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TRABAJO Y EMPLEO

El esquema de base del trabajo por cuenta ajena moderno es un contrato social implícito, mediante el cual empleador y empleado cambian seguridad por fidelidad. La persona está ligada a su trabajo y se integra en la sociedad a través del mismo. De él obtiene su subsistencia -y la de su familia- y su estatus.

Este contrato social implícito sigue vigente en la mayoría de los ámbitos laborales, pero empieza a resquebrajarse en las últimas décadas del siglo XX. La economía se globaliza. Los mercados, incluido el de trabajo, tienden a unificarse.

Obligadas por la competencia, las empresas se plantean reducir costes de producción (lean production), tamaño (downsizing), incluido número de trabajadores. Aprovechando las nuevas facilidades de las redes telemáticas, se crean y se deshacen equipos, de acuerdo con las necesidades del momento, se externalizan tareas (outsourcing), y se somete al trabajo de cuello blanco al mismo proceso que sufrió en su día el de cuello azul.

Empresa virtual

La culminación de esta evolución es la llamada empresa virtual, sin sedes empresariales físicas y sin personal fijo, o muy escaso. En este escenario, el trabajador ya no va al trabajo, sino el trabajo al trabajador. Se limita, pues, la movilidad geográfica y cambian las reglas de la movilidad social, al suprimirse o variar radicalmente las bases sobre las que se construyen las carreras profesionales.

El trabajador tiene que evolucionar también para responder a este proceso. Se ve obligado a reconvertirse, a adaptarse a las exigencias crecientes de formación para aspirar a ocupar puestos que exigen un mayor grado de conocimiento, a medida que la automatización va ocupando los que desempeñaba.

Un proceso que se había dado en la industria y que se trasladó al sector servicios con el nacimiento y la generalización del ordenador personal. Este ordenador es al trabajo de oficina lo que el bulldozer a las herramientas manuales en la sociedad agrícola y el robot en la industrial. El camino obligado es la preparación intensa y continua, de por vida.

En el aspecto social, el abandono del empleo de por vida. Se hace obligada la especialización, la competencia profesional, el rendimiento, el valor añadido, la aportación de algo original y valioso. El profesional se ve obligado a convertirse en una empresa personal. La unidad de base de la economía industrial era la empresa. Hoy, la unidad de base tiende a ser el individuo.

YO S.L.

Es el mundo de la marca personal o de la marca llamada YO, S.L. (Tom Peters). El individuo está prestado a la empresa por un cierto tiempo y mañana se puede prestar a otra, pero sigue siendo el dueño de su marca. La fidelidad de por vida a un solo empleador es cada vez más extraña, al igual (y como contrapartida) que la seguridad que ofrecía este.

Los jóvenes que se integran al trabajo tienen aspiraciones distintas a las de sus padres: no están dispuestos a trabajar para una sola empresa, de por vida; aspiran a ser más libres, a conciliar vida familiar, o de ocio, y vida laboral, y los competentes tienen por mercado a todo el mundo.

Es en este mundo sociolaboral donde intervienen las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), propiciándolo y modificando radicalmente el esquema histórico.

Con ellas nace el teletrabajo que, al modificar el ámbito laboral, base de localización geográfica y de inserción social, genera un mundo totalmente nuevo. Se pasa de la persona uncida a la tierra, a la fábrica o al "cubículo", a la persona plenamente móvil.

Francisco Ortiz Chaparro


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