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VALENTINOS: Víktor Gómez

Reseña a Con todos los verbos, de Balbina Jiménez


Jueves, 21 de Diciembre 2017| Leído 5184 veces | 0 Comentario(s)

Con todos los nombres (Huerga & Fierro, 2017), poesía, autora Balbina Jiménez (Valencia, 1972). La autora dice del libro: "... Obedece y desobedece... La que expresa es la mujer que soy cuando escribe, que no suele ser la misma que la de la vida... No es una novela. No tiene un orden. No lo he querido. Quiero este libro hecho para el desorden, no existe moralina... Quisiera soñar... Con todas las voces y junto a ellas, fui."


Reseña a Con todos los verbos, de Balbina Jiménez

En la índole constructiva y bajo la batuta de una música improvisada sólo a medias la acción de ”Con todos los verbos” nos sitúa inmediatamente en lo post moderno, en la complejidad de la vida como mecanismo orgánico y cuya suma de sus partes es menor que la totalidad del ser, del ser mujer en este caso. Mujer en la intrahistoria, que se reinventa desde la compasión y el coraje, desde la lucidez y la pasión, en un presente convulso, contradictorio, con pequeños y grandes escollos, tribulaciones, gozos y destellos. También lo votivo es protagonista.

La poesía también es un organismo complejo, no vale un análisis de las partes tanto como un observar atentamente y comprender las interrelaciones de las mismas. Relaciones no lineales entre un yo lírico y todos los que le rodean y articulan pues sus acciones (“todos los verbos”).

Balbina Jiménez nos reta a una escucha minuciosa y de conjuntos, donde cada acción tiene su contrapeso, cada detalle, su sombra, cada audacia su horizonte. Y es la palabra “todo” lo que nos tiene que centrar en el modo de asimilar esta complejidad que se llama vida digna, vida alzada sobre los escombros de una ahoridad materialista, egocéntrica, simplificadora y tergiversadora de lo real en mil fracciones de realidad adulterada, deshumanizada, inútil. 


Reseña a Con todos los verbos, de Balbina Jiménez

Balbina Jiménez nos reta a una escucha minuciosa y de conjuntos, donde cada acción tiene su contrapeso, cada detalle, su sombra, cada audacia su horizonte. Y es la palabra “todo” lo que nos tiene que centrar en el modo de asimilar esta complejidad que se llama vida digna, vida alzada sobre los escombros de una ahoridad materialista, egocéntrica, simplificadora y tergiversadora de lo real en mil fracciones de realidad adulterada, deshumanizada, inútil.

¿Qué mueve a una mujer, madre e hija, amante, amiga, en el Mediodía de su existencia a renacer, a sobrellevar una antigua tartamudez y dejar que la poesía hablé por ella y nos facilite una visión panorámica y esperanzada de la dura existencia humana?

Si seguimos la lectura con detenimiento, uno pudiera sospechar que todo el amor, vitalidad, insurrección de su palabra de honor viene impulsada por una energía blanca, luminosa, que se cita acá como libertad y que es lo más precisado del ser humano, más aún si es mujer que resiste y que actúa desde la encrucijada del patriarcado y la difusa identidad de lo femenino.

Libertad como motor, libertad que hace de escriba, e incendia los sueños de veracidad y de diurnidad consciente. Libertad que es responsabilidad y amor, es decir, “tu estado alterado de conciencia”. Cuando el yo poético sueña y hace del sueño lo vivible, la pereza se desvanece y el poema cobra el vigor de un cuerpo en marcha.

El todo del libro es como un campo sembrado de semillas. Algunas de estas semillas llevan siglos enterradas y la voz poética las invoca, haciendo que broten Marías de Magdala, renacidas para ya no ser asesinadas ni ninguneadas. Para ser Arbórea y fecunda presencia del devenir-mujer.

No es el lugar de mostrar todas las relaciones vitales que conforman este libro-aventura de vivir, sólo indicar que “Con todos los verbos” apuesta por un lenguaje poético que se apoya en imágenes que van de lo íntimo a lo simbólico, de lo político a lo espiritual, siempre al servicio de la libertad, como ya decíamos. Y para ello hay un discurso narrativo que alterna con lo confesional y a veces con la analogía, sin perder nunca una premeditada legibilidad, lo cual es Bien complicado, a tenor de esa topografía de lo complejo que aborda, sin simplificar, sin vaciar de extrañeza, paradoja, incertidumbres.

Magdalena o Lilith, comparten vigor expresivo y el dolor ”a la esperanza la torturo” con un yo-multitud como el del poema ”Todos los nombres”, y así mismo con para el lector personas anónimas pero igualmente singulares en el libro, por ejemplo el hijo de la poeta, que protagoniza uno de los poemas cenitales del libro, “Los árboles tiritan pero están felices”. 


Los textos tienen muchos de ellos un juego tipográfico para resaltar palabras. No es ornamento, es en el sentido más contundente del término estÉtica. Balbina se propone devolverle a ciertas palabras su valor, su belleza, su hondura, su sabiduría. Porque la herramienta que se maneja es el lenguaje intensificado que llamamos poesía y desde el que el yo poético es capaz de exponer matices, tonos, formas, líneas y sombras, texturas, de eso que dijimos complejo y es necesario observar detenidamente y comprender amorosamente, artísticamente, libertariamente.

En la actualidad hay infinidad de escrituras bajo el epígrafe de poesía. La que define a Balbina es una poesía “tú-yo” al estilo espiritual de Martín Buber, como se ve por ejemplo en el poema que dice: “Dime cómo construir una casa. / Una casa contigo. / Dónde, las vigas. / Dónde, los platos y los vasos. / Los pájaros en qué rama. / Dónde tú. Dónde yo.//” Una poética que emana vida entendida esta como vida en común, comunitaria, hospitalaria. Esa es su manera de ser mujer, de ser humano, de repensar lo cotidiano, de desobediencia civil a las leyes de la avaricia, la violencia del poder y la hipocresía patológica de la sobreabundancia.

Estamos ante un libro que nos recorre la piel de punta a punta, que nos relee lo histórico y lo intrahistórico, se enfrenta a las enfermizas obsesiones y torpezas de nuestro tiempo y apuesta claramente por arder, “arder es vivir” decía José Luis Sampedro, arder para calentar el hogar, un hogar de todos, “Con todos los verbos”.

Se vive en cada poema como realidad los sueños, siguiendo la estela de Shakespeare o Calderón, pero dándoles un impulso ecofeminista de lo más sano y pertinaz, donde no se excluye a nadie, todo lo contrario, donde se tiene la convicción ~y yo con ella~ que nuestro futuro será favorable sólo si se liberan la mujer y el hombre del patriarcado, si están a la altura de sus sueños y fraternidad.

Cito del libro: ”Fui a los bosques, hasta la playa, dejé atrás la colina, el huerto.

Allí nadie conocía mi nombre y todos eran hermanos.”

 

Háganse un favor, lean morosamente ”Con todos los verbos” Huerga & Fierro editores, 2017. Inyección en vena de poesía que cambiará en algo sus vidas, y eso no tiene precio.

P.D.: confieso, lloré en la lectura que asistí en Valencia.

 

Vik gomez, Valencia, a 4 de septiembre de 2017