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FILOSOFÍA SOCIAL: A. Montesdeoca

Blog de Tendencias21 sobre pensamiento social

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Domingo, 25 de Febrero 2018

Los ojos no alcanzan a ver la realidad en toda su complejidad pues miran en línea recta lo que está en su ángulo de visión. Esta característica del órgano condiciona nuestra capacidad de ver la plenitud de lo que acontece.


Sentirnos vida (pixabay.com)
Sentirnos vida (pixabay.com)
 
Ahora bien, no estamos condenados a ello si incorporamos otras formas de percibir la realidad. Como recurso, tenemos las experiencias pasadas, personales y colectivas, que nos hablan de momentos como los de hoy. Momentos en los que parecían que todo se iba al traste; pero que en realidad, visto desde la distancia, generaron otra realidad en la cual surgía la superación, en un estadio superior de condiciones.
 
Descubríamos, entonces, aquellos factores que estaban jugando sin que se los apreciase, sin que parecieran que tenían que ver con las circunstancias que se vivían. Las nuevas condiciones surgían de un círculo externo que estaba conectado al mismo centro que irradiaba al círculo en el que se estaba cociendo los acontecimientos que nos envolvían y nos cegaban.
 
Desde aquella periferia se alimentaba un movimiento o impulso que renovaba las interacciones de los factores en juego y que permitía converger las dinámicas viejas con las de relevo.
 
Ahora solo queda comprender el juego de la realidad que por un lado encierra y por otro lado, al mismo tiempo, se abre para producir un salto, desde el punto primero hasta aquél que hace posible la perspectiva nueva, la “mirada abarcante”: la posición en que se comprende todo porque permite elevarnos a la “Atalaya”, desde donde se perciben las leyes que rigen el movimiento evolutivo en el que nos encontramos. Para llegar hasta ahí, ha de hacerse acopio de las experiencias colectivas y personales cuyas enseñanzas ya forman parte de nuestro patrimonio.
 
En primer lugar, sabemos que todo está en movimiento y que la vida es un continuo de creación que va alcanzando nuevas cotas a medida que avanza, retrocede, avanza de nuevo, se acomoda y vuelve a avanzar, hasta alcanzar a materializarse en un nuevo estado de complejidad. En ese momento vemos surgir, “como desde la nada” una nueva expresión.
 
La realidad es que “la vemos surgir” porque estábamos implicados en el origen y hemos sido inconscientemente arrastrados por la fuerza de la vida que, como una riada descomunal, no hizo participar de su plan. Si somos capaces de ponerle nombre, a lo nuevo que se ha materializado, es que se ha despetado en nosotros una nueva capacidad: sentirnos uno con la vida, reconociendo que ese nuevo nivel de conciencia era justamente su plan.

¿Qué hacer mientras tomamos consciencia de ese estadio? ¿Cómo sobrevivir mientras tanto a las avalanchas que nos envuelven y que parecen que van a cavar con nosotros mismos? Nos aconsejan no desfallecer, ¿qué recursos tenemos para aguantar?
 
La primera tendencia es la de hacer balances de los recursos personales: las capacidades de confiar, de resistir, de hacer acopio de las experiencias pasadas, de renunciar hasta la inanición. Contando para ello con nuestro cuerpo, con nuestra mente, con nuestro corazón; recurriendo a la fe, a la esperanza, a la voluntad, al amor…
 
La otra posibilidad es la de contar con los que nos rodean, dándonos cuenta que nos acompañan en la misma avalancha, en el mismo plan creador de más vida. No solos los que están en las mismas circunstancias, los que son cómplices de la trama.  También hemos de propiciar que aquellos que están situados en la “barrera” extiendan una mano, cooperen en el proceso y se alién con las circunstancias para favorecer el nuevo nacimiento.
 
Para ello, tenemos que tener clara la estrategia de la supervivencia, ver las ramas que pueden servirnos para mantenernos a flote, mientras las aguas nos llevan hacia la otra orilla del mar oceánico. ¿Acaso no es eso lo que hacemos constantemente? Entonces solo lo que nos queda esperar confiados, poniendo la conciencia en nuestros actos cotidianos. La Vida tiene un buen plan y cuenta con nosotros para llevarlo a cabo.
 
Alicia Montesdeoca

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Viernes, 23 de Febrero 2018
Lo sensible como motor. flickr.com
Lo sensible como motor. flickr.com
Se  habla de racionalizar, de usar la racionalidad, de que la razón ha de ser la base de nuestras decisiones, y no se cae en la cuenta que la racionalidad, por sí sola, es un factor de discriminación, de elección del camino más lineal, de justificación de las carencias que las mismas elecciones “racionales” crean.

Pretender que somos humanos porque somos racionales es olvidar las historias de la sinrazón. Unas historias que se cimentan en el rechazo, el olvido de los más débiles, el abandono de lo sensible, la búsqueda o el ejercicio de la fuerza para imponerse a los demás, el absolutismo para reconocer privilegios para unos pocos, abusando de las capacidades de los muchos para obtener beneficios sobre ellas.

La racionalidad tiene su espacio ocupado por la mente, por el ego que, como señores invisibles, tratan de poseer y de reinar en el mundo del espíritu para instrumentalizar la materia hasta consumirla y destruirla, sin permitir que alcance la dignidad a la que está destinada.

