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TRABAJO Y EMPLEO

Bitácora

06/03/2008

En el artículo primero de esta serie que pretendemos continuar, por su gran interés social (esencial en un blog sobre “Trabajo y empleo”), se aludía a una publicación reciente cuya referencia quedó excluida de la impresión del artículo, por uno de esos duendes que antes se decía “de la imprenta” y que ahora no sabemos donde se ocultarán, dada la intermediación en casi todo texto publicado en Internet de multitud de programas de software, cada uno con sus problemas recíprocos o genéricos de incompatibilidad. Bien, incluiremos la referencia en el texto y olvidémonos de las notas a pies de página. El documento en cuestión es: UNITED NATIONS, Information Economy Report 2007-2008, y el capítulo que estamos glosando es el 7: Promoting livelihood through telecentres.

Decíamos que quizás el primer inconveniente que se señala, cara a la utilización de los telecentros para mejorar la vida de quienes se encuentran en las bases de la pirámide social, es la ausencia de una fórmula reconocida y aceptada para rentabilizar el esfuerzo que realizan sus promotores: gobiernos, organismos multilaterales, ONGs, etc.

Esto representa un aspecto bastante negativo por cuanto, como ya poníamos de relieve en el capítulo dedicado hace unos meses a los telecentros en Iberoamérica, el Banco Interamericano de Desarrollo se estaba planteando seriamente no proseguir con la financiación de este tipo de actividades, dado que los resultados no estaban siendo los pretendidos y esperados.

El estudio que ahora glosamos abunda en ello y señala otros inconvenientes de que daremos cuenta, al tiempo que de los beneficios comprobados, que son los que permiten continuar con la actividad y tratar de perfeccionarla.

Uno de estos beneficios es el continuo descenso de todo tipo de costes relacionados con las Tecnologías de la Información y la Telecomunicación (TICs), lo que ha permitido utilizarlas de forma innovadora en muchos programas de reducción de la pobreza en todo el mundo. Programas de aplicación a la rentabilidad de las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, programas para la extensión de la educación, para la mejora de las condiciones y las prestaciones en el campo de la salud…

Muchísimos millones de personas se están ya beneficiando de ellos en los países en vías de desarrollo, en los que se constatan continuos descensos de los niveles de pobreza, aunque no al ritmo que todos quisiéramos. Porque, como se dice en el mencionado texto: “Hasta el momento, el impacto de las estrategias y programas basados en TICs para proporcionar oportunidades económicas a las personas que viven en la pobreza, ha sido limitado. Los intentos de proporcionar amplio acceso a las TICs, incluidos la creación de espacios (telecentros) y programas para desarrollar las capacitaciones en TICs no han sido suficientes”.

El mismo informe que glosamos, en su edición de 2006, ya había señalado 12 conceptos (denominados los 12 Cs, por la letra inicial común a todos ellos en inglés) que deberían considerar todos los programas y políticas de TICs dirigidos a reducir la pobreza. Son esos conceptos: conectividad (la posibilidad de acceso a las TICs por razones de infraestructuras y equipos disponibles, por el coste de dicha accesibilidad y por los conocimientos necesarios para acceder y utilizarlas), contenido, comunidad, comercio, capacidad, cultura, cooperación, capital, contexto, continuidad, control y coherencia.

Nos ocuparemos de estos conceptos en capítulos sucesivos.

Francisco Ortiz Chaparro


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