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Blog de Tendencias21 sobre las implicaciones sociales del avance tecnocientífico.


Búsqueda

Los constantes avances médicos están transformando las relaciones en el ámbito sanitario. En ocasiones los pacientes o los cuidadores logran obtener un mayor conocimiento que el de algunos profesionales. Ello puede traer consigo transformaciones que convendría estudiar. Las redes sociales son uno de los entornos que han generado un mayor "empoderamiento" en los pacientes.


Cambios en la relación entre los médicos y los pacientes
Arcélio Benetoli investigador de la Universidad de Sydney y sus colaboradores han publicado recientemente en la revista Patient Education and Counseling un artículo sobre el uso de los medios de comunicación sociales por parte de los pacientes. En dicho texto han podido comprobar que los participantes en la investigación no emplean las redes sociales para interactuar con los profesionales de la salud. Además, ni siquiera comienzan a usar estas redes sociales con la pretensión o intención de hacerlo. Lo que más interesa a las personas que emplean las redes sociales (bien para informarse, bien para aumentar su conocimiento sobre temática relacionada con la salud) es poder compartir esperanzas, actividades cotidianas y conocimiento con sus pares.

Las conclusiones de este trabajo muestran que la relación entre los usuarios y los profesionales de la salud mejoraba. Ello era debido a un mayor conocimiento, una mejora en la comunicación y un mayor empoderamiento. De hecho, las personas suelen informarse y utilizar la información adquirida para contrastarla. Ello está generando, según los participantes en la investigación, una transformación de la consulta médica y ha traído consigo una mayor implicación de los pacientes en el proceso.

El problema que sobrevuela a este tipo de procesos de información proviene de la fiabilidad de las fuentes y del efecto psicológico que estas actuaciones puedan generar en los profesionales de la salud. Esta idea se analiza también en el trabajo y, aunque algunos participantes han mencionado el apoyo recibido por parte de los profesionales de la salud. la mayoría ha percibido oposición en el ámbito sanitario.

Como acabamos de indicar esta oposición puede ser positiva o negativa. Es decir, los profesionales de la salud pueden tener la intención de reducir las consecuencias negativas de la potencial desinformación a la que se vean sometidos los pacientes. No obstante, también puede darse el caso que opere un fenómeno de cuestionamiento en las mentes de los profesionales de la salud.

Me pregunto si una posible solución a esto podría estar en la generación de una red social de salud con asesoramiento especializado.
Domingo, 25 de Noviembre 2018
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Actualidad

La sociología molecular es una línea de investigación reciente sobre la que están trabajando algunos investigadores, especialmente el profesor Wolfgang Baumeister y centra su interés en las relaciones de comunicación que se establecen a nivel celular y molecular.


Imagen del profesor Baumeister. Fuente: Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia. https://www.mpg.de/de
Imagen del profesor Baumeister. Fuente: Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia. https://www.mpg.de/de
El profesor Wolfgang Baumeister, del Instituto Max Planck de bioquímica, es una de las mayores autoridades en investigación sobre estructuras celulares y sobre los procesos comunicacionales que se producen en ellas. De hecho, el grupo de investigación de Baumeister desarrolló el método denominado "tomografía crioelectrónica". Con él se permite, a los investigadores, visualizar estructuras macromoleculares en un estado funcional y casi nativo en células congeladas hidratadas. A partir de ahí este científico desarrolló la idea de la "sociología molecular" de la célula.

Las células como todo ser vivo nace, crece, se reproduce y muere. En este ciclo necesita relacionarse con otras células y con su entorno. El proceso de adaptación celular implica que la célula necesita llevar a cabo una serie de procesos para que sus relaciones sociales se puedan mantener. En este sentido las membranas celulares, los canales iónicos, el proteosoma, etcétera son algunos de las estructuras fundamentales para este proceso. Las ideas de Baumeister todavía están sociológicamente poco desarrolladas, por lo que sería necesario ahondar más.

