensamiento oriental hizo florecer el pensamiento asociativo y el pensamiento cuántico lo que hace es dar un salto hacia una perspectiva situada más allá.
Atrevámonos a saltar.

Manuel Sánchez Gómez-Merelo
Consultor Internacional de Seguridad
Miembro experto de la Comisión Nacional de Seguridad Privada
Vocal de la Junta Directiva de AES, Asociación Española de Empresas de Seguridad

Artículo publicado en el Boletín 55 de AES


Francia ha vivido el peor ataque terrorista de su historia, que ya ha sido reivindicado por el Estado Islámico (EI): “Ocho hermanos ataviados con cinturones explosivos y ametralladoras atacaron objetivos seleccionados con precisión en el corazón de la capital francesa”, señala el comunicado publicado en foros yihadistas y redes sociales.


Terrorismo y vulnerabilidades -vs- inteligencia y seguridad
El último balance de los hospitales públicos de París referencia 352 víctimas. 129 muertos, 99 heridos en “extrema gravedad” y más de 100 en “urgencia moderada”.

Un atroz atentado que ha tenido una serie puntos de acción planificados cuidadosamente por tres grupos de terroristas.

Hacia las 21 horas de la noche del viernes 13 de noviembre se inician, casi simultáneamente, los ataques en seis puntos diferentes de los céntricos barrios 10 y 11 de París.

La acción más importante y objetivo principal, se ejecutó en la sala de espectáculos Bataclan donde tres terroristas entraron durante el concierto, tomaron rehenes y dispararon indiscriminadamente durante dos horas con subfusiles tipo kalashnikov, matando a 89 personas.

Las otras intervenciones fueron en el local Belle Équipe, en el bar Le Carillon, restaurante Le Petit Cambodge y el Boluevar Fontaine. También, en el estadio en Saint-Denis, durante el partido de fútbol entre Francia y Alemania, tres atacantes detonaron sus explosivos en las proximidades, matando a una persona. El partido continuó para evitar el pánico y, sólo cuando la policía aseguró todas las salidas, se produjo la evacuación con cientos de personas cantando La Marsellesa mientras abandonaban la instalación deportiva.

Unas acciones ejecutadas por tres equipos de terroristas coordinados con mucha organización, tiempo y conocimiento del medio donde, una vez más, la realidad ha superado a la ficción, reflejada en la película Made In France (a punto de estrenarse), que justamente cuenta cómo un periodista franco-musulmán se infiltra en una célula yihadista ubicada en el centro de París, cuyo objetivo era planear un ataque que causara el caos en la capital.

Después de estos ataques simultáneos en París, el presidente de Francia, François Hollande, ha decretado el Estado de Emergencia, que contempla protocolos de seguridad excepcionales para mantener el orden público, aplicados por primera vez en el conjunto del Estado. Un Estado de Emergencia que permite a las fuerzas del orden restringir la circulación de vehículos y personas, ordenar registros, decretar arrestos domiciliarios a personas “cuya actividad resulte peligrosa para la seguridad y el orden público” e, incluso, instaurar “medidas para asegurar el control de la prensa”.

Terrorismo y vulnerabilidades

El terrorismo islamista es un fenómeno a abordar con inteligencia y visión holística, para lo que es imprescindible tener en cuenta dónde están verdaderamente nuestras vulnerabilidades, y, en cualquier capital moderna éstas se pueden contar por miles, refiriéndonos simplemente a todas las infraestructuras estratégicas y críticas para el funcionamiento de los servicios esenciales del país o los lugares simbólicos que sean susceptibles de convertirse en escaparates del terror, y que reciben constantes y crecientes amenazas de acciones por parte del terrorismo yihadista.

En este sentido, el caso y la situación de España, citada y amenazada frecuentemente en comunicaciones de los grupos terroristas, aunque muy lejos de parecerse a la de Francia, Rusia, Holanda o Inglaterra, nos pone también en el punto de mira de los terroristas.

En España, las fuerzas de seguridad desarticularon este año varias células que ideaban atentar. Casi 200 islamistas están en prisión y más de 600 radicales han sido arrestados desde el 11-M.

En un mundo globalizado e hiperconectado, donde los métodos empleados para ejecutar las matanzas pueden ser estratégicos, suicidas, complejos y diferentes, nos vemos obligados a contemplar un nuevo planteamiento de nuestras seguridades a través del análisis de nuestras propias singularidades y puntos débiles, pero, además, es imprescindible el estudio profundo del talante, talento, fortalezas, debilidades y voluntad del agresor, que muestra en todas sus acciones el objetivo común de provocar el máximo daño indiscriminado y hacerlo con la mayor crueldad, a la búsqueda de un potente resultado mediático y psicológico complementario: La limitación de nuestro bienestar y libertades a través del temor, bajo la consigna de: “Mata a uno y asustarás a miles, mata a cientos y asustarás a millones”.

La habilidad del grupo Estado Islámico para perpetrar los ataques mortales en París revela una creciente sofisticación y nueva estrategia de gran impacto social, así como el alcance global de la red de los yihadistas.

Por otro lado, la intensidad de los procesos de radicalización yihadista vienen alcanzando en diversos países europeos cotas sin precedentes, sobre todo entre jóvenes, descendientes de inmigrantes musulmanes, afectados por una explosiva combinación de insatisfacción existencial, privación relativa, odio inducido y crisis de identidad.

No debemos olvidar, además, que no se trata de una amenaza lejana y de intermitente acercamiento, sino que, como ratas de cloaca, tenemos al enemigo en casa, pero es difuso, confuso, vive entre nosotros y usa los instrumentos de comunicación de la sociedad globalizada en donde habita. En este enfrentamiento, esencialmente delicado y asimétrico, nuestras plurales comunidades, sus múltiples facetas y lugares de actividad plagados de vulnerabilidades, además de su natural funcionamiento en libertad, representan una añadida facilidad para la existencia de nidos ocultos y objetivos asequibles para los terroristas.

