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TRABAJO Y EMPLEO

Bitácora

24/03/2009

Consecuencias para el trabajador

De la somera exposición que venimos de hacer se infiere cómo los distintos procesos de cambio que se producen en las estructuras, las instituciones, la sociedad y las personas confluyen en un punto en que el trabajador se encuentra con que las condiciones en las que se asentaba su participación en la vida económica y social cambian profundamente. Y no pueden cambiar estas condiciones sin que cambie la persona. El trabajador se enfrenta a condiciones mejores en su práctica laboral, pero que tienen sus contrapartidas en forma de cambios en el proceso de socialización, en cambios en su curriculum y en forma de mayores exigencias que, muy resumidas, son:

- Competencia profesional: un trabajador que no puede confiar ya en un trabajo de por vida, que se ve obligado a cambiar de empresa casi continuamente, tiene que ser, ante todo, “empleable”. Y para ello tiene que poseer una sólida formación profesional de base y comprometerse vitalmente en un proceso de formación y adaptación permanente. Sus competidores son otros trabajadores cuya competencia –en la era de las redes- no conoce fronteras (salvo la del idioma. Aquí no puede obviarse la consideración de que se impone la lingua franca del inglés).

- Competencia tecnológica: si las herramientas de trabajo son informáticas y si el mundo laboral se comunica a través de las redes telemáticas, debe de dominar tanto las herramientas como las redes. Y dada la rapidez con que evolucionan tanto las herramientas como los canales de comunicación, esa competencia tecnológica tiene que ser continua: hay que conocer (y comprar) lo último y dominarlo.

- Competencia social: denominamos así aquí a la capacidad de relación “a través de las redes de comunicación”. Si el mercado (y la competición) es universal, las relaciones tienen que ser universales. El trabajador tiene que ser, al mismo tiempo, su propio agente de publicidad. Tienen que hacer su propio mercadeo. Y tiene que introducirse en las técnicas y prácticas del cabildeo.

- Espíritu emprendedor: fundamental para todo lo anterior, si trabaja para otros, y más aún si decide emprender su propia empresa.

- Cambio de mentalidad: pasar de una situación como la actual y la que ha visto “en casa” de trabajar para una empresa de por vida a esta nueva situación no es fácil. Se necesita cierta fortaleza síquica para “aguantar” a un jefe o a un ambiente empresarial, pero se necesita mucha más cuando se marcha en solitario –y, a veces, en el caso de muchos teletrabajadores, en soledad-. Cambio de mentalidad que no queda limitado al teletrabajador, pues se ha de extender a la familia, cuya vida cambia cuando el trabajador permanece en el hogar todo el día en lugar de ir a un centro de trabajo.

No es fácil, repetimos. Sobre todo para los primeros teletrabajadores que actualmente hacen de pioneros en sus empresas y países. Las razones para que el teletrabajo se convierta en una situación normal son poderosas, como hemos visto. Pero sabemos que, según el principio de acción y reacción, a toda fuerza se tiende a oponer otra igual y de sentido contrario. Y esta fuerza de sentido contrario está alimentada por la desconfianza, la rutina, el temor, la indolencia... A pesar de todo, la historia marcha, por definición, hacia delante. Y las contrapartidas merecen la pena.

Francisco Ortiz Chaparro


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