Considerar que la célula es una estructura social puede resultar enormemente chocante para las personas de ciencias sociales. Ahora, posiblemente todos aquellos que tienen conocimientos biológicos estarán de acuerdo que existen ciertos aspectos sociales en los diferentes elementos biológicos (aunque no podamos hablar de una sociedad estrictamente). Estos elementos de partida podrían permitir que comiencen a trabajar juntos sociológicos, biólogos, médicos y otros científicos de áreas supuestamente alejadas.
Martes, 20 de Noviembre 2018
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Investigación

La consideración de la sangre como elemento generador de calor


La sangre es un elemento misterioso, vinculado históricamente a lo negativo (i.e. menstruación) generó la idea de que era necesario sangrar a las personas para que éstas pudieran ser depuradas. La idea, expuesta ya por Hipócrates, provenía de la consideración del cuerpo (simplificándolo mucho) como una especie de parénquima en el cual la sangre se distribuía en función de las necesidades. El problema era que en ocasiones la sangre se acumulaba en alguna zona del organismo, lo cual podría ser perjudicial.

La sangre estaba estrechamente relacionada con la parte espiritual del ser humano, por ello gracias a estos sangrados se purificaba el organismo y el espíritu. Recordemos que las mujeres, al ser históricamente consideradas más impuras que los varones, debían eliminar periódicamente -según la creencia antigua- las impurezas que se generaban en su interior.
Viernes, 6 de Julio 2018
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Bitácora

El mundo microscópico es fascinante y enigmático. Ahora, su conocimiento precisa sosiego, tranquilidad y enormes dosis de paciencia.


Fuente: Pixabay.
Fuente: Pixabay.
No recuerdo bien la época del año, ni siquiera me acuerdo cuando sucedió. Tampoco si había alguien más. Sólo soy capaz de recordarla a ella, y al instituto de investigación donde me citó. Nos encontramos en la puerta y amablemente me dirigió a una sala no muy grande que estaba en la planta baja. Al descender sorprende la poca luz y ver a personas solitarias trabajando en pequeños cubículos. En aquella sala había, a la derecha, unas placas de madera de corredera que parecían que daban a una especie de armario o almacén. Desplazó esas puertas y allí estaba.

Contemplé una torre que me pareció enorme, inmensa. Una columna de color ocre, metálica, limpia. La pequeña sala sólo contenía una silla negra y ese extraño instrumento. Estaba repleto de botones y tenía dos objetivos. Supuse, entonces, que era un microscopio. También se podía ver, inserto en toda esta estructura extraña y futurista, un computador. Recordé esas películas distópicas que tanto me gustan.

No quería parecer un ignorante ante ella, así que intenté hacer una pregunta que mostrara cierto conocimiento. ¿Qué tipo de microscopio es éste?, preguntó con firmeza. Un microscopio electrónico de transmisión, me respondió. Entonces volví a revisar todo ese gran artefacto. Parecía que, ahora que conocía su nombre, podría entender mejor sus entresijos. Inmediatamente pensé, de manera ilusa e inocente, que con él uno podría conocer la totalidad del mundo e incluso llegar a entender todos los seres vivos.

Con gran curiosidad seguí preguntando. Me interesaba conocer para qué lo utilizaba en sus investigaciones. Me dijo que intentaba observar y comprender la estructura de un microorganismo. La respuesta me dejó un poco frío. ¡Claro!, exclamé. Introduces a ese organismo en este microscopio y ya está, ya eres capaz de verlo, añadí. Ella sonrió con dulzura y comprensión. ¡No, hombre!

Me explicó que algo que puede parecer sencillo, no lo es tanto. De hecho, agregó, cuando en las series, películas o en la tele se enseña algo relacionado con los microscopios, parece que con ellos se puede entender todo el universo e incluso toda la vida. Noté como me ruborizaba un tanto avergonzado.

Con calma fue detallando, con grandes dotes didácticas, que los microscopios electrónicos, en general, permiten ver estructuras muy pequeñas. Pero sólo se pueden ver pequeñas partes de seres vivos o de cualquier estructura. Posteriormente me indicó cómo se debía trabajar para poder contemplar alguna estructura de ese pequeño bicho.