Mientras el mundo sea gobernado tan solo por la racionalidad desvinculadora, aisladora, no relacional, lineal; mientras no se busque trascender la razón, estaremos atrapados en el pensamiento repetitivo, buscando justificar nuestros primarios deseos y manteniendo el abismo entre lo que somos y la consciencia que se abre a las experiencias transcendentes, a las que nos hemos de dirigir desde lo sensible.
 
Alicia Montesdeoca

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Viernes, 9 de Febrero 2018
Pxhere
Pxhere
 
El conjunto de los seres humanos integra una sola especie de la que está por descubrirse qué es y qué lugar ocupa, en la evolución del universo, como individuos –todos diferentes y únicos- y como conjunto. Ante tan inmenso reto, lo primero que se pone de manifiesto es que todos dependemos de todos para llegar a ese conocimiento. Esta consciencia de complementariedad, absoluta e imprescindible, sólo la adquirimos cuando por necesidades concretas nos unimos a otros, que nos complementan, en la superación de retos.
 
Por ello, lo que somos no empieza y acaba  en los límites de una forma: la melodía que se configura poco a poco, cuando nos relacionamos, se construye con la nota que cada uno representa. Pasar del sonido individual al de la armonía del conjunto requiere de muchos ensayos y de muchos intentos. Los primeros pasos no nos hacen orquesta.  Los múltiples, o incontables intentos aseguran uno a uno, paso a paso, el que, algún día, podamos alcanzar a percibir la melodía del universo.
 
Porque la vida humana la configura el permanente intento por alcanzar utopías, sean individual o colectivamente. En su ADN, la especie porta una información que tercamente trata de emerger, demandándole nuevos horizontes, que requieren, asimismo, del desarrollo de nuevas facultades, en busca de no se sabe qué. Lo especial, de este instinto indagador, es que su carácter requiere de una capacidad por afinar los instrumentos, las herramientas de las que están dotados las mujeres y los hombres todos. Éstas, asimismo, se construyen en la medida en que se va materializado cada intento que, a su vez, va ampliando y enriqueciendo la materia, la sustancia, de la que está hecha el conocimiento o la información que se persigue.
 
Como resultado, la percepción de que no hay límites para el sentir ni para el conocer. A esto llamamos expansión de conciencia y parece ser que es la cualidad que porta lo que llamamos Universo. “Dios” – lo que quiera que represente este concepto- parece que no es atrapable en ningún conocimiento humano, por muy complejo que este sea.
 
Alicia Montesdeoca

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Viernes, 12 de Enero 2018

Sólo nuestro corazón es consciente de ello


pxhere.com
pxhere.com
 

Percibir el universo fragmentado tiene como consecuencia no comprender lo real, es ajustar los acontecimientos a una visión que oculta en vez de destapar.
 
La realidad se manifiesta desnudamente, es la observadora o el observador quien desconoce y quien niega su plena manifestación a causa de la fragmentación que hace su mirada. No vemos porque miramos desde ángulos más o menos estrechos, aislando nuestro entorno de las interrelaciones de las distintas dimensiones de lo manifestado y de lo oculto.
 
Lo infinito no es una línea que se percibe en el horizonte, es una relación multidimensional, de lo denso que tiende a lo sutil y de lo sutil que tiende a lo denso. Esta danza eterna permite el surgimiento de infinitas realidades que se sostienen unas a otras, danzando en armonía para constituir lo que se manifiesta y lo que queda oculto. Todo sucede en el más absoluto silencio y en la más absoluta voluntad de anonimato.
 
Hablamos de procesos pero es también una manera de explicar que todo está en permanente movimiento, del que sólo somos capaces de captar lo que cabe en un instante fotográfico, lo que se materializa en formas; las cuales, siguiendo el movimiento, se van transformando a sí mismas hasta generar nuevas manifestaciones. En este juego de las formas surge la percepción de que cada acontecimiento se produce en un espacio-tiempo entre una forma y la otra.
 
Como consecuencia, nos quedamos con lo que podemos captar y esas imágenes, asumidas como realidades, son, precisamente, las que nos ocultan la eternidad.
 
Alicia Montesdeoca

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Sábado, 16 de Diciembre 2017
pixabay.com
pixabay.com


El proceso de envejecimiento del cuerpo es un movimiento natural que anuncia, más que la muerte física, la culminación de una experiencia regida por una voluntad interior, una voluntad espiritual.
 
El cuerpo no envejece porque se le haya agotado la vida, ésta continúa, sino porque el servicio que presta se adentra ahora en una función distinta, para la cual ya no necesita la vitalidad de la juventud. De esta manera, con el envejecimiento, el ser humano puede recrearse en la experiencia vivida y en la nueva etapa que se le anuncia.
 
Es el tiempo de la contemplación, del silencio, del vacío pleno, del desprendimiento consciente y de lo que con ello se obtiene, del agradecimiento, del discernimiento. Tiempo para recoger  con amor y alegría los frutos, medidos en ratios de conciencia.

Todo está bien, todo tiene sentido: el aprendizaje en este espacio y en este tiempo, con sus muchas circunstancias y retos, ha valido la pena. Todo sonríe porque el despertar del sueño humano está más cercano.
 
Alicia Montesdeoca


Editado por
Alicia Montesdeoca
Montesdeoca Rivero Alicia
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21.



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