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TRABAJO Y EMPLEO

Bitácora

20/05/2008


Entre la interesante producción de estudios y artículos que aparecen en Argentina en temas de teletrabajo, o relacionados con él -a algunas de cuyas manifestaciones nos hemos referido con anterioridad-, llega hoy a mis manos, gentilmente dedicado por su coautora, el libro de cuyo título hemos tomado el de nuestro artículo de hoy. Son sus autores Susana Finquelievich y Alejandro Prince, que se basan en el estudio de campo realizado por Prince & Cooke y contribuyen a incrementar la literatura sobre el impacto de Internet en nuestras sociedades, estudios que se identifican muchas veces con los de la sociedad de la información en general.

Hoy, los cibercafés ocupan un lugar ya consolidado en lo que pudiéramos llamar “el paisaje urbano”, aunque donde más cumplen con su papel sea en lugares remotos y pequeñas aldeas de países en vías de desarrollo, donde es más difícil la obtención y costeo de los equipamientos necesarios. Como es bien sabido, los cibercafés nacieron en 1994 en Londres y su primer "boom" a nivel mundial data de los años 1995 y 1996.

Localizados primero en países desarrollados, se fueron extendiendo a los países en vías de desarrollo, donde se han multiplicado en la última década, al tiempo que en los primeros descendía comparativamente su utilización, al tener más posibilidad las personas de acceder a las redes con ordenadores y líneas propios. Porque en los cibercafés no se compra tecnología, sino tiempo, y son muchas las personas que, disponiendo incluso de medios propios, acuden a los cibercafés cuando se encuentran de viaje y no quieren cargar con sus ordenadores portátiles, o incluso por personas que no desean conectarse a Internet desde sus ordenadores por cuestiones de seguridad, coste u otras razones.

El libro que comentamos se ocupa del fenómeno de los cibercafés de un modo exhaustivo, bien que referido en lo fundamental al estudio de campo mencionado y realizado en Argentina. Como dice Bernardo Sorj, en el prólogo, “una de las contribuciones centrales de este libro es subrayar el papel que los cibercafés privados pasaron a ocupar como principal punto de acceso a Internet para los sectores más pobres de la población”. Y comenta que los cibercafés son para Internet lo que los teléfonos públicos fueron para la telefonía fija. La diferencia es que los cibercafés surgieron sin regulación específica del Estado, como oportunidad de negocio.

Una de las aportaciones más importantes de los autores es el estudio de la importancia que pueden tener los cibercafés como centros de convivencia, de capacitación para la utilización de las tecnologías o como mini centros comunitarios. Se trata de un espacio de sociabilidad que posibilita el acceso a sectores que no pueden asumir los costes de un computador y una conexión de banda ancha.

Uno de los datos que sorprende en el estudio es la comprobación de que los cibercafés han superado a la escuela, al hogar y al lugar de trabajo a la hora de iniciar en la informática a los jóvenes más necesitados: "el número de personas que aprendió pragmáticamente el uso de internet en los cibercafés... es superior al de quienes se instruyeron en sus hogares y supera largamente a los que aprendieron en sus lugares de trabajo, dejando en un lejano cuarto lugar a las instituciones educativas”.

En cuanto al papel que puedan jugar los cibercafés en la reducción de la brecha digital -un tema recurrente también en estos comentarios-, afirman los autores: "si bien los datos presentados no indican que Internet disminuye las desigualdades previas, sí demuestran que aproximan, por lo menos potencialmente, a sectores pobres de la población a un universo de información al que difícilmente tendrían acceso por medios tradicionales”.

En Iberoamérica, los cibercafés ocupan el primer lugar de acceso a Internet en numerosos países. Desde nuestro punto de vista, es interesante contemplarlos como lugares desde los que muchas personas teletrabajan y también como ejemplos de microemprendimientos, de cómo la iniciativa de pequeños emprendedores puede suplir la falta de recursos puestos a disposición de los ciudadanos por los gobiernos. De todas formas, el negocio de los cibercafés no es fácil, fundamentalmente porque la velocidad a la que evoluciona la tecnología obliga a una inversión continua en equipos que no todos los microempresarios están en condiciones de afrontar.

Diremos, para terminar, al tiempo que felicitamos a los autores, que los lectores interesados pueden descargarse el libro.

Francisco Ortiz Chaparro


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