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VALENTINOS: Víktor Gómez

REFLEXIONES SOBRE LA ESCRITURA POÉTICA (i)


Martes, 19 de Noviembre 2013| Leído 526 veces | 0 Comentario(s)

Tras las dos primeras lecturas públicas del libro POBREZA, en Sevilla y Valencia, reflexiones en torno al hecho de escribir, las relaciones entre poesía y mundo, entre poesía y yo, entre poesía y presente histórico.


REFLEXIONES SOBRE LA ESCRITURA POÉTICA (i)
Me preguntan por el silencio por las cesuras por la incomprensibilidad inmediata por lo quebrado el balbuceo la difícil dicción lo hermético lo balbuciente la obstruida comunicación la lentitud en la lectura el destrozar la sintaxis el no respetar la ortografía me preguntan por esos silencios largos en mi escritura y en su oralidad arrítmica y poco empática para algunas personas… ¿qué es un buen poema? E insisten –a veces un buen poema lo destroza un poeta que lee mal… Vaya, con El Arte hemos topado, Sancho…

Pobreza. Así se llama este librito que voy a tratar de compartir con los que tengan tiempo y ganas. Para disentir y para releer. Pobreza. Modos de ver no hegemónicos. Y de distanciarse de la concepción de Arte como un paradigma del orden establecido dentro de una cultura oligárquica y totalitarista, que excluye los valores democráticos y libertarios de pensar por uno mismo y expresarse. Hay en el Arte una suerte de religiosidad del Absoluto, entendiendo que lo Sublime y raro del objeto es lo que debe ser inalcanzable por carísimo, por excluyente. Relegamos la Excelencia a muy pocos objetos y artistas, y estos quedan sólo accesibles al Poder Económico e Ideológico de una Élite tan despegada de la sociedad y sus problemáticas como lo está la poesía de esos centros de poder. Para los usos mercantilistas y de dogmatización del Arte como justificación del canon que replica y respalda las políticas de desigualdad social y empobrecimiento de grandes masas sociales a favor de unos pocos enriquecidos, hay ciertas prácticas literarias, artísticas y poéticas que son sencillamente “inútiles”, “pobres”. Si a eso sumamos, ahora sigo hablando en primera persona, que en mi vida he sido educado e instruido para obedecer esos principios, y que por más que me pese y luche contra ello sigo teniendo debilidades, pobrezas, faltas, miserias, egocentrismos, soberbias, mezquindades y ruinas, desde las que hago más fuerte al sistema capitalista que aborrezco, si cuento que mi pobreza es parte de la paradoja de mi existencia, y si soy capaz de exponerla, sacarme las vísceras calientes del vientre y sobre la mesa analizarlas, pues ya tenemos dos posibles causas de mi poesía, de mi presencia hoy aquí.

Una, aborrezco el capitalismo y todo arte que lo justifique o secunde. Dos, necesito desaprender su doctrina, despresentarme de sus señores, re-pensar y re-activar mi tiempo y persona para salir de esa pobreza tan hondamente instaurada en la biografía del presente colectivo e íntimo en el que me toca vivir. Ni inocencia ni culpabilidad, pobreza es lo que me atenaza y constituye, por donde quiero salir de mi, por donde me encuentro y comunico con el mundo errático. Pobreza, ese es el trasunto del paradigma social vigente. Un arte que lo mantiene como mejor mundo posible es un arte indigno del ser humano.  Para salir de la pobreza habrá que empobrecerse un poco material y ególatramente. Y compartir. Y aligerar peso, chatarra. Y andar por la nieve, atravesar el invierno de la historia, desplazarse del frío a lo comunitario. Hallar el lugar donde poesía y vida se igualen. Donde vidas y vidas se igualen. Sin Dioses, Reyes ni Amos. Donde la nieve y la chatarra sean abolidas por la caligrafía de la compasión y el misterio de la belleza que emana toda justicia horizontal.





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