Seguridad e inteligencia

En definitiva, estamos viviendo una situación frente a la que se presentan dos sentimientos consecuentes: el miedo y el desafío ante la violencia.

El miedo es de por sí un “precautor” que, si no se trasciende, inmoviliza, por lo que debe calmarse con medidas policiales y de seguridad que nos “empoderen” y nos permitan percibir la sensación subjetiva de estar a salvo para que nuestro día a día vuelva poco a poco a la normalidad, al tiempo que dejamos de alimentar el ego de los asesinos con la constante repercusión mediática de las consecuencias de su matanza o amenazas.

No debemos olvidar que el terror yihadista, por desgracia, multiplica a diario la cifra de fallecidos en muchos otros países, sin que éstos -o nuestra comprensión y compasión- aparezcan en primera plana de los diarios, ni sus caras inunden nuestras cadenas de televisión. Esos otros, los muertos sin rostro, piden también entrar en nuestras estadísticas y en nuestros planes de acción, convirtiendo la paz y el bienestar de los suyos en un reto tan importante como los de los nuestros.

El desafío que representa el guante lanzado al corazón de Francia por los terroristas es delicado de recoger. Por una parte, responder al terror con el terror ya tenemos experiencia sobre la terrible e inútil reacción en cadena que provoca, pero, la necesaria respuesta nos puede enfilar hacia dramatismos que es preciso enfriar.

Gobierno y sociedad pueden vencer al terrorismo con las armas de la democracia, aun a costa de mucho dolor, y siempre que seamos capaces de mantener la sangre fría frente a los previsibles y sucesivos ataques terroristas.

En principio, en Francia han tenido que recurrir a medidas de excepción que el Estado de Emergencia permite y que, inevitablemente, conllevan recortes de ciertas libertades y garantías jurídicas, así como unas medidas más férreas en cuanto al establecimiento de controles aduaneros.

Habría que considerar siempre y en todo caso el coste del miedo, ya que, si se llegara a impedir el traspaso de fronteras, restringir la entrada de refugiados e inmigrantes o dificultar la ayuda humanitaria, estaríamos ante un problema ético, económico y social de primer orden sobre el que la comunidad internacional debería responder de manera inteligente, respetuosa, eficaz, equitativa en cualquiera de sus aspectos.

En cualquier escenario, es totalmente necesario un planteamiento riguroso y meticuloso de las medidas a tomar, comenzando por un incremento de la inteligencia, tanto para el análisis y la adopción de soluciones en el origen del propio terrorismo, como para su aplicación en los procesos de control y vigilancia de movimientos de grupos o células terroristas, así como para el control, igualmente riguroso, de migrantes.

Con relación a esto, no se pueden repetir improvisaciones como las que han permitido deficiencias de protocolo del tipo de las que estamos sufriendo en estos momentos, en parte como consecuencia de una falta de previsión en la política de “puertas abiertas”, o la puesta en marcha de “ayudas de emergencia” descontroladas, haciendo posible una brecha realista en la seguridad, lo que supone una potencial filtración de terroristas entre los migrantes o refugiados de caótico acceso.

Como conclusión, seguridad e inteligencia son un binomio indisoluble como partes de un mismo objetivo, que, ahora especialmente, de forma integral e integrada, deben avanzar y potenciarse en un despliegue de iniciativas sensatas y preventivas contra la amenaza real de ese enemigo de alcantarilla, difuso y confuso que vive entre nosotros.

Editado por
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO
Eduardo Martínez de la Fe
MANUEL SANCHEZ GÓMEZ-MERELO, es consultor internacional de seguridad, arquitecto técnico y periodista. Completa esta formación con diversos cursos de postgrado en las áreas de seguridad pública y privada, defensa comunicaciones.

Dedicado por más de 30 años a la Consultoría e Ingeniería de Seguridad y Defensa por más de 20 países como asesor para asuntos aeroportuarios, puertos, cárceles hospitales, entidades bancarias, museos, transporte ferroviario, servicios de Correos y puertos.

Es socio fundador y presidente para Europa de la Federación Mundial de Seguridad (WSF), Director para Europa de la Secretaría Iberoamericana de Seguridad, Asesor gubernamental en materia de integración operativa de seguridad pública y privada en diversos países latinoamericanos.

Como experiencia académica es profesor de postgrado en ICADE (Universidad Pontificia Comillas de Madrid) desde 1986, codirector de postgrado en la Facultad de Psicología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Curso de Seguridad en Infraestructuras Críticas del Instituto General Gutierrez Mellado de la UNED, así como conferenciante habitual y profesor en más de 20 países sobre Seguridad y Defensa.

Su representación institucional es principalmente como Miembro Experto de la Comisión Mixta de Seguridad del Ministerio del Interior, Director para Europa de la Federación Panamericana de Seguridad (FEPASEP), representante “ad honores” de la Federación de Empresas de Seguridad del MERCOSUR (FESESUR), asesor del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) para asuntos de Seguridad Ciudadana y Observatorio de Delincuencia en Panamá, socio fundador y de honor del Observatorio de Seguridad Integral en Hospitales (OSICH), socio fundador y vicepresidente de la Asociación para la Protección de Infraestructuras Críticas (APIC)

Autor y director de la BIBLIOTECA DE SEGURIDAD, editorial de Manuales de Proyectos, Organización y Gestión de Seguridad

Actualmente es presidente y director del Grupo de Estudios Técnicos (GET), socio-senior partner de TEMI GROUP Consultoría Internacional y socio-director de CIRCULO de INTELIGENCIA consultora especializada.