Antes de nada se debía tener, en una pequeña solución, un conjunto de esos organismos. De ahí se extraía una cantidad que tenía que ser incluida en un tipo de resinas. Gracias a eso era posible obtener unos bloques que, posteriormente, se cortarían en porciones finas. Estos eran revisados, concienzudamente, en un microscopio óptico. Cuando se consideraba que algunos de estos bloques eran adecuados se iniciaba el minucioso proceso del corte ultrafino, los presuntos futuros candidatos a mostrar la ansiada búsqueda, y por tanto, el éxito. Estos cortes eran los que, finalmente, se introducía en dicho microscopio.

Luego esos cortes los observas al microscopio y ya lo puedes ver todo, afirmé.

No, dijo. Es necesario revisar multitud de cortes. El trabajo es muy lento, aseveró con rotundidad y mostrando cierta resignación. En ocasiones, el bloque es defectuoso. Entonces debo volver a montar otro bloque de resina. En otros casos, aunque éste puede estar bien, no es posible detectar estructuras nuevas. El bicho no nos muestra su lado bueno para la foto. ¡Es muy pesado!, exclamó. De hecho, creo que este organismo utiliza unas estructuras para comer que todavía no se han podido comprobar que existan.

Catorce meses después, me cuenta por teléfono y con gran ilusión, que ya ha logrado obtener una imagen de lo que quería. La prestigiosa revista internacional que publicará su artículo, la va a poner en la portada.
Miércoles, 30 de Agosto 2017
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Bitácora

La ciencia la mantiene viva. Silente, tendida y viva.


El nudo gordiano
La casa es grande y húmeda. En la planta de arriba está su habitación. Desde allí puede ver parte de una bocarribera del Monte Segade. Le encanta observar, a través de la ventana, el movimiento de las ramas de los árboles. En esta casa vive con su hijo desde hace años. Es mayor y ya está muy desgastada.

Los años han ido haciendo su trabajo. El paso del tiempo la ha postrado en cama. Su cuerpo y su mente se han divorciado, tanto que el primero no responde a las órdenes que le envía el cerebro. Ello la obliga a estar allí. Su hijo se ocupa de asearla, de las medicinas y de la comida. Desde su cama escucha a las visitas familiares, el correteo de los niños, el aire que entra por la ventana. Escucha sin oír. Oye sin ver.

Los médicos han dicho que su mielina está dañada, aunque desconocen la causa. Un virus, un problema genético o ambos. Ese demiurgo que con no poco sarcasmo se ha dedicado a reordenar su vida se mantiene oculto. De cualquier modo, lo relevante es que la información no es conducida correctamente por su sistema nervioso. Los espasmos, el dolor y el entumecimiento se ocuparon de lo demás.

Su lecho es un nudo gordiano construido con fármacos.

El techo de la habitación parece que necesita ser pintado. En la esquina que da a la casa de los de Fuentes parece que ha salido humedad. Una píldora. En la otra esquina, una araña teje una tela desde que ella era pequeña. Siempre la recuerda allí. “El nuevo” ha puesto esa música que tanto le gusta. Suena bien… El baile en el que conoció a Alfonso… La boda… Alberto… Un pájaro marrón se acerca a la ventana. Es el momento del oxígeno y otra píldora. Alfonso habla y sonríe.

En el salón, tras diez años viviendo así, Alberto está desesperado y no sabe qué hacer. Por suerte, gracias a los avances en medicina y farmacología ella puede seguir así: muda, sola, quieta, silenciosa…

Viva.
Martes, 22 de Agosto 2017
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Bitácora

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Perfil
Juan R. Coca
Juan R. Coca
JUAN R. COCA Profesor Contratado Doctor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid (España). Director de la revista Sociología y tecnociencia, así como co-director de la revista Cómaros. Actualmente es director de la Unidad de Investigación Social y Enfermedades Raras de la Universidad de Valladolid